Entrar en un régimen es complicado. Y más si se trata de dietas de choque. Y cuando hablamos de estilos veganos la situación tiene un grado de dificultad mayor. Las dietas han logrado mejorar la calidad de vida de varias personas. Sólo se necesita un poco de tiempo, una ligera inversión monetaria y un enorme esfuerzo para conseguir la meta que se desea. Se dice fácil, pero la realidad es otra.

Cuando estás en dieta todo cambia. Tus amigos intentan convencerte de que no pasa nada si le entras a la botana, tus familiares hacen comida especial para ti a base de lechuga y te descubres preguntando si hay azúcar en el agua o leyendo las tablas de calorías en las barritas mientras tus amigos cenan tacos. Todo esto con una sola meta: bajar de peso. Suena mágico y hasta inspirador. Pero, seamos honestos, esto tarda varios días y meses. Al principio se obtienen resultados muy rápido y después de un tiempo todo tarda demasiado. Las comidas se vuelven monótonas y aburridas.

calendario de febrero

Calendario para empezar la dieta / Imagen: Cortesía de upload.wikimedia.org

Pero, ¿qué pasa cuando se nos da la oportunidad de evitarnos estos tediosos meses? ¿Qué pasaría si en unos días pudiéramos bajar esos kilos de más? La respuesta a estas preguntas se encuentra encerrada en las denominadas dietas de choque. Un régimen en el que la reducción de peso se da en pocos días. Las opciones son muchas y todas prometen ayudarnos a adelgazar en un periodo muy corto.

Suena perfecto para bodas, graduaciones y compromisos muy próximos y para los que no nos dio tiempo de hacer una dieta en tiempo y forma.

Mi experiencia con las dietas de choque

Yo conocí estas dietas de choque gracias a una amiga. Después de un ensayo (ambos le hacemos en eso de la actuación) comenzamos a platicar sobre las exigencias físicas del teatro y salió a colación la importancia de un cuerpo en forma. Me comentó que en algún momento tuvo que bajar de peso lo más pronto posible para poder quedarse con el papel de una princesa en una obra musical. Y lo logró gracias a una dieta de cinco días.  Me pareció interesante y guardé el dato por si algún día era necesario. Y fue necesario.

Hace poco fui contactado por un director para participar en la realización de un cortometraje. El personaje que se me ofrecía tenía una escena en la que salía sin playera. La verdad llevo un rato sin hacer nada de dieta  y entre tesis, ensayos de otras producciones y mi flojera, no estoy en mi mejor momento. ¿La solución? ¡Una de las mágicas dietas de choque de la que me habían contado!

Manzana, manzana, manzana

Acepté el papel y quede en realizar lectura de guión lo más pronto posible. Me despedí de mis antiguos días de gordura con un fin de semana en el que una carne asada, unos tacos al pastor por la noche y unos cuantos tragos de vodka fueron mis compañeros. En alguna extraña manera me daba emoción empezar cuanto antes la dieta. La cual pude obtener en pocos segundos de internet. La base principal: la manzana.

dietas de choque: la dieta de la manzana, por ejemplo.

Diferentes tipos de manzana / Imagen: Cortesía de armony-spa.com

Me di a la tarea de conseguir la fruta necesaria. 2 kilos de manzana roja para empezar (no es necesario ningún tipo en especial). Disponía con un total de doce piezas para poder sobrevivir a los primeros días de esta dieta. Y comencé.

La odisea

Pensé que el primer día sería el más difícil de todos, pues la dieta establece que durante toda la jornada lo único que se puede consumir son manzanas. En esta dieta sólo hay cuatro comidas: desayuno, almuerzo, merienda y cena.

La mañana comenzó con una pieza para el desayuno. Me creí muy valiente y pese a las especificaciones sobre las manzanas que se requieran yo decidí comer solo una. Preparé una bolsa con otras cuatro para el resto del día y me fui a la escuela. Cerca de las tres de la tarde la dieta empezó a repercutir en mi cuerpo. Las manos me empezaron a hormiguear y un ligero dolor de cabeza me sacudió por unos minutos.

Al saber de mi nuevo sistema de alimentación, mis amigos externaron su preocupación y las repercusiones que éste tendría. Les respondí que sólo serían cinco días y que valdría la pena si lograba perder los siete kilos prometidos. Al llegar a mi casa cené una manzana más y me fui a dormir. Tenía hambre y mis manos temblaban ligeramente. Sólo sería cuestión de irse acostumbrando.

Al segundo día desperté con un dolor de cabeza punzante y un hambre incontrolable. Fui directo a la cocina y comí dos manzanas para el desayuno. El temblor en las manos era un poco más marcado, pero el dolor en el estómago se desvanecía un poco con cada bocado que lograba tragar. Sólo esperaba que llegara el medio día para poder comer la ensalada de ese día. La jaqueca y el mal humor fueron la constante todo el tiempo. A pesar de comer las manzanas necesarias durante la merienda y la cena, mi cuerpo parecía necesitar más alimento. Mareos y náuseas se hicieron presentes. Cada manzana parecía aminorar los daños, pero todos regresaban cada vez más fuertes. Por la noche el apetito era demasiado intenso y la única solución que encontré fue irme a dormir para poder olvidarme del suplicio por el que pasaban mi cabeza y estómago.

giphy

El tercer día fue el peor. Náuseas, migraña, hambre y cansancio fue lo que mi cuerpo registró al despertar. Durante veinte minutos intenté incorporarme para empezar mi día, pero simplemente no podía. Me sentía desorientado y mis brazos parecían no responder. Intentaba incorporarme de la cama y todo era inútil mi cabeza daba vueltas, mis brazos flaqueaban y el dolor en el estómago hacía que me retorciera. Después de unos minutos logré pararme y caminar a la cocina. Necesitaba un bocado. Las dietas de choque me estaban acabando.

El desayuno de ese día consistía en una rebanada de pan integral, dos rebanadas de jamón y todas las manzanas necesarias. Sólo pude comer el pan y una manzana. Guardé la ensalada para el almuerzo y unas cuantas manzanas más. A las once de la mañana el dolor era insoportable. Trate de calmar el estómago con un té y comiendo la ensalada preparada. Por unos minutos estuve bien.

De camino a casa todo empeoraba. El cansancio era extremo y apenas pude caminar a mi cuarto. Me miré en un espejo y sólo vi un rostro demasiado cansado con una palidez un poco preocupante. Parecía que alguien iba a ganar la quiniela. Algunos amigos habían apostado sobre el día en el que me iba a desmayar y casi les doy el gusto. Me tumbé sobre mi cama y leves escalofríos empezaron a sacudir mi cuerpo. Las dietas de choque me estaban…rematando.

Ahí fue cuando decidí terminar con esa tortura. Todos esos malestares para mí no valían la pena. Me di cuenta que no hay camino fácil y si existe tiene un costo muy alto. Evidentemente presenté resultados. En esos tres días logré deshacerme de 3 kilos 200 gramos. Mismos que no se notan por la inflamación intestinal ocasionada por la dieta.

Las manzanas ahora me dan asco. Mi estómago está muy sensible, el hambre se presenta como un dolor lacerante y he decidido ponerme en las manos de un especialista en nutrición. Mi bienestar y mi salud valen mucho para ponerlos en riesgo con dietas que pueden destruir completamente nuestro organismo. No siento que haya fallado en esta prueba. Solo he encontrado un camino muy doloroso por el cual no pienso transitar otra vez. Todo a su tiempo y de la mano de alguien que sepa del tema.

¿El cortometraje? Ya me llamarán, espero…