¿Tienes una relación y estás pensando que es tiempo de vivir en pareja? ¿Sabes si realmente estás listo? ¿Estás consiente de ciertas cosas que debes tomar en cuenta antes de compartir tu vida?

El amor es uno de los sentimientos más plenos que te puede volar la cabeza con tonterías o hacerte entrar en un trance en el que el mundo gira y todo es maravilloso, en el que a veces te salen chispas y otras puedes ver cómo las cosas se derriten. Todo está bien siempre y cuando estés con esa persona que te acompaña en el camino.

La tecnología ha avanzado y con ella la manera de pensar de la sociedad. En los años 80, la idea de una familia comenzaba por: se conocieron, se enamoraron, se casaron, se fueron a vivir juntos, tuvieron hijos y vivieron felices para siempre. Sin embargo la realidad para muchos fue: se conocieron, echaron pasión, se embarazaron, se casaron, se culparon el uno al otro, vivieron juntos un rato, no se aguantaron, se divorciaron y vivieron felices cada quien por su lado. Claro que algunas de esas parejas siguen juntas.

Esta idea también ha sido reforzada por los medios de comunicación, las telenovelas y las películas, o acaso ¿nunca has pensado en tu príncipe azul? Pero la realidad es un poco diferente, ahora hay parejas que primero tiene hijos y si quieren se casan, cosa que ya no es mal vista en la sociedad, al contrario, cada vez resulta más natural.

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Cómo fue realmente vivir en pareja

Mi historia empieza así: conocí a un chico que llamó mi atención, atrajo mi curiosidad. Le comenté a mi mejor amiga que ese individuo era muy atractivo y ella respondió: “Si realmente estuvieras enamorada, no te fijarías en nadie más”. En ese entonces salía con otra persona, su comentario me rebotó en la cabeza pero al final no le di importancia, pensé que echarse un taco de ojo a nadie le cae mal y que la cosa no pasaría de ahí. Pero no fue así.

Nos conocimos en la boda de mi prima, él es uno de los mejores amigos de su esposo. Bailamos un par de canciones, platicamos un rato y cada quién siguió la fiesta por su lado. Finalmente cuando se fue, pasó a despedirse de mí, se me hizo algo normal ya que no fui la única persona que quedaba en el lugar, el resto de mis primas y yo la seguimos hasta amanecer.

Mi ex novio me mandó a volar por quincuagésima vez. Bueno, la verdad es que terminé por perder la cuenta y, para ser honesta, en casi cuatro años nunca tuvimos una relación sería. Salíamos, pasábamos tiempo juntos, pero cada quien hizo lo que quiso con otras personas.

Así que una vez “soltera”, hacía lo que quería sin tener que darle explicaciones a nadie. Si quería llegaba a casa a las tres de la mañana o de plano no llegaba. Vivir sola desde hace más de tres años es algo que facilitó mis salidas prolongadas, pasaban días o semanas en las que sólo iba a casa por ropa limpia cuando la necesitaba. Lo que menos querìa o pensaba yo era vivir en pareja.

Y así fue pasando el tiempo hasta que sin darme cuenta, la mayoría de mi closet ya estaba en el departamento del chico atractivo de la boda. Todos los días con él eran diferentes, un día cine, otro teatro, otro peda, otro huir de un policía, otro despertar en la alameda, otro fumar y aprender a manejar, otro bailar en un salón del centro de la ciudad…

Todo iba de maravilla, la pasábamos bien y yo no tenía problemas de que él saliera con alguien más, no buscaba una relación sería y mucho menos un novio. El problema comenzó cuando él me pidió que tuviéramos algo formal, que no me podía ver como como una amiga o alguien con quien solo pasa el rato y al día siguiente se va ¡¡¡Fuuuuuuuuuuuuuuuuuuck!!!

Me alejé un rato pero la verdad es que no pasó mucho tiempo para que volviéramos a salir. En una de esas ocasiones, se atrevió a revisar mi celular y se dio cuenta que no era la única persona con la que solía estar.

vivir en pareja: algo complejo en el mundo actual

Amor que va y viene / Imagen: revistaentoas.com

Cuando las cosas se ponen serias

Lo extrañé, así que acepté tener una relación seria, tan sería la cosa que hasta me fui a vivir con él porque creí que sería fácil y divertido, lo único de lo que me preocuparía sería en pasarla bien y ya pero a decir verdad creo hubiera estado bueno hacer un test de esos que pululan en internet para saber si realmente estaba lista. Pasé de ser libre a vivir en pareja.

Para mí es como si hubieran sido unas largas vacaciones. Todo me daba, si llegaba cansada, me daba un masaje de espalda. Si tenía hambre, me cocinaba. Si tenía tarea, me ayudaba. Lo malo empezó cuando toda mi familia supo que vivíamos juntos y empezaron a darme consejos de: “Las cosas en pareja no siempre son fáciles, hay que saber ser tolerante. ¿Y cuándo nos invitan a comer a su casa?.” ¡Puuuuum! ¿Su casa? Me dije para mis adentros, es casa de él, no mía, esa no es mi casa, porque en realidad así me sentía.

En el fondo, sabía que me había ido a vivir con él porque quería que confiara en mí, en realidad yo no quería una relación.

Poco a poco las cosas que hacía me molestaban más y más. Es una persona que le gusta tener comunicación y si un día yo llegaba cansada y no tenía ganas de hablar, se sacaba de onda . Hasta le volaba la cabeza al pensar que había estado con alguien más cuando la realidad era otra.

Extrañaba mi cama, mi almohada, mi privacidad, mi espacio. Extrañaba el camino que durante tres años recorrí para llegar a mi casa. Extrañaba no verlo en un par de días, extraña extrañarlo. Extrañaba estar sola.

Ese tipo de cosas comenzaron a provocarme asfixia y las vacaciones en las que creía estar, dejaron de serlo. Las veces que yo descansaba y él trabajaba, comíamos juntos y para esa hora yo ya tenía que estar bañada, con su departamento limpio, y no porque él me lo pidiera, sino porque soy una obsesiva de la limpieza, y pensar en qué demonios íbamos a comer. ¡Qué horror, me estaba convirtiendo en un ama de casa y además odio cocinar!

Mujer cansada de hacer la tarea doméstica / Imagen: elmers.com.mx

Las mujeres también se cansan / Imagen: elmers.com.mx

Tuvimos una discusión en las que expuso no podía confiar en mí. El mundo que, según yo, estaba construyendo a base de tolerancia y esfuerzo se cayó. Ya no quería seguir viviendo ahí. Si mi único objetivo no se había logrado y mi tolerancia pronto dejaría de existir,  mi personalidad e individualidad se irían con ella. A partir de ese momento, las cosas ya no las hacía con gusto, todo me pesaba más, contestaba de mala gana, estaba enojada todo el tiempo. No quería llegar a su casa.

No quise perder mi esencia sólo por intentar que alguien confiara en mí. Lo quiero, pero me quiero más a mí así que volví a mi hogar. Le expliqué los motivos, tardó un rato en entenderlos pero ahora cada quien es feliz en su casa y a distancia.

Decálogo (personal) para vivir en pareja

Vivir en pareja es algo que aún no estoy dispuesta a volver a experimentar. Las cosas cambian. No es lo mismo enojarse y mandase a la chingada y días después hablarse como si nada hubiera pasado. A enojarse y tenerse que fletar sermones filosóficos del porqué hiciste eso y además tener que compartir la misma cama, no puedes ni descansar.

Vivir con alguien es estar dispuesto a perder tu individualidad por completo, tu intimidad. No hay espacio donde puedas estar solo porque todo lo compartes, tanto lo tuyo como lo de esa personas y está bien siempre y cuando sea lo que realmente quieres.

En mi caso no era lo que quería, no era ni es aún mi tiempo. No tengo prisa por estar con alguien, tampoco por tener una familia y mucho menos por aprender a cocinar.

Puedo compartir mi espacio y mi tiempo pero que la cosa no dure más de una o dos semana. Con la pena, pero es lo que siento.