Guapa, sabrosa, rica, suadero, deliciosa. Son las palabras que inician este texto, un conjunto de letras que no significan nada sin un contexto; sin embargo usted, el lector, ya debe saber a qué se refieren. Esto es lo más preocupante del acoso en el transporte público, la cotidianidad con la que se realiza y, aún más alarmante, la aceptación cultural por parte de individuos que afirman “el piropo es un arte, una manera de elogiar al cuerpo femenino”.

Acoso en el transporte

El acoso sexual es la intimidación o coerción de naturaleza sexual, o la promesa no deseada de recompensas a cambio de favores sexuales. Esta actividad suele producirse en el metro y se ha tratado de solucionar hasta el cansancio. Vagones separados, silbatos, policías en cada rincón de las instalaciones del subterráneo y más recientemente carteles con “personajes” con miradas “lascivas” creados por ONU Mujeres.

Vagones

Las separaciones por sexo en los vagones del Metro resultan una intriga a los visitantes de la CDMX. Naturalmente la primera pregunta que origina esta acción es ¿Los capitalinos son niños incapaces de controlar sus impulsos carnales? Para el gobierno capitalino pareciera que sí.

Este programa fue denominado “Acoso Cero”, el cuál incluía la asignación de los tres primeros vagones únicamente para el uso del sexo femenino a partir del año 2000 en las líneas 1,3,7,8,9 y A en un horario de 6:00 a 10 de la mañana y de 17:00 a 22:00 horas. Actualmente el proyecto se encuentra en todas las estaciones del subterráneo e incluso se puede llegar a obtener una multa en el caso de ser hombre y ocupar dichos espacios destinados.

Esto debido a que el artículo 26 de la Ley de Cultura Cívica del Distrito Federal (Ahora Ciudad de México) establece que “ingresar a zonas señaladas como acceso restringido en los lugares o inmuebles destinados a servicios públicos, sin la autorización correspondiente o fuera de los horarios establecidos” puede llevar a una amonestación equivalente de 21 a 30 veces la Unidad de Cuenta de la Ciudad de México, es decir entre 1’526 y 2’150 pesos.

Jorge Gaviño, director del Sistema de Transporte Colectivo afirma que las acciones emprendidas por el proyecto “Acoso Cero” han sido un éxito ya que evita acciones en contra de la mujer, pero también comentó que esto no era lo mejor, esto debido a que al evitar la interacción entre los dos sexos nace otra problemática: la coerción en la libre elección de la mujer.

acoso en el transporte

Esto lo confirma Mariela Zavala, usuaria frecuente del metro y víctima de acoso sexual. Durante una entrevista realizada para este trabajo, la joven de 23 años comenta estar en contra de los vagones designados ya que, según ella

“Debería ser capaz de elegir a que vagón me quiero subir sin tener que preocuparme de otra cosa que no sea llegar a mi destino (…) además en los últimos días he notado que los hombres tienen más problemas que nosotras ya que, debido a la lluvia, se llena el metro a tal punto que no pueden bajar en la estación que quieren, mientras que nosotras incluso alcanzamos fácilmente asiento en nuestros vagones, en los cuales también podemos recibir miradas y caricias no correspondidas por parte de nuestro mismo sexo”.

Además estas acciones parecen no estar resultando ya que según datos otorgados por el portar web animalpolitico.com: las denuncias por acoso sexual en el metro, durante el 2016, aumentaron un 56.7%; esto significa un total de 163 agresiones dentro de dichas instalaciones en solo tres meses, en los cuales se reportaron 12 casos en los que hombres se masturbaban frente a mujeres.

acoso en el transporte

Esto demuestra, desde un punto más personal, la falta de dirección por parte del gobierno capitalino hacia la toma de decisiones para erradicar la violencia en contra del sexo femenino. El proyecto “Acoso Cero si brinda una mayor seguridad a las mujeres durante los viajes, pero solo se tratan de soluciones superficiales, simples, pero a la larga ineficaces.

Sumado a esto, las autoridades no deben incentivar la división entre sexos, mucho menos en un medio de transporte tan concurrido como el Metro. La segunda ola de feminismo luchó para que las mujeres tuvieran libertad, no solo sexual, también en la libre elección de como vestir, andas y relacionarse con los hombres.

Al destinar vagones exclusivos para el sexo femenino atacan un problema que se solucionaría de manera más eficiente con una mejor educación incentivando el respeto hacia terceros, dejando de lado si tienen un falo o no.

Silbatos

El gobierno de la Ciudad de México, encabezado por Miguel Ángel Mancera, ha remarcado en diversas ocasiones su compromiso ayudar a las mujeres contra cualquier tipo de violencia. Uno de las acciones emprendidas por el gobierno capitalino fue el plan “Silbatos vive segura”.

Según el portal de internet del gobierno de la CDMX:

Se estarán entregado alrededor de ocho mil silbatos, con lo que se sumarán 74 mil las y los capitalinos que cuentan con esta herramienta para reforzar la estrategia de combate contra la violencia hacia las mujeres en el Metro.

Resaltemos, 74 mil silbatos. Si únicamente tomamos en cuenta el número de mujeres que residen en la Ciudad de México tenemos un total de 4’687’003 individuos. El impacto que se puede generar con dichos instrumentos es mínimo.

Además, el problema no radica únicamente en generar ruido al sufrir acoso. Elizabeth Antúnez Sonido, joven de 23 años, recuerda durante una entrevista realizada para este trabajo, la noche en la que un hombre le toco de manera intencional el trasero durante un viaje que realizaba de la estación Buena vista a Cuatro Caminos.

Le informó a las autoridades, pero para cuando estos reaccionaron el susodicho ya se encontraba a kilómetros del lugar. Con un sabor amargo Elizabeth decidió realizar una denuncia; esto gracias a que disponía del tiempo suficiente para realizar el trámite burocrático, algo que muchas no tienen. Al terminar los formularios interminables lo único que recibió fue un desabrido “Gracias” por parte de las autoridades y le abrieron la puerta para que continuara su día como si nada hubiera ocurrido.

“El acto del que fui víctima fue algo tormentoso, pero también lo que le siguió. Aún temblaba del coraje al ingresar a la oficina correspondiente, una caja de color beige pequeña y calurosa en el que una señorita me atendió mientras no dejaba de ver la pantalla de su viejo monitor, estoy casi segura que no sería capaz de reconocerme si volviera a ir ese día. (…) Al final de todo me tomó poco más de una hora, 60 minutos angustiosos, desesperantes y sudorosos; firmé papeles, me pidieron que reconociera al sujeto en una de las cámaras de vigilancia y me pidieron que continuara con mi viaje, no sin antes meter con cierto grado de cinismo mi carpeta dentro de un archivero lleno de más papeles que seguramente para ellos son intrascendentes. Terrible.”

Hay varios puntos que abordar en esta historia:

  • La burocracia: El procedimiento para realizar una denuncia por acoso sexual en el transporte público resulta agobiante y tardado; es por esta razón que no se puede determinar el número real de mujeres afectadas por este mal debido a que algunas deciden no levantar ningún oficio por falta de tiempo o pereza.
  • La insensibilidad de las autoridades: Los policías ubicados en el metro parece que únicamente han sido entrenados en una materia, atrapar a vendedores ambulantes. Resultan extremadamente ineficaces al momento de detener a un acosador.
  • La falta de conclusión: Levantar una denuncia solo significa archivar un documento junto a otros eventos igual de dolosos en una oficina gris y fría. Los casos no son investigados y mucho menos castigados; por lo que si una mujer decidió afrontar todo el papeleo se lo pensará dos veces si vuelve a sufrir algún tipo de acoso.
acoso en el trasporte
Vía Giphy.com

Carteles

“Este es el morbo con el que miran a tu hermana”, esta es la frase que se puede leer en los carteles pegados de forma compulsiva en las estaciones del metro en los cuales también se puede ver a un sujeto con una mirada “lasciva”.

Ana Güezmes, representante de ONU Mujeres en México, ha afirmado que con los materiales gráficos colocado en las paredes del metro se busca

“Desnormalizar el problema (…) generar una cultura de cero tolerancia hacia el acoso”.

Saúl Sandoval, otro de los usuarios del metro, tiene un punto de vista diferente, el cual pareciera compartir la mayoría de la población si nos apegamos a las cifras mencionadas anteriormente:

“Que quede claro desde el inicio que yo no acoso a mujeres en el metro. Ahora en cuanto a los carteles de los sujetos en blanco y negro solo puedo decir que son una molestia, no me provoca nada. No piensen que por ejemplificar una mirada hacia un miembro cercano la gente dejará de hacerlo. Obviamente cuando uno observa a una potencial pareja no piensa en: ¿Los demás mirarán de la misma forma a mi madre o mi hermana? Creo que dejaré de hacerlo. Para mí esto solo refleja lo desconectados que están las autoridades de la realidad”.

Parece interesante que Saúl remarque el temprano olvido de la reflexión a la cual invitan los carteles. Aun cuando las estaciones del metro están tapizadas de estos carteles en los andenes, escaleras y entradas al subterráneo.

La imagen es poderosa, sí; pero no sirve de nada si el mensaje se pierde y lo único que recuerdan los acosadores es la fotografía de un desconocido viendo a la nada.

En conclusión, esta acción sufre de los mismos errores que los proyectos antes mencionados, el buscar una solución que tape al sol con un solo dedo.

Se tiene que incentivar desde una educación temprana el respeto a las mujeres con programas en las escuelas, universidades y áreas laborales, no por el hecho de pertenecer a otro grupo o por una “debilidad” al ser el “sexo débil”, se debe respetar y proteger a las mujeres por que se tratan de personas, iguales en capacidad y libre elección que otros.

 

“No se busca la igualdad como entre hombres y mujeres ya que esta noción suponía que los hombres eran la norma contra la que se medía el sexo femenino, sino como la igualdad de hombres y mujeres, porque esta consideraba la equivalencia humana como la base de la organización social.”

Acoso en el transporte público, puntos destacados:

acoso en el transporte