He visto Amar Te Duele incontables veces, recito los diálogos como mi mantra personal  y hasta hace dos años me seguían dando ganas de ir a la Feria de Chapultepec con algún Ulises, como lo logró Renata de una manera casi poética, con el viento despeinándole el cabello mientras la Canoa Krakatoa daba una vuelta completa.

Ese deseo se ha esfumado (a Dios gracias) y hoy puedo decir con más perturbación que orgullo que tuve mi propia historia romántica al estilo del filme. Logré lo que inconscientemente ansiaba: vivir un amor prohibido, juzgado y criticado por familiares y amigos cercanos. No era para menos, como bien lo advirtió Selena, murmurarían por las calles que lo nuestro no se podía, éramos de “distintas sociedades”. Selena la cagó: debió decir de “distintas clases sociales”.

La hermana de Renata le advierte sobre su nuevo ligue

Escena de Amar Te Duele/ Cortesía de antenasanluis.mx

Del frijol y otros demonios 

Lo apodaban Cuauh, no porque tuviera pinta de tlatoani mexica sino porque tenía una bella joroba, similar a la del futbolista Cuauhtémoc Blanco, actual alcalde de Cuernavaca y quien también pasó sus años dorados de juventud en el Barrio Bravo de Tepito. 

La mejor amiga de Renata, Paulina, enunció una de las frases más recordadas por los espectadores: “si te gusta el frijol pues vas”, frase que escuché incontables veces cuando me atreví a confesar en mi casa y escuela algunos datos sobre mi nueva adquisición: su lugar de residencia y su profesión. Él era maestro de salsa, ganaba dinero por enseñarme pasos como el “pibote” y  el “sácala a pasear”. El deseo de toda chica sateluca que quiere ir a danzar al Mambo Café (de Satélite, por supuesto) y dejar el alma en la pista.

Y aunque la película nos intentó engañar con premisas falsas, un romance de esta categoría sí tiene ciertas barreras que a la larga separan a los amorosos. A menos de que estés dispuesta a portar un chaleco antibalas para pasearte por Tepito. 

Mercado de Tepito

Barrio Bravo de Tepito/ Cortesía de elsemanario.com

Efedra o el Barrio Bravo

Recordemos que este hermoso lugar, ubicado precisamente en la delegación Cuauhtémoc de la CDMX, es famoso por sus altos índices de delincuencia (asaltos, robos a transeúntes, culto a la Santa Muerte) y de negocios ilícitos dentro del mercado como piratería y venta de mercancía robada.  Como Uli lo advirtió: parecía “un valle de otro planeta”, como Efedra.

Nunca supe si había salidas de emergencia en la vecindad. Imaginaba constantemente riñas entre bandas delictivas o balaceras repentinas. Eso durante la primera semana. Cuando me atreví a preguntarle si esos enfrentamientos efectivamente sucedían o me estaba dejando llevar por las aseveraciones de mi padre, él confesó que era una especie de protegido. Todos eran “brothers”, (en el filme sería “aquí todos somos carnales”) nacidos en la misma cuna, no se podían atacar entre ellos, incluso tenían la cortesía de dejar sus carros abiertos como un acto de confianza absoluta. Qué tranquilidad, ya podía dejar de cargar mi gas pimienta.

Amistad perpetua en el barrio

Ulises y su “brother” Genaro/ Captura de pantalla

Y aunque quizás mi entonces pareja sentimental (ahora prefiero referirme a él como pareja gastronómica), no tenía ningún vínculo con la delincuencia organizada, sí tenía un arma escondida en un cajón de su alcoba, entre la ropa. Cuando preguntó si podía enseñarme la pistola (sin albur) le advertí que si lo hacía me iría de inmediato de su casa. Claramente cambié de opinión en cuestión de segundos, temiendo evacuar las calles aledañas solitaria, sin mi gas pimienta y sin mi chaleco.

Una de las cosas que más agradezco y guardo en mi corazón es el tour cultural y gastronómico que disfruté, exenta del robo de mi bolsa. Mi relación valió la pena porque pude comprobar que los discos y películas ahí sí son a 3 por $10, que los mejores clones de ropa, bolsas y zapatos sí los hacen ahí y lo mejor y más importante: que los platillos típicos no se comparan a nada que pueda comerse por las torres de Satélite.  Después de sufrir náuseas aprendí a valorar el sabor de las famosas migas de “La Güera”, mordí más de 10 queso-carnes y probé una de las mejores pancitas. Una bendición.

“Ni más caro ni más barato”

Y de la misma manera que en la película, cuando mis padres me advirtieron que debía tomar todas las precauciones posibles y mientras mi hermana me obligaba a reflexionar sobre la escasez de agua que podía afectarme si decidía irme a vivir con él, yo les respondí con una frase del gran Ulises: “mi corazón es igual al suyo, ni más caro ni más barato”. 

Tuve que repetir la frase varias veces para creérmela, era claro que yo misma lo decía en tono de burla. Sabía perfectamente que era una relación pasajera, en nada comparada al amor pasional que se vivió en la historia de Amar Te Duele. Y aunque estaba tiempo de salvarme de presenciar golpizas callejeras o exponer a Cuauh a recibir insultos de mis allegados en Plaza El Rosario (Renata y Ulises iban a Santa Fe, más nice)  todavía no quería dejar de comer queso-carnes.

Como sucede en la película, nuestros amigos no tardaron en emitir sus juicios y críticas. Los de él  aseguraban que mis padres lo iban a recibir con malos tratos, que a mi lado iba a tener que dejar sus parrandas y tours embriagantes por la ciudad de los viernes y lo más importante: que iba a obligarlo a erradicar su jerga tepiteña. 

Mis amigas, por su parte, habían entrado con todas sus armas al juego de mi historia de película. Comparaban todos mis relatos con las escenas más memorables. No se cansaron de sugerir cosas terribles como que robaría algunas de las pertenencias de mi casa, que me iba a pegar su “acento” o justo como lo vimos en pantalla: me pidieron que imaginara a nuestros hijos.

La hermana de Renata la hace reflexionar

Mariana interroga a Renata/ Captura de pantalla 

Epitafio del taco de Suadero

Había soportado todas las burlas y comparaciones con Uli y Renata con mucho valor y humor. Como si de verdad estuviéramos tan enamorados y con ganas de irnos a vivir al mar, en camión (Primera Plus o nada), y quedarnos dormidos esperando la llamada de salida en la TAPO.

Pero todo tiene un límite, y el mío llegó cuando se me interrogó sobre su higiene bucal: “¿y neta no le apesta la boca a taco de suadero?”. Consideré que los dos habíamos disfrutado protagonizando nuestra propia versión de Amar Te Duele, pero desgraciadamente Cuauh no era tan poético ni dibujaba (o grafiteaba, en su defecto) tan chido como Uli y yo no tenía el cuerpo de Renata. El fin había llegado. 

Me despedí de sus únicos dos “brothers” que apoyaban nuestra relación e incluso nos acompañaron a la salida de Tepito en motoneta, como escoltándonos.  No me atreví a pedir queso-carnes para llevar, pues una semana antes había iniciado una dieta rigurosa después de comer varios tacos de suadero. Quizás la que apestaba a ese alimento era yo.

Y aunque ese día no culminó el romance, tres días después recibí una llamada telefónica anunciando su despedida. Resignada, sólo rogaba que me estuviera llamando desde un teléfono público como era la costumbre de Uli. También deseé que mi papá le colgara mientras yo intentaba quitarle el teléfono. No sucedió. Faltó ese detalle hermoso de conocernos con un aparador de por medio.  

Te dejamos el trailer oficial de la peli, por si te animas a armar tu propio romance. Vale la pena.