Ser (o intentarlo) vegetariana no fue, para mi, algo fácil: toda la vida he sido fiel amante de la carne, aunque nunca he sido fanática de los pescados y los mariscos. Pero la carne de pollo, res y puerco siempre ha sido mi fascinación, desde guisados caseros, embutidos y carnes frías a los más jugosos cortes, pasando por las alitas de pollo picosas al estilo americano, hasta los benditos tacos callejeros. Como buena mexicana, he sido una buena y devota carnívora durante toda mi vida.

Mi amor por la carne

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¿Cómo ser vegetariana si hay carne por todas partes / Imagen: cortesía de wikimedia.org

 

Mi amor por los animales

Debe ser la moral, o la conciencia, o los discursos de Lisa Simpson contra el consumo de carnícos pero si algo me define es mi amor por los animales. Entonces, ¿es lícito comer lo que uno ama?

Jerry y yo
Jerry y yo

A lo largo de mis 22 años también me he considerado una gran amante de los animales. Desde pequeña mis papás me enseñaron a quererlos y cuidarlos y he tenido una gran variedad de mascotas acuáticas, terrestres y aéreas como peces, hamsters, conejos, pollos, patos, tortugas, gatos y perros.

La escuela donde estudié la primaria estaba al lado de un matadero de puercos, y más de un par de veces me tocó escuchar sus chillidos, aunque sufría mucho de escuchar a los cerditos llorar, de pequeña no relacionaba mucho a los animales vivos con mi comida; pero desde luego eso no tardó mucho en cambiar.

Durante muchos años consideré convertirme al vegetarianismo, pero aún después de saber que millones de animales mueren anualmente para alimentar a personas de todo el mundo, mi gusto por la carne siempre fue más grande.

“Cada año, 53 mil millones de animales mueren para satisfacer la demanda de las personas omní­voras: cerdos, gallinas, pollos, peces, reses, ovejas, conejos, y muchos otros, forman la larga lista de ví­ctimas de los animales humanos.”

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Por qué decidí ser vegetariana

Un pescado más / Foto por: Vivian Echemendía
Un pescado más / Foto por: Vivian Echemendía

En las vacaciones de invierno 2015-2016, mis papás decidieron esperar el año en la hermosa bahía de Manzanillo, Colima. El Pacífico se llena de ballenas jorobadas durante esta temporada por las frías corrientes del norte, así que decidimos tomar un tour en bote para ir a ver a estos hermosos animales, además de hacer snorkel para conocer las maravillas submarinas de la bahía.

Ballenas jorobadas en Manzanillo, Colima / Foto por: Vivan Echemendía
Ballenas jorobadas en Manzanillo, Colima / Foto por: Vivan Echemendía

No imaginaba yo que para este paseo el guía del recorrido decidiría llevar una caña de pescar, en caso de tener la oportunidad de atrapar un grande y delicioso pez dorado, hecho que, para mi mala suerte, si sucedió.

Muchos años antes había logrado impedir, junto con mis hermanas, que mi papá pescara su propia trucha en un restaurante de La Marquesa, pero desde entonces no había tenido una experiencia cercana con esta actividad.

Mi papá y mi hermana se entusiasmaron con la idea de sacar a ese hermoso pez dorado del mas y devorarlo después, y enseguida se animaron a pescarlo. Acto seguido, el guía y conductor del bote mató al pez a golpes en la cabeza contra las paredes del bote, lo cual automáticamente me puso a llorar; no soporté ver como mataban a un animal frente a mis ojos, aun sabiendo que se lo iban a comer.

Después de varios minutos de trauma y lloriqueo empecé a cuestionarme a mí misma: ¿como era posible que hiciera semejante drama por un pez dorado si todos los días comía por lo menos una porción de carne de algún otro animal, sin nunca pensar en su sufrimiento?. Fue entonces cuando decidí convertirme en vegetariana.

Si hay algo en esta vida que me encanta comer igual que la carne es el queso y aunque la moda estos días es el veganismo, opté por ser ovo-lácteo-vegetariana para empezar, con la esperanza de algún día ser totalmente vegana.

Y aunque me he cansado de escuchar (y muchas veces considerar) que una persona no hará el cambio y que los animales que dejo de comer, de todos modos, ya están muertos, sigo convencida que de uno en uno podemos hacer una gran diferencia.

“En las granjas productoras de huevos, las gallinas también son hacinadas y obligadas a poner una cuota de huevos. Una vez pasada su juventud o “eficiencia productora” son igualmente transportadas al matadero.

En las granjas productoras de leche, las vacas son obligadas a parir terneros para que produzcan leche. Las crí­as son arrebatadas a la madre y criadas para engorda de carne (o si son hembras, pasan a formar parte de la granja lechera), mientras que la vaca está obligada a cumplir una cuota de leche periódica. Si no cumple el estándar, también es transportada al matadero.”

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Mi experiencia vegetariana

vegetariana es no comer carne
Vegetarianismo en todo su esplendor / Foto tomada de resuelto.com

Desde principios de este año, hace casi cinco meses, he vivido en un intento (un par de veces frustrado) de ser vegetariana y aunque muchos podrán demostrar que sabiendo dónde comprar, qué y cómo cocinarlo, y hasta la forma de combinarlo, ser vegetariano es igual o más barato que ser omnívoro, mi experiencia me dice que no es nada sencillo dejar la carne animal.

Cuando estudias o trabajas lejos de casa y no tienes tiempo de ir y preparar tus propios alimentos, los restaurantes y locales son siempre la solución, pero desde luego no todos pueden invertir grandes sumas de dinero día a día en alimentos gourmet.

Ir al nutriólogo debe ser el primer paso para convertirse al vegetarianismo, pero no tiene caso si no tenemos la rutina apropiada para seguir la dieta del doctor, y, créanme, encontrar comida preparada, saludable y llenadora en cada esquina no es algo fácil en México.

Aunque sigo aferrada a la idea de eliminar mi consumo de productos animales, debo confesar que un par de veces me he dejado vencer por los placeres de la carne, he cedido ante la frustración de no encontrar nada que me satisfaga, porque nada se encuentra vegetariano, rápido y lista para comer. Si quiero facilidad, hallaré una grasosa garnacha, a menos que me resigne a un vaso de fruta en el puesto de la esquina, que, debo confesar, nunca me dejará satisfecha.

Después de menos de medio año de vivir sin carne animal, y con la idea de dejar los huevos y lácteos en un futuro próximo, debo decir que no ha sido nada fácil. Vivo en un mundo y en una rutina que no está hecho para el consumo de vegetales y aunque siempre procuraré moderarme no puedo prometer que seré vegetariana por siempre.