Con el evento mediático de los premios Óscar se intenta ganar espectadores y los distintos medios de comunicación  se desviven por hacer una  fastuosa cobertura, e incrementar el rating como si fuese el evento del año con mayúsculas. En 2015  fue visto por 36.6 millones, 7  menos que en la ceremonia 86 encabezada por Ellen DeGeneres.

En 1998 con Titanic se habló de 60 millones de televidentes únicamente en Estados Unidos y cuando fue premiada No country for old men la cifra bajo a la mitad.

Pero realmente cabe hacerse la incómoda pregunta.

¿Gana el talento en los Óscar?

“Que el Óscar sea la premiación más sintonizada no significa que sea la más confiable.” Sofía Márquez Moreno. Cómo dejé de creer en los premios Óscar (sin dejar de verlos). Nexos. Febrero 2016

Funciona como cualquier club privado. Para que alguien pueda entrar y ser parte del jurado en la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas debe ser invitado, o que alguien más le promueva, y pueda acceder a ella.

Figurillas del Óscar exhibidas en algún lugar de Los Angeles

Óscares en una tienda de Los Angeles / Imagen (CC): Craig Piersma

Así es como hoy día, se habla de alrededor de 7 mil personas que integran el grupo que decide quién gana y quién no. Votantes que son bombardeados con campañas millonarias para que éstos volteen a ver a los candidatos.

Como en la política, detrás de los Óscar, se dice hay un equipo de cabilderos implantando los títulos de las películas en el jurado calificador. “Saben cómo llegarles y qué les gusta”, asegura Gayle Murphy, periodista de Holywood al portal BBC Mundo. Y es que los cabilderos o publicistas pueden llegar a cobrar de 10 mil a 20 mil dólares por película, Todo en función de un elemento: si el rodaje gana o simplemente es nominado, dicha cantidad se multiplica de dos a tres veces.

10 millones de dólares cuesta realizar una campaña publicitaria eficaz para posicionar a un proyecto como mejor película, categoría en la que compite la mexicana The Revenant.

El objetivo es hacerse presentes, es la forma sutil de que vean “los méritos de sus películas y de las actuaciones de sus estrellas”, afirma BBC Mundo.

Anunciarse en la revista de entretenimiento estadounidense, The Hollywood Reporter–como si de tiempos electorales se tratara- llega a costar unos 72 mil dólares.

A esta revista, en 2013, un integrante de la Academia dijo que había recibido regalos desde libros hasta preservativos.

Entre “100 y 500 millones de dólares gasta Hollywood en un año”, según el mencionado portal que toma como fuente a Stephen Follows, productor de cine.

A los consultores o cabilderos se les acusa –como a los partidos contrarios en tiempos de elección- de la publicación de noticias que no favorezcan a determinados proyectos.

Luis Buñuel cuando ganó el Óscar por “El discreto encanto de la Burguesía”, en broma comentó que había pagado cierta cantidad para conseguirlo. Esto en 1972.

Es más una tendencia hacia criterios de gusto y también hacia elegir una película por el ruido que causa y la expectativa que genera que por la calidad técnica y artística, apunta Sofía Márquez Moreno, quien escribe de cine en Nexos.

Los miembros de la Academia dicen:

“Yo sé que no estoy equipado para votar por sutilezas y detalles que gobiernan el premio a Mejor dirección de arte o Mejor edición. Y de la misma manera no pongo mucho crédito sobre la opinión que pueda tener Silvester Stallones sobre composición musical” André Previn

Y es  que los lineamientos acerca de cómo se eligen a los ganadores de la estatuillas de oro, no son del todo claros. Juan Pablo García Moreno, editor de Nexos, asegura que la Academia pide como requisito al  jurado “un nivel inusualmente alto de calidad y distinción”.

Las dudas quedan aunque, como decía recientemente un productor dominicano  sobre los Óscar y otros premios cinematográficos:

“Concluimos que son, en su gran mayoría, galardones a la popularidad y a las ventas. No existe un balance -como debería haberlo-, para que el cine, que es arte e industria, se premie tomando en cuenta los demás valores intrínsecos de las películas”. Humberto Alponte. Oscares, soberanos y otros demonios. Vanguardia del Pueblo. 25 de febrero del 2016

Spotlight: ¿Un Óscar a la calidad?

 

En este complejo vaivén entre aquello que la academia considera una buena película y aquello que Hollywood determina que es comercial, la ganadora del Óscar a la mejor película, Spotlight, parece indicar un esfuerzo hacía la solidez antes que el culto desesperado a la taquilla aunque la afición de la industria cinematográfica por historias de periodistas que destapan historias de corrupción y colusión y defienden las libertades públicas es otra característica de la Academia.

Reivindicar la investigación periodística en un diario de Boston que hizo estallar el primer gran caso de pederastia clerical es el objetivo -loable y bien narrado- de esta película traducida correctamente como Primera Plana. Junto a la vindicación final de Leonardo di Caprio y la tercera estatuilla de Emmanuel Lubezki  parece que estos premios Óscar 2016 quedarán en la retina histórica como un momento de equilibrio y nostalgia.

Porque las sagas de Marvel y la espiral de cómics en la gran pantalla no tiene -pese a todo- la bendición de los Óscar.