Los muebles eróticos prometen mejores posiciones en tus relaciones sexuales. En pleno siglo XXI el sexo y el placer siguen siendo temas tabú y doble moral. Muy frecuentemente nos sacamos de onda si escuchamos a alguien en la mesa de junto, en la hora de la comida, hablando acerca de sus experiencias sexuales explícitamente, pero cuando estamos en una fiesta nadie protesta si un cuate está contando santo y seña de su primera vez.

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Andrés Amaya, el arte de hacer muebles eróticos

Muebles eróticos del portal de Facebook de Andrés Amaya Studio

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Esto nos lo deja muy en claro el diseñador industrial mexicano Andrés Amaya. Hace esculturas con estilo Neo Pop sobre temas que van desde religión hasta política vista de forma humorística y sutil, y entre esos trabajos, muebles para tener sexo.

Andrés incursionó en el mundo de los muebles eróticos con una colección de condoneras domésticas cuando el SIDA era una pandemia global (principios de los ochenta) con el fin de generar una cultura en casa acerca del uso del condón.

“Ya no podíamos tener el condón en sentido privado. Oculto, pecaminoso. Tenía que convertirse en la Kleenera de la casa en donde los habitantes de la casa supieran dónde estaban. Había que atacar de una forma inteligente. Abrir el erotismo y la sexualidad en la casa”.

Así fue como Andrés comenzó su proyecto de muebles eróticos.

Erotismo hecho mueble

Su primer mueble diseñado fue la Silla Barbarella el cuál presentó en el Salón del Mueble en Milán en 2003. “Permitía la realización del cunnilingus a la mujer y el hombre abajo. En donde la mujer queda un poco como trono” recuerda el diseñador. “Fue muy emblemático en esa época porque detonó un gran auge e interés”. Esta pieza fue publicada en el libro de Ramón Ubeda: Sex Design en el que se encuentran varias piezas de distintas épocas reforzando así la idea de meter muebles eróticos al ambiente familiar.

Muebles eróticos hechos por el diseñador Andrés Amaya

Andrés Amaya trabajando en su estudio / Imagen: Facebook oficial de Andrés Amaya Studio

“No podemos seguir recluyendo la sexualidad humana al uso exclusivo de la cama, de una habitación. A estas alturas del siglo 21 es absurdo pensarlo así y que siga siendo de este rollo moralino básico y trivial” opina “Lo natural sería que en las mesas de regalo (de bodas) hubiera un mobiliario erótico. “Pensamos en nuestra sexualidad como hace 100 años” agrega.

¿Por qué es un tabú?

Andrés no es el primero en diseñar muebles eróticas. “Uno no está inventando el hilo negro” dice mientras muestra los primeros muebles eróticos y algunos de sus trabajos anteriores

“El problema son todos los tabús y el mundo judeo-cristiano que jodió al ser humano en buena medida con su sexualidad y su erotismo haciéndolo como una práctica económica y política”

Por economía se refiere al plan de vida de sociedad para tener descendencia y a la definición de pareja normal.

También le parece extraño que durante el siglo 20 hubiera grandes movimientos de revolución como la quema de brassieres, la invención de la pastilla anticonceptiva, pero no un boom del mueble erótico en plena revolución sexual de los sesenta. “Al final del día sigue siendo una resaca moralista” declara con tristeza.

El mercado de Andrés es heterogéneo. Su pieza Butterfly es para parejas homosexuales. Para hacerlo, tuvo que investigar, indagar con amigos, presentar maquetas y corregirlas y así la presentó en 2011. En México, presentar sus muebles puede ser un problema porque en donde se exhiben el tabú se hace presente a la hora de mencionar las palabras “Mobiliario Erótico”.

¿No crees que esto tenga que ver con que en México y Latinoamérica seamos demasiado mochos a la hora de hablar de estos temas?

En México, en Italia, en todos los países que tengan presencia judeo-cristiano, vas a ver una doble moral y seres humanos fracturados. Por un lado con sus hormonas y por otro lado conteniendo cuestiones básicas y muy elementales.

¿Qué crees que se necesita para que los tabús se vayan minimizando?

Para ir tumbando tabús, tenemos que darle apertura a los temas. Tocarlos, y discutirlos; leerlos y verlos con cierta naturalidad. En el momento en el que ni siquiera estamos conscientes de nuestro propio cuerpo y lo que habitamos no lo conocemos, desde ahí ya estamos mal. Los tabús se caen en el momento en el que se abordan correctamente los temas. Andrés agrega que a esto se debe el éxito de la pornografía y la explotación sexual. Cree que al comenzar una apertura cultural acerca del tema erótico y sexual “Ver un par de tetas no es interesante porque ya las conoces y las viste. No te dice más que son glándulas mamarias con las que también puedes convivir.”

En el mercado mexicano, donde más desplaza sus muebles es en Monterrey (el mercado más rico y más mocho de la república) donde Andrés tiene una galería y desplaza su pieza “Silla Adela“.

La “Butterfly” (una de sus obras predilectas) surgió como un “discurso-mueble estandarte” al considerar todos los nichos posibles, también está diseñando un mueble para swingers. “Hay que ser incluyentes y tolerantes con todos y entendiendo que cada quien puede vivir el erotismo y la sexualidad como mejor le parezca siempre y cuando sea de una manera madura, correcta y con un alto nivel de consciencia” responde al preguntarle sobre la apertura de mercado que tiene.

Preguntas indiscretas

¿Amor y sexo o sólo sexo?

Yo creo que la construcción del ser humano va vinculada, en buena medida, al amor, pero el primer amor que uno debe de tener es el amor a uno mismo. En el momento en el que te tienes amor a ti mismo ya pensarás como usas tu cuerpo. El problema es que la baja autoestima genera un sistema de hipersexualización. Vemos que aparearse es como el hecho de comer una hamburguesa. Lo que yo veo es que hay un alto nivel de hipersexualización con muy poco nivel de consciencia y con muy poco amor a uno mismo.

¿Crees que tus muebles ayuden a la gente a mejorar sus experiencias sexuales?

Primero que nada, creo que ayudan a establecer un tema que se tiene que tocar. Creo que la Silla Adela (otro mueble consentido y el más vendido) ayuda mucho a mejorar la experiencia sexual. El impacto pélvico es mucho más fuerte que en cualquier otra silla.

Todos los muebles que hace Andrés son probados antes de venderlos. También los presta a sus amigos y así es como sabe si tiene que hacer cambios en su producto. Uno de sus muebles puede costar 3200 dólares. “Si lo comparamos contra el salario mínimo en México es caro, y si lo comparamos a lo que te cuestan en lugares como lugares especializados para vender muebles, es barato, considerando que es un mueble sin número de serie que tiene acabados hechos a mano y que te va a durar toda la vida.” El proceso de elaboración de sus muebles eróticos puede tomar de ocho meses hasta un año, todo dependiendo de la complejidad de sus piezas.

¿Qué es lo que opina tu familia sobre lo que haces ahora?

“Mi familia es un parámetro, a lo mejor, muy normal porque es familia de artistas. Mi padre es escultor, y desde que tengo memoria cuando tenía que ir a su estudio siempre había una modelo desnuda. Mayormente no establecen ningún juicio sobre eso. Lo ven como algo normal.

En pocas palabras Andrés Amaya es un hombre que cree que la sociedad contemporánea necesita mayor apertura a los temas sexuales y eróticos, predicando que no son ajenos a nosotros y que debemos dejar de tratarlos como tabú.

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