La vulnerabilidad de los migrantes centroamericanos en Sonora residía por su situación de calle. Pero una vez establecido el albergue que los acoge todo el año, están salvaguardados de las mismas autoridades que han arremetido contra ellos en el pasado.

En esta tierra caliente donde el narcotráfico se normalizó entre la misma comunidad en la que hace más de 30 años habitaba Rafael Caro Quintero y otros capos, “no hay que bajar la guardia. Ya sean tiempos de paz o de guerra. “Aquí tenemos que estar a la vanguardia”, expresó el comandante municipal de Caborca, Moisés Ramos Meza.

En noviembre de 2016, sobre la calle 14 y avenida Luis Collado en la colonia Ortíz de dicha ciudad, llegaron unos presuntos sicarios armados a la Casa del Migrante para amenazarlos de muerte: los degollarían y exhibirían sus cabezas por un presunto robo a un abarrotes. 

“Los chamacos llegaron en un vehículo polarizado y se aproximaron a las rejas y dijeron que ‘si se llegaban a acercar estas personas que asaltaron esa tienda, les iban a encontrar y que las cabezas las iban a dejar aquí, en la Casa, para que todos las viéramos”.

La reacción

El fundador del albergue y director de la Asociación Civil Pueblo Sin Fronteras, Irineo Mujica, presentó una queja ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), según el comandante de la policía local, Moisés Ramos.  A partir del suceso, el área es resguardada por un par patrullas, donde colaboran la Policía Federal, así como local.

El comandante de la policía local, Ramos Meza, en exclusiva para El Mexiqueño, declaró que “nosotros sólo seguimos protocolos” y que “la seguridad brindada en colaboración con la Policía Federal es a petición de Derechos Humanos”.

Ramos Meza, de forma repetitiva negó que la Policía Municipal haya recibido la denuncia del caso de los migrantes centroamericanos. De igual forma, afirmó no saber cómo pasaron los hechos o si se trata de algo verídico:

“Nosotros no sabemos si fue o no realmente así. Nosotros no tenemos conocimiento de nada ni nadie se acercó con nosotros”.

El hacinamiento

La Casa del Migrante, según reportes hasta noviembre de 2016, había albergado un total de 8 mil 400 hombres y mujeres cuyo fin era llegar a Estados Unidos para encontrar una mejor calidad de vida y salir de los factores económicos sociales que afectan a sus países de origen.

Migrantes centroamericanos, los más deportados en México

Las quejas sobre los repatriados mexicanos en los últimos años de Estados Unidos no cesan. Los migrantes centroamericanos también son víctimas de la deportación en México.

La Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación presentó, a través de su portal que Centro América es la región en el mundo con más repatriados por el gobierno mexicano, con un total de 18 mil 479 personas en el primer trimestre de 2017. Dicha cifra, representa 94.48% del total de extranjeros devueltos a sus países de origen.

El 5.52% restante, es decir, mil 79 se dispersan en las demás regiones de América y en los otros continentes.

Ante la autoridad, fueron presentados 20 mil 210 migrantes centroamericanos. Las cifras marcan que 91.43% en estos primeros tres meses del año fueron enviados de vuelta a sus países de origen.

Tan sólo tres países centroamericanos aglomeraron 93.21% del total de extranjeros que el gobierno mexicano regresó a sus países de origen en enero, febrero y marzo de 2017. Guatemala, con un total de 7 mil 489 repatriados, se posiciona en la cima de la lista, seguido por Honduras con 6 mil 881 y El Salvador con 3 mil 894.

Fugitivos y refugiados

Según la Organización Internacional para las Migración, de los mil 149 kilómetros que mide la frontera sur, 956 km son limítrofes con Guatemala y los 193 km restantes con Belice.

Foto cortesía Animal Político

Jaime Hernández Rodríguez, un treintañero de Honduras se abrió paso a México por algún punto en la zona. Salió de la capital de Honduras en 2014 en un camión hasta llegar a Guatemala. Cruzó por el río Suchiate en una especie de balsa que describió como una “cama de caucho”, por la cual le cobraron 25 pesos.

El migrante centroamericano llegó a algún punto de la frontera de Chiapas. Luego de ahí, se trasladó a Tabasco. Después a Coatzacoalcos, donde un oficial del INM lo extorsionó y le quitó 100 dólares para dejarlo pasar: “si no me pagas te vamos a deportar”, recuerda Jaime que le dijo.  

Después de Veracruz, llegó a la Ciudad de México donde tomó un camión que lo llevó a Guadalajara para reunirse con un amigo y paisano suyo. Viajó más de mil 600 kilómetros hasta llegar a Caborca, en Sonora, abordo del oxidado gusano con locomotora que se dirige al norte por toda la costa del Pacífico al Mar de Cortés. Con mucho miedo, recuerda, logró pasar a Arizona.

Luego de haber cruzado ilegalmente por el Desierto de Altar que con acaloradas temperaturas deja tendidos entre los sahuaros y choyas al azar a quienes lo tratan de desafiar, Jaime se pasó hasta Washington, al noroeste de los Estados Unidos.

 

Cifra que alude a decesos en el Desierto Sonora-Arizona

El motivo por el cual salió de su país fue por un motivo “muy personal”, titubeó Jaime, fue amenazado, pero el miedo aún le atemoriza.

Llegó para quedarse

Jaime asegura ser residente mexicano, pero aún así ha sido rechazado en sus intentos por laborar a falta de la credencial de elector:

“Cuando va uno a buscar trabajo, no le dan. Piden la credencial de elector, pero es muy difícil que uno la tenga.”

Jaime Hernández Rodríguez, migrante centroamericano en Sonora.

“Yo quiero tener un trabajo aquí. Ando buscando un empleo que tenga sus derechos y sus beneficios. A un salario digno y tener ‘catorceavos’. Porque hay gente que trabaja todo el día y que ni les pagan.”

Por otro lado, muchos empresarios locales no tienen la confianza por lo sucedido en noviembre pasado. La periodista y dueña de Ariete Caborca, Araceli Celaya, considera que “hay mucha más información negativa que positiva acerca de los migrantes centroamericanos” y eso influye igualmente en el aspecto laboral.

Pagína de Facebook del medio local Ariete Caborca.

Desde El Salvador

William Alexander Beltrán, el salvadoreño de 36 años que huyó de su país por problemas de inseguridad y violencia, dijo haber encontrado un trabajo y pidió no generalizar a los inmigrantes y evitar llenarse de prejuicios sobre ellos:

“No puedo decir que todos los centroamericanos son personas buenas, hay de todo, pero a veces cualquier persona se puede llegar a mezclar”.

Retrato de William Alexander.

María Elena González, estando en México se regresó por su sobrina de 14 años hasta El Salvador “porque se la querían llevar los pandilleros: las Maras [Salvatruchas]”. Apenas regresaron en noviembre pasado y llegaron a Caborca.  Jaime, María, William Alexander y otros compañeros de la Casa pidieron a las autoridades y a la sociedad que “nos abran las puertas. Solo buscamos un empleo digno”.

María Elena González y William Alexander Beltrán, migrantes salvadoreños en Sonora.

En cuanto a las autoridades, no tienen un buen historial con los migrantes.

Las deportaciones en Sonora

En junio de 2016, el Instituto Nacional de Migración realizó una serie de redadas y retiraron a 53 migrantes centroamericanos de los parques, en hoteles y cerca de las vías del tren por petición del gobierno municipal, encabezada por la alcaldesa Karina García Gutiérrez, a quien se buscó en su oficina, por redes sociales así como su celular personal, pero no atendió.

Según data la gráfica de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación, en junio de 2016, en Sonora hubieron sólo 2 eventos de deportación; 94 de retorno asistido y 26 de retorno asistido de menores.

Migrantes centroamericanos jugando damas chinas.
Migrantes centroamericanos jugando damas chinas.

El operativo aseguró a 35 hondureños y 18 guatemaltecos, por actuar presuntamente de forma ilegal en la zona, así como no contar con documentos que les avalaran su estadía de forma lícita en el país.

Autoridades, violadores de Derechos Humanos

En la administración del ex alcalde Francisco Jiménez, los detenían arbitrariamente y al siguiente día los dejaban salir. También los amenazaban.

Los zapatos, principal instrumento de los migrantes para las extensas caminatas por el desierto.

Los migrantes centroamericanos, con temperaturas a más de 40º C a la sombra, regresaban a pie. Con la planta de éstos quemada por la fricción con el hule de las sandalias achicharradas por el calor de la tierra.