Mi mamá en su juventud amaba Timbiriche. Vestía igual que ellos y todas sus canciones se las sabía. Aunque tiempo después sus gustos fueron cambiando. El ska y el rock mexicano comenzaron a añadirse en su lista musical.

Mientras mi papá escuchaba a Rigo Tovar y su Matamoros querido, mi mamá le subía todo el volumen al Haragán o bien a Salón Victoria y su Sol de media noche. Nosotras, sus tres hijas, nos fuimos inclinando hacia los gustos de ella, a su forma de entregarse en cada canción, a esa misma emoción que emanaba siempre.

Recuerdo alguna ocasión que fuimos a un concierto y vimos a Inspector y Panteón Rococó. Por su trabajo, ella no puedo ir y lo que mi hermana hizo fue llamarle por teléfono para que pudiera escuchar las canciones. Cuando mi hermana juntó el celular a su oreja, pudo oír que mi mamá estaba llorando pues realmente quería verlos en vivo.

Pero su nostalgia duró poco, ya que unas semanas después fue a un concierto de Panteón Rococó con mi hermana y mi papá. Aquella tarde el clima no estuvo a su favor, ya que la lluvia parecía que podría frustrar aquella alegría. Sin embargo cuando llegó a la casa, su emoción era tanta que nos la contagiaba.

mi mamá rockera

Un póster autografiado que le regalé. Ella subió la foto a su Facebook con la frase “Gracias Karensita … Sabes que me encanta Panteón Rococó…”

Mi mamá rockera no gusta de perfos

El día que me hice una perforación en la lengua, ella utilizó unas palabras muchas veces antes escuchadas por nosotras:

“Te voy a arrancar esa chingadera”

Después comenzó todo el sermón, ese discurso que pareciera que las mamás se van pasando de mano en mano. Pero ella sólo seguía por un rato el riguroso protocolo de las madres, el cual terminó minutos después. Con otro tono de voz y hasta riéndose, le dijo a mi papá:

“Las niñas no pueden comer eso, les va a hacer daño”

Cabe mencionar que otra de mis hermanas también se había hecho una perforación. Ese día, mientras comíamos, recuerdo que mi santa madre se reía de nosotras, por los gestos desesperados y el gran esfuerzo que hacíamos para comer sus viandas.

mi mamá

Mi mamá, ni más ni menos

Con los tatuajes pasó lo mismo. El día que mi hermana mayor se hizo uno, mi mamá la regañó, pero después ya le estaba preguntando si le había dolido mucho y cómo lo había aguantado.

Así es mi madre, una mujer alivianada que además es buena persona. ¿A quién debo agradecerle que me haya tocado ella como progenitora? Díganme y lo voy a idolatra toda la vida, porque ella sí es una madre #ATodaMadre.

Todos los recuerdos en su celular

Desde que tuvo un celular en las manos, mi mamá comenzó a fotografíar todo. Desde unas simples flores hasta esas fotos familiares que nunca serán impresas y sólo quedarán en un post de Facebook.

Una de las cosas que la caracteriza es su fortaleza para hacer todo lo que quiere y no estar encerrada en la casa esperando a que las cosas lleguen sin hacer ningún esfuerzo. Por tal motivo desde hace muchos años (ya perdí la cuenta) empezó a trabajar como cocinera es una casa de señores ricos ya que tuvo la fortuna de tener un don perfecto: todo lo que cocina, se convierte en un manjar de dioses.

Gracias a este trabajo, por varias ocasiones ha ido de viajes con sus jefes y desde que tuvo un celular en las manos, comenzó a fotografiar todo. Aquí van algunas imágenes.

Tal vez sea porque desde muy joven se embarazó o porque en su espíritu se encuentra la esencia para ser la persona que es. Mi madre ha dado tanto por nosotras que lo mínimo que podría hacer es decirle: Ma’ te amo todo mi ser.

Las canciones de mi mamá

Y por que no pudo dejar pasar esta oportunidad, aquí van cinco canciones que de tanto escucharlas con mi mamá, también a nosotras nos empezaron a gustar.

1- La chispa adecuada- Héroes del Silencio

2- La dosis perfecta -Panteón Rococó

3- Sol de media noche- Salón Victoria

4- María- Café Tacuba

5- Amnesia- Inspector