Levantarse temprano, tener el tiempo contado, correr, alcanzar el camión, ir volando en la puerta de la micro o calcular los altos costos en el transporte: estas son algunas de las tristes y desesperantes cosas que les pasan los mexiquenses en su tremenda odisea del Estado de México hacia la Ciudad de México. ¡Acompáñame a leer esta historia! (como diría nuestra querida y añeja Silvia Pinal).

Mexiquenses de Mordor: así es el Estado de México
Bienvenidos a Mordor / Imagen: Twitter de @sinembargoMX

El Estado de México tiene un inmensa área, o mancha urbana, que colinda con la Ciudad de México, conocida como Valle de México y Zona Metropolitana o Mordor para los cuates. Dentro de esta zona se encuentran municipios como Ecatepec, Nezahualcoyotl, Chimalhuacán, Los Reyes, Naucalpan.

Recordemos que Mordor es un lugar ficticio, creado por J.R.R. Tolkien en la historia El Señor de los Anillos. Los mexiquenses lo usan como una comparación para indicar lo lejos que están de la civilización o como andamos perdidos en lugares donde no hay un metro, avenida o lugar conocido que nos pueda ubicar. Estos lugares donde se necesita hacer tres transbordos para llegar.

Es gracioso escuchar a nuestros amigos emitir un ¡Hasta allá! cuando se dice el lugar en donde se vive, aunque no se conozca el municipio ni qué tan lejos queda.

Mexiquenses: toda la vida en la combi

En promedio un mexiquense pasa más de cuatro horas diarias en el transporte para llegar a algún lugar cerca del Centro Histórico de la CDMX. Sí, es una prueba de resistencia para nuestros glúteos. Y hay todo tipo de ejercicios para evitar que nos durmamos o nos dé un calambre en las posaderas.

Vivo en uno de los municipios de Mordor, Chimalhuacán, que se encuentra entre la famosa Nezayork y el mítico Texcoco. Justo en la mitad. A una hora se encuentra el metro más cerca: La Paz, de la Línea morada.

Galería de imágenes de Nezahualcóyotl
Galería de imágenes de Neza / Cortesía de Arturo García Trinidad

De lado de Neza, el transporte llega hasta metro Pantitlán o Zaragoza de la Línea 1. Para llegar acá es más de una hora, pues los camiones se amotinan en Calle 7 y a veces para pasar hay que esperar más de 20 minutos.

En esta ruta, se puede apreciar justo al salir de Chima y entrar en Neza, el gigantesco Bordo de Xochiaca que regala a los transeúntes un baño del más fétido olor por más de diez minutos. Esto es una prueba de qué tan fuerte se tiene el estómago. Gana quien no vomite o emita algún gesto desagradable.

Pero la prueba no termina allí, pues en Calle 7 el olor regresa y no se va hasta salir de Pantitlán.

¡Súbale, hay lugares!

El transporte en el Edomex es digno de aparecer como el mejor de los  juegos extremos en Six Flags. No respetan topes ni paradas. Rápido y Furioso se queda corto a comparación con las carreras que hacen para ganar pasaje. Los mexiquenses vivimos sin saber si esta peculiar mañana será el último día de nuestra (corta) vida

 

Mexiquenses rumbo a la CDMX
Mexiquenses llegando a la CDMX: la aventura continua en pesero / Imagen: garuyo.com

 

Un espacio de menos de cinco centímetro lo llenan hasta con dos personas. Hay quienes llevan gente en la puerta aferrada con las uñas de manos y pies. No cabe ni un alma más, pero el chofer ve el camión vacío. Así que sube gente hasta que el chimeco escurre gente por montón.

Cinco minutos hacen la diferencia

Aunque parezca poco, para un mexiquense salirse cinco minutos después de la hora acostumbrada significa la vida misma. Ese mínimo de tiempo supone llegar hasta media hora después.

Es increíble como cinco minutos cambian toda una bitácora de tiempo. No te puedes quedar dormida ni tratar de desenredar los misterios de la vida después de que sonó el despertador.

Combi de transporte de mexiquenses descompuesta en Chalco
Una combi descompuesta en Chalco / Imagen: reporterosenmovimiento.wordpress.com

Y si le agregamos el mal servicio que da el Metro en horas pico, es mejor anticipar todo esto, así como accidentes viales, que la combi o el camión se descomponga, que el chofer espere a su pollo (o dama de compañía).

Es un suplicio llegar a paraderos como Zaragoza, Pantitlán o Indios Verdes en donde la inseguridad está a la orden del día y es una preocupación constante saber si se regresara a casa sano y salvo (y con la integridad entera).

El problema no es el viaje, sino el pasaje

Aunque parezca exagerado, el pasaje en el Estado de México es muy caro. En comparación con los costos de transporte en la CDMX, los mexiquenses sufrimos un verdadero asalto en despoblado.

Como experiencia propia, les cuento lo que sufre mi bolsillo: para ir y regresar tengo que traer cerca de 50 pesos. Hagamos cuentas (aburridas): la combi que me lleva al Mexibus me cobra 8 pesos; el pasaje del Mexibus es de seis pesos. Éste me llevará, después de 40 minutos, al Metro Pantitlán. Más cinco pesos del boleto del Metro, da un total de 19 pesos.

Eso es sólo de ida.

Ahora bien, de regreso, son trece pesos del Metro Zaragoza hasta Chimalhuacán y cerca de hora y media en el transporte. Más el boleto del Metro son 18 pesos.

19+18= ¡37 pesos! Más el lunch que necesito para sobrevivir.

Pero no todo es malo. en verdad.

Sí, acepto que el Edomex es, a veces, una mala copia de la Ciudad de México que además intenta rivalizar con los poderes del centro.

Sin embargo, vivir en Mordor tiene sus ventajas. Cuando hay transporte gratis en la capital, también el Mexibus opera gratis. Si hay contingencia, el aire que respiramos en Chimalhuacán no es del todo limpio pero es un poco más sano que el de la CDMX.

Mexiquenses de Chimaluacán en su carnaval anual
Carnavales en Chimaluacán, toda una tradición / Imagen: cortesía de Ricardo Calaveras

Además, las fiestas patronales duran casi un mes entero y te entretienen de lo lindo.

En Chimalhuacán se hacen unos carnavales bien divertidos que agrupan a más de cinco comparsas en todo el municipio y se la pasan invitando a la gente a bailar.

Las ferias provocan el caos vial de las pequeñas avenidas que rodean el municipio, lo cual es perfecto para las parejas enamoradas y para quienes buscan iniciar un romance.

 

 

Así es. Los mexiquenses son un Estado lleno de inseguridad y violencia, donde las alertas de género se disparan cada dos por tres, y está lejos de la civilización chilanga. Sin embargo, se acostumbra uno a las largas jornadas en el transporte, al adormecimiento de ‘nalgas’ y hasta a la inseguridad, porque, de cuando en cuando, el “me conocen” te salva del robo de celular o la bolseada.

Digo, podría ser mejor pero también peor…


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