Desde antaño, literatura y rock han mezclado sus sabores. Hace un par de semanas, en cama y con la fiebre a tope, pasé parte del día revisitando algunas canciones y videos de Bob Dylan. Particularmente el visual de “Subterranean homesick blues”, en el que Allen Ginsberg hace un cameo. Ginsberg grabó sesiones enteras con Dylan, fue su mentor, amigo, y juntos visitaron la tumba de Jack Kerouac. Con Dylan también viajo directo a Hunter S. Thompson, quien dedicó a Dylan su delirante Miedo y asco en Las Vegas por “Mister Tambourine Man”. Desde la primera vez que leí aquello la imagen de Thompson viene a mi cuando suena esa canción; como un amigo perdido al que recuerdo a través de una cálida y fulgurante luz.

 

Literatura y rock

 

Parte de la magia en grandes obras de rock reside en sus conexiones literarias. Desde el Animals, de Pink Floyd, que nos remite a George Orwell y su Rebelión en la granja, pasando por William Burroughs como fontana del punk e inspiración para Patti Smith, Iggy Pop, Blondie, The Clash, U2, David Bowie y demás (de una obra de Burroughs fue tomado el término heavy metal), Leonard Cohen como poeta y escritor antes que cantante (en 2011 se llevó el Premio Príncipe de Asturias de las Letras), y Nick Cave, potente músico y escritor que en 2015 publicó su más reciente libro: La canción de la bolsa para el mareo (Sexto Piso).

En el caso mexicano también abunda la relación: la generación de la Onda, José Agustín, Gustavo Sainz, René Avilés Fabila y Parménides García Saldaña se volcaron por el rock y llenaron sus páginas con él. Incluso, más allá de las referencias puramente literarias, Parménides escribió una de las críticas más contundentes al rock y su impacto en el México posrevolucionario con su ensayo En la ruta de la onda (Jus, 2015), publicado originalmente en 1972 por Editorial Diógenes. Las bandas de rock mexicano tienen narrativa. Y Encore… la amplifica.

 

Encore… o al rock mexicano lo cagó el Diablo

 

De ahí que cuando supe de la existencia de Encore. Cuentos inspirados en el rock mexicano (Resonancia Magazine, 2015) la curiosidad se instaló en mi hipotálamo. Rogelio Garza, escritor y publicista, me pasó un ejemplar. El libro fue convocado por Resonancia, revista digital independiente fundada en 2009, cuya oferta de contenidos se basa en el cine, la música y la literatura. Encore… es la segunda entrega editorial del equipo liderado por Pedro Escobar. En 2014 editaron Encore. Cuentos inspirados en el rock, que disparaba hacía el rock en general, mexa e internacional.

El segundo volumen se concentra en el rock nacional. 19 escritores se reúnen a ficcionar con la música de Axis, Café Tacuba, La Barranca, Dangerous Rhythm, Los Esquizitos, Los Monjo, Los Nena, Fobia, Rebel Cats, Sangre Asteka, La Revolución de Emiliano Zapata, Ely Guerra, Santa Sabina, Caifanes, Rodrigo González, La Cuca, Los Amantes de Lola y, no podía faltar, El Tri.

 

Encore, literatura, rock mexicano

Cuentos inspirados en el rock mexicano / Imagen: captura de pantalla

 

Encore… propone, dice la contraportada, un ejercicio lúdico.

Los autores convocados para ello tienen expertise roquera-literaria (googlenle sino): Joselo Rangel, Alberto Chimal, Arturo J. Flores, Juan Carlos Hidalgo, Rogelio Garza, Alejandro González Castillo, Armando Vega-Gil, Raquel Castro, Carlos A. Ramírez, Édgar Omar Avilés, Pilar Ortega, Franz de Paula, Alejandro Mancilla, Juan Alberto Vázquez, Franz De Paula, Pedro Escobar, Azucena Baeza, José Antonio Sánchez Cetina, Erika Mergruen y Eugenia Robleda.

 

¿Periodismo gonzo?

 

En el interior de Encore…, que rebasa las cien páginas y está ilustrado por el colectivo Licuadora Creativa, habita lo mejor de la contracultura: la estridencia escatológica de Armiados Güeva-Vil (mítico alter ego de Vega-Gil), ex estrella de rock, teporocho, que algunos pre millennials recordarán por sus andanzas en la revista La Mosca en la pared, en los lejanos años noventa, y que se cristalizarían en el libro Diario íntimo de un Guacarróquer. Pícate el hoyo fonqui es el cuento de Encore… en el que Güeva-Vil nos grita: “—Al rock mexicano no lo parió Dios ni Huitzilopochtli, ¡lo cagó el Diablo cuando se le salió un pedo escoltado!”. Los solos de guitarra literarios continúan con un viaje en alga hasta mundos submarinos con Los Esquizitos de soundtrack. “Tripe Equis”, de Rogelio Garza, es el alucín.

En “Rockstar”, Rangel dibuja la crónica de un grupo de amigos de Ciudad Satélite montados en una Datsun Guayín en busca de una tocada de grupo Axis, entre Caribe Cooler, caguamas robadas y el amor de una chica que ama a los rock stars. Alberto Chimal, en “El espacio”, construye una historia hipnótica sobre una abducción extraterrestre. El protagonista habla de su tío, un ruco que se quedó en el viaje luego de ser llevado por un ovni a los confines del universo. Mientras que en “Corremos” estamos frente al relato urbano de A. Ramírez: “La mona pica en la lengua y dos segundos después explota en el cerebro fragmentado pensamientos, interrumpiendo sinapsis…”

 

Literatura y rock: la perfecta combinación de Encore

 

Es ahí donde radica uno de los atinos de Encore…: en su lenguaje desenfadado, en la exploración del rock como vehículo fraternal, amoroso, sensual y experimental. Literatura y rock. Rito de iniciación o nostalgia soterrada, la música puede escucharse en público o en privado, pero su resultado será acaso el mismo: poner en frecuencia ciertas fibras en el interior, mover los hilos de la sensibilidad y el goce en uno de los pocos libros sobre rock mexicano.

Con esto el lector tiene la conciencia picada. Y si bien no todos los relatos te llevan al clímax, Encore. Cuentos inspirados en el rock mexicano logra su cometido: prendemos la Van o el Mustang 65 (como en “Sexo sucio”) subimos los instrumentos, termina “la rola uno del tape y mi mente comienza a tararear la dos antes de que en realidad empiece”.

El libro físico se puede comprar acá, y descargar gratuitamente aquí.