La eugenesia, que de acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española es el estudio y aplicación de las leyes biológicas de la herencia, orientados al perfeccionamiento de la especie humana, encontró en la salud pública el argumento perfecto, para denostar al ajeno, al extraño y extranjero. En la frontera entre México y Estados Unidos, los migrantes mexicanos han sido durante exactamente 100 años, carne de cañón de sus experimentos raciales. El escrutinio corporal y mental de las y los mexicanos es una práctica que aún hoy en día, se sigue practicando por el gobierno norteamericano, el Consulado General de Estados Unidos en Ciudad Juárez, somete por ley,  a todos los solicitantes de visa de residencia “examen médico y vacunas”.

     Desde la antigüedad se encuentran testimonios escritos de la prevención de enfermedades transmisibles, los casos de los enfermos de lepra hacia 1,500 a.C., documentados en la tradición judaica-cristiana, describen el trato que recibían los enfermos de esta terrible enfermedad, se les obligaba a vivir confinados y en espacios apartados de las poblaciones. Además era expuestos a discriminación y humillaciones, obligándoseles a evitar todo contacto con personas sanas. 

    En su libro “Historia de la Locura en la Época Clásica I”, Michael Foucault nos menciona el origen de los manicomios, muchos de ellos eran leprarios que a finales de la edad media, ya no eran utilizados para albergar a los enfermos de esta enfermedad, pues prácticas higiénicas, lograron disminuir considerablemente la propagación de esta epidemia. Intentando encontrar una primera estructura de cerco sanitario, el filósofo francés, documenta las primeras aduanas sanitarias en el puerto de Nuremberg en Alemania, que buscaban evitar el descenso de enfermos mentales, quienes eran enviados fuera de sus ciudades de origen en barcos que llegaban a ese puerto, desde principios del año 1,500 d.C., véase Foucalt 1961.

     En el continente americano, es posible que las primeras políticas migratorias de higienización hayan tenido lugar en la frontera entre México y Estados Unidos, sin embargo sus antecedentes se remontan a los últimos años del siglo XIX, tiempo en que la tifus provocó la muerte de dos trabajadores mexicanos que se laboraban en el tendido de vías  ferroviarias en California.

Historia de la medicina racial y su influencia en los campos de concentración nazi.

     Para el año de 1917, ya se practicaba la fumigación de los ciudadanos mexicanos que cruzaban al otro lado de la frontera para trabajar, la orden fue emitida por el departamento de sanidad federal norteamericano, y consideraba el rediseño del puente internacional de cruce Santa Fe, a fin de cumplir el objetivo de sanitización racial, justificada en el argumento de la salud pública.

     Intentar cruzar al otro lado de la frontera como mexicano, incluía ser desnudado, para con una mezcla de queroseno y un gas llamado Ziclon-B, ser rociado en todo el cuerpo, incluyendo las partes púbicas. Así también la revisión corporal en busca de pulgas y piojos, de encontrarse alguno de estos, se obligaba al inmigrante a cortarse el cabello y vello púbico utilizando tijeras doble cero, todo lo anterior, a fin de obtener un certificado de no piojos y pulgas. Finlamente se les devolvían ropa y zapatos, a veces chamuscados después de ser pasados por secadoras industriales.

Puente Santa Fe, hacia 1917.  Imagen cortesía de https://elpasogasbaths.weebly.com/mayor-tom-lea-sr.html

     De acuerdo al historiador Pedro Siller, algunos compatriotas audaces hacían doble o hasta triple proceso de cruce con la finalidad de vender los “certificados de baño” a otros mexicanos que deseaban evitar el bochornoso procedimiento.

     Posteriormente en 1931, con la firma del acuerdo sanitario de las Américas, fue aplicada una reingeniería del control de la salud pública en los Estados Unidos, influyendo en las políticas migratorias, de control demográfico y de certificación de los centros de servicios de salud, con el fin de evitar el contagio masivo de enfermedades pandémicas.

     Para 1942 se instituyó el primer programa de migración laboral de largo alcance entre México y Estados Unidos: el “Programa de trabajadores huéspedes”, mejor conocido como “Programa Bracero” requirió que cientos de miles de mexicanos dejaran sus lugares de origen para abandonar el propio cultivo y atender por ínfimos sueldos el campo norteamericano, pues el vecino país debía ingresar a una guerra en el continente europeo, que amenzaba con expandirse al continente americano.

Braceros mexicanos cruzando el puente Santa Fe. Imagen cortesía de Pinterest: Cultura mexicana

     Por supuesto, el ingreso requería una evaluación médica previa, esta vez, el proceso fue perfeccionado, se incluyó la inyección de vacunas, evaluación de sangre y una evaluación siquiátrica, que prevenía que enfermos mentales cruzacen la frontera, durante los más de veinte años que duró el programa, muchos braceros mexicanos fueron deportados bajo el argumento de sufrir alguna enfermedad mental, de los datos la secrtaría de salubridad de aquella época, no reporta seguimiento alguno, como no lo hace tampoco hoy en día con los ciudadanos que padecen algún alguno de estos padecimientos.

Examen médico a braceros mexicanos en 1948.

     La tecnología utilizada para el saneamiento de los mexicanos que cruzaban por El Paso, Texas, fue ampliamente alabada por científicos alemanes, quienes más tarde utilizarían el mismo diseño que  los norteamericanos hicieron para el puente Santa Fe, para construir las cámaras de gas que utilizaban para limpiar a los judíos en los campos de concentración.

     Incluso se utilizó uno de los gases empleados para fumigar a los braceros mexicanos: el Zyclon B, un potente veneno, que formó parte de los componentes utilizados en las cámaras de gas, conocidas como la solución final nazi.

Judíos son obligados a bañarse con químicos tóxicos para asesinarles, como parte de la solución final nazi 1944.

    De acuerdo a registros encontrados por David Dorado, residuos de envases de este gas fueron encontrados en las instalaciones del puente Santa Fe, el mismo gas fue fabricado en las plantas de productos químicos en Auschwitz y su uso para asesinar judíos fue documentado en los juicios a militares nazis.

     El control sobre la vida y la voluntad del otro, por considerársele una inferior , ha determinado las relaciones entre estadounidenses y mexicanos a lo largo del siglo XX.

     Desde finales de la década de los cincuenta en el siglo XX, los exámenes médicos dejaron de practicarse el centro de recepción bracero en Río Vista, ubicado en el Valle Bajo del Paso. Sin embargo, Ciudad Juárez, ha contado con representación consular  desde el año 1849, la historia del consulado norteamericano en Ciudad Juárez incluye el arrendamiento y ubicación en diversos lugares de la frontera y en la capital del Estado.

     En  el año de 1966, el consulado ordenó la apertura de una clínica de exámenes médicos, llamada Servicios Médicos de la Frontera  para todos los candidatos a una visa de residencia que desde entonces se expide en el Consulado General de Estados Unidos en Ciudad Juárez.

     Para 1984, la sede consular cambia de zona, ubicándose en el área conocida como el “Pronaf”, la transición representó poder recibir más personas con aplicación para una visa de residencia y obligó a que se abrirá una segunda clínica dedicada a realizar los mismos exámenes médicos que se realizaban a los braceros, solo que esta vez, en territorio nacional, se inaugura la Clínica Médica Internacional

En el año 2008, el Consulado General de Estados Unidos en Ciudad Juárez,  nuevamente cambia su ubicación a la conocida “Zona Dorada”, de acuerdo al Gobierno Federal el edificio fue  “diseñado para recibir a cien mil solicitantes al año.

Instalaciones del Consulado General de Estados Unidos en Ciudad Juárez 2008

            Durante mucho tiempo el consulado siguió operando los exámenes médicos con las dos clínicas antes mencionadas, sin embargo en 2012, aprueba la apertura de una tercera clínica de exámenes médicos, esta vez abre sus puertas Médicos de Visas

     Dicha empresa, operada entre otras personas, por uno de los hijos del fundador de Servicios Médicos de la Frontera, decidió apostar no solo por los estándares de calidad médica exigidos por el Centro de Control de Enfermedades, del gobierno norteamericano.

     Médicos de Visas incluyó una atención personalizada, invitando a los usuarios a hacer una cita y evitar conglomeraciones como antaño años lo hicieron los “braceros”, permitió a las personas asistir acompañadas al examen médico, proporcionó servicios adicionales como transporte y apoyo con hospedaje a los solicitantes de visas de residencia.

Campaña de marketing CMI

    Después de décadas tratando a los migrantes despectivamente las primeras clínicas decidieron emprender una estrategia comercial similar, en beneficio de los solicitantes. Por primera vez, desde que se practica la medicina pública con fines migratorios, se daba un trato digno a los mexicanos.

Mensaje de despedida del equipo de Médicos de Visas en Octubre de 2016

    Desafortunadamente, la historia no tiene un final feliz, pues apenas un mes antes de la última elección presidencial en la que resultó ganador el empresario inmobiliario Donald Trump, personal del Consulado decidió quitar el registro a la empresa Médicos de Visas, sin mayor aviso, dejando nuevamente a los solicitantes de visas de residencia a expensas de un trato indigno.

La clínica se despidió con un mensaje en su página de Facebook, dejando un gran edificio vacío muy cerca de las instalaciones de la sede consular.

Estás clínicas reportan principalmente al mismo consulado, posteriormente al Centro de Control de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) organismo dependiente del Departamento de Salud y Servicios Humanos del gobierno norteamericano y finalmente a la Comisión Estatal para Riesgos Sanitarios del Estado de Chihuahua.

     En tales lugares se pide a los solicitantes mayores de 15 años se les toma una muestra de sangre, placa de rayos X y posteriormente se les pide pasar con médicos, para que una vez en los cubículos, se quiten la ropa y someterse a un inquisitivo interrogatorio que intenta saber si se han utilizado drogas, tabaco o alcohol en cualquier cantidad y en cualquier momento de su vida. Si se ha sido arrestado por la policía en los Estados Unidos o en algún otro país. Así también se les pide que  indiquen el numero de tatuajes que tengan y que se detalle la forma y significado de cada uno de estos. Finalmente se les pide que muestren sus genitales y ano.

La “Immigration National Act (INA)”, obliga a todos los solicitantes de una visa de residencia a “someterse” a un examen médico.

         No obstante lo humillante del proceso, si el solicitante, admitió el uso de drogas en algún momento de su vida, es enviado a dejar una muestra de orina al laboratorio. Ahora deberá esperar tres días para que llegue la muestra que confirmara si aún usa drogas. Si por alguna razón, el candidato a residente legal, mencionó que fue arrestado alguna vez, consume o consumió tabaco, alcohol o drogas, sin importar la cantidad, deberá someterse a una revisión sicológica, en la cual deberá completar diversas pruebas como la conocida Home Tree Person (HTP, por sus siglas en inglés).

     Un porcentaje aproximado del 10% de solicitantes, presentan casos de tuberculosis, VIH, sífilis y gonorrea, depresión crónica o enfermedades mentales degenerativas, las clínicas solo dan seguimiento a los enfermes de tuberculosis, sometiéndolos a ingesta de pastillas, subvencionadas por el propio gobierno norteamericano.

      Muchas veces el aspirante debe buscar casa en Ciudad Juárez y esperar seis largos meses para una vez confirmado el éxito del tratamiento, pagar un nuevo examen médico, que tiene un costo de 190 dólares más impuestos y un aproximado de 120 dólares en vacunas, las cuales son nuevamente administradas, sin importar que se hayan aplicado hace menos de seis meses.

      De todo el proceso, nunca se le informa al inmigrante cuáles fueron los resultados, una vez concluido el examen médico, solo les es entregado un sobre de plástico negro, se les pide que no se abra y que se entregue al momento de su entrevista con el oficial consular.

     Él o ella, serán quienes revisen el expediente y determinen si el candidato es viable o si de acuerdo a su expediente médico será “castigado” durante un periodo que varía de entre los seis meses a los 10 años.

No lo abras.

     Otros más no tienen esa esperanza, pues de acuerdo a los resultados de sus exámenes, pueden encontrarse en criterios de “no admisibles” para ingresar a los Estados Unidos de Norteamerica, es el caso de la clasificación “A”, que se aplica para enfermos de VIH, Sífilis, adicción a las drogas o al alcohol o haber mentido durante el examen médico u omitido información de arrestos previos.

    Otros aspirantes no podrán siquiera ingresar a las instalaciones del consulado, pues representan un riesgo sanitario para el personal diplomático, enfermos de gonorrea o tuberculosis, clasificados como B1 y B2, deberán someterse a tratamiento médico antes de poder terminar el proceso de examen médico, si es el caso que estén sanados antes de los seis meses. De lo contrario deberán pagar y someterse a un nuevo examen.

     A casi ciento setenta años de firmado el tratado de Guadalupe-Hidalgo, y hasta ahora, la frontera entre Ciudad Juárez y El Paso, ha sido el más grande y duradero laboratorio de medicina pública en la historia de México y Estados Unidos. El proceso de escrutinio médico ha sido replicado por otros países para exterminar, controlar y denigrar por cuestiones de raza a los migrantes alrededor del mundo.

     Es preocupante que aún hoy en día, las prácticas de orden médico, realizadas por el gobierno norteamericano previo a la autorización de visas a los candidatos, carezcan de suficiente análisis y reflexión que nos lleve a denunciar e inmovilizar el trabajo médico utilizado como medio de control político del cuerpo.

 

 El abuso de orden racial y eugenésico, sobre los mexicanos que ingresan al vecino país por la frontera Ciudad Juárez – El Paso desde principios del siglo XX, es un fenómeno de control biopolítico y de eugenesia que ocurre bajo nuestras narices. Ni la sociedad fronteriza, ni el gobierno o instituciones internacionales han hecho algo para defender a los migrantes de estos abusos. Si algo podemos reconocer, que entre la frontera entre ambos países el lugar común es el de las fobias.

     Es importante para el conocimiento histórico-social de la región, la revisión de las prácticas de higienización por motivos raciales durante cruce en el puente internacional Santa Fe desde el enfoque regional, que permita comprender la relación ríspida entre ambos países.

     Es necesario reflexionar y revisar la trascendencia histórica y el impacto del movimiento migratorio masivo de trabajadores mexicanos hacia Estados Unidos, su migración influyó y sigue impactando en la vida económica y social de ambos países.

     Es preciso explicar, cómo es que en esta región, bajo los argumentos de protección a la salud pública, ha existido un control político del cuerpo de los mexicanos por medio del gobierno norteamericano, en el cual se aplican técnicas denigrantes y ajenas a la ética médica de nuestros tiempos, manuales de ética de la OMS, prohiben prácticas médicas indignas basadas en la sumisión del individuo, sin embargo no mencionan nada del uso de la medicina racial como método de eugenesia.

     Es urgente documentar las constantes en esta práctica de poder, destacando la falta de información acerca de lo que se va a realizar durante el examen médico que se exije a los mexicanos que buscan residir legalmente en los Estados Unidos y la indiferencia de tener o no el consentimiento del individuo, bajo el argumento, de que es un requisito indispensable e inapelable para concluir su trámite de solicitud de visa.

Puente Santa Fe hoy en día