Muhammad Ali no sólo fue un lanzador de golpes que podía tumbar a sus contrincantes en cuestión de segundos, sino también un gran hacedor de hazañas. Fue un negro guapo, y lo sabía bien, en una época en la que, como lo describió Jon Lee Anderson para Etiqueta Negra, los negros eran considerados feos y rebajados a nada por los blancos.

Fue un atleta que “voló como una mariposa y pico como una abeja” dentro y fuera del ring. Su talento y carisma no sólo lo llevaron a ser considerado como uno de los deportistas más importantes del mundo, sino a ser uno de los rivales más asiduos del racismo en los Estados Unidos.

Es por eso que en El Mexiqueño queremos recordarlo y guardar en nuestra memoria estas frases que lograron enmarcar su filosofía de vida.

Three Mornings With Muhammad Ali by John Stewart. The New York Times

El día que se convirtió en Muhammad Ali

“Cassius Clay es el nombre de un esclavo. No lo escogí. No lo quería.Yo soy Muhammad Ali, un hombre libre”.

Justo un día después de coronarse como campeón del mundo de los pesos pesados, decidió abandonar el nombre de Cassius Clay. Antes de la pelea, durante una entrevista, pidió que desde ese momento se le reconociera como Cassius X.

Su unión a la Nación del Islam sucedió de manera casi secreta. Fueron tres años en los que Muhammad Ali se mantuvo en silencio. Temía que su carrera como boxeador se viera gravemente afectada. En aquel entonces, los medios de comunicación satanizaban a este grupo, al creer que era altamente peligroso, como lo detallaría Jeff Nilsson para el Saturday Night Post. Así que cuando anunció su conversión, los medios reaccionaron como si se hubiera tratado de una traición.

Para él y para muchos otros, seguir conservando el nombre que sus padres le habían asignado, significaba seguir esclavizado, casi del mismo modo que sus antepasados. Fueron nombres con los que eran identificados como propiedad.

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El día que Muhammad Ali se coronó como campeón del mundo

“Odié cada minuto de entrenamiento,pero no paraba de repetirme: ‘No renuncies, sufre ahora y vive el resto de tu vida como un campeón”.

Con todo ese revuelo que Muhammad Ali había generado por su participación con la Nación del Islam, de pronto, su contrincante Sonny Liston –un hombre al que despectivamente se le tachaba de gorila- se convirtió en la esperanza blanca que le cerraría de una vez y para siempre la boca a Muhammad, pero no sucedió. En tan sólo siete rounds Sonny Liston fue derrotado.

Ese día, con 22 años de edad, una medalla de oro y 19 victorias al hilo, finalmente fue reconocido su gran talento.

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El día que rechazó ir a la guerra

“No voy a recorrer 10.000 kilómetrospara ayudar a asesinar a un país pobre simplemente para continuar la dominación de los blancos contra los esclavos negros”.

Cuando a Muhammad Ali se le cuestionaba sobre si participaría o no en la Guerra de Vietnam como todo buen ciudadano, respondía que la única pelea a la que siempre se sometería, sería arriba de un cuadrilátero, con sus manos como únicas armas. La invasión de Estados Unidos a tierras vietnamitas simplemente le parecía un acto innecesario. Se declaró objetor de conciencia, y de nuevo, se convertiría en el foco de atención.

El 8 de mayo de 1967, el Gran Jurado Federal de los Estados Unidos lo declaró culpable de deserción. Además, se le arrebató el título de campeón de los pesos pesados y su licencia como boxeador fue suspendida por casi cuatro años.

“Ellos nunca me llamaron negro, nunca me trataron mal, nunca me robaron”, decía. Con sus palabras lograba demostrar el desprecio y el resentimiento que tenía hacia su país. Un lugar al que ya no consideraba, o que tal vez nunca consideró, como un hogar.

Afortunadamente no fue encarcelado, lo que le sirvió para seguir continuando su vida como activista. Durante ese lapso, también se desempeñó como actor en el musical de Broadway ‘Buck White’.

Muhammad Ali en la victoria ante Sonny Liston. Cortesía de Boxing Memories

Todas las veces que luchó contra el racismo

“El boxeo es un montón de hombres blancos viendocómo un hombre negro vence a otro hombre negro”.

Con mucho esfuerzo, Muhammad Ali, además de lograr convertirse en uno de los deportistas más importantes del mundo, logró, parafraseando a Jon Lee Anderson, en la primera persona negra que verdaderamente alcanzó a ganarse el cariño de los estadounidenses blancos.

Dice Jon Lee Anderson:

“Fue boxeador, pero a fin de cuentas fue un reconciliador. Lo fue incluso cuando acusaba al negocio del box de ser herencia de las plantaciones de esclavos negros cuyos amos blancos los obligaban a pelearse para su deleite”.

Desde muy joven demostró ser muy curioso, se cuestionaba sobre todo. Sobre por qué todo era blanco, sobre por qué Jesús es blanco y con ojos azules, sobre por qué la gente se negaba a aceptarlo tal y como era.

En alguna ocasión contó:

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El día que conmovió al mundo entero

“Yo fui el Elvis del boxeo, el Tarzán del boxeo, el Superman del boxeo, el Drácula del boxeo. El gran mito del boxeo”. 

Ese día tuvo lugar el 19 de julio de 1996, durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de Atlanta. Había muchas expectativas sobre quién sería el encargado de encender la llama olímpica. De pronto, la gente se sorprendió al ver que la antorcha había sido entregada a Muhammad Ali.

El momento es indescriptible:

Muhammad Ali falleció el 3 de junio de 2016, y lamentablemente, estas líneas no son suficientes para describir la grandeza de este boxeador.