Escribir sobre feminicidio e impunidad en Ciudad Juárez va más allá de la fría danza del número de mujeres muertas y de la cantidad de años transcurridos a la espera de una justicia que no llega, de un problema que no se extingue y que a diario suma más víctimas.

Existen en la frontera norte una deuda de justicia y un sufrimiento social que se acrecienta con los años, feminicidio e impunidad se han traducido en un problema de lesa humanidad

deuda social
Justicia que no llega

Es hablar también de una deuda social, de más de 20 años de acumular residuos dolorosos, agónicos no solo de los vivos, sino también de las mujeres asesinadas: secuestradas, mutiladas, violentadas, sus cuerpos arrojados en lugares inhóspitos a ras del suelo, otras veces enterradas en cementerios clandestinos en el desierto de Chihuahua, por que eran mujeres pobres, nativas o inmigrantes.

Junto a la muerte de las víctimas está la otra muerte, la de sus familias, de sus amigos, de todos aquellos que son solidarios con el dolor perene, feminicidio e impunidad se ha traducido en sufrimiento social.

“Ellos han sido víctimas de tortura sicológica, les han mutilado sus lazos sociales, familiares y afectivos, desarticularon sus derechos, los arrojaron a la fosa común de los Derechos Humanos en México”

“Ellos han sido víctimas de tortura sicológica, les han mutilado sus lazos sociales, familiares y afectivos, desarticularon sus derechos, los arrojaron a la fosa común de los Derechos Humanos en México”, refiere Julia Monárrez , profesora investigadora del Colegio de la Frontera Norte (Colef).

 

 

Murales ambulantes

Los padres de las jóvenes asesinadas llevan colgados en el pecho los rostros de sus hijas. Las cargan a todas partes, se han convertido en murales ambulantes del dolor, identifica Monárrez.

murales ambulantes
José Luis Castillo

“Al mismo tiempo se convierten en la voz que irrumpe en lo público y en la voz que contrasta con lo que el Gobierno en sus tres niveles nos ha querido decir: que feminicidio e impunidad no existen, que es una leyenda negra, que ya todo ha quedado arreglado, que es cosa del pasado”, expone.

Feminicidio e impunidad que matan

Todas esas familias van muriendo poco a poco con un cúmulo de injusticias, se va creando en ellas una herida que no cierra porque no les han dado los elementos para cerrarla. Les hace falta la verdad, asegura, la justicia de resarcimiento, porque no hay reparación.

Feminicidio e impunidad
El grito permanente de justicia de la profesora Norma Andrade,madre de Lilia Alejandra García Andrade asesinada en 2001 (Foto tomada de internet).

Desacralización del cuerpo

Desde 1993 a la fecha aparecen en Ciudad Juárez cementerios clandestinos donde han sido arrojados los restos de las mujeres asesinadas. Algunos de los hallazgos, como los del Campo Algodonero, el cerro del Cristo Negro o los del Lote Bravo, se volvieron icónicos por la saña infligida a las víctimas y porque se convirtieron en bandera de la lucha contra el feminicidio y la impunidad.

feminicidio e impunidad
Deuda social

“Ya no estaban esos cuerpos en descomposición que se encontraban antes, así semienterrados, que revelaban todo aquello que les habían hecho, ahora no: solo había fragmentos, pequeños trozos de ellas que entregaron a sus familias”

Sin embargo a partir de 2008, en que Juárez estuvo sometida a la ola violenta de la guerra contra el narco y ocupaba el título de la ciudad más violenta del mundo, se registró un nuevo patrón feminicida, una violencia más sofisticada.

Las víctimas del Arroyo del Navajo no solo fueron desaparecidas y asesinadas, sus cuerpos también fueron desintegrados, explica Monárrez.

“Ya no estaban esos cuerpos en descomposición que se encontraban antes, así semienterrados, que revelaban todo aquello que les habían hecho, ahora no: solo había fragmentos, pequeños trozos de ellas que entregaron a sus familias”. En ese sentido se le despoja al cuerpo de lo sagrado, sostiene la investigadora.

feminicidio e impunidad
Peritos levantan restos óseos de 11 mujeres sacrificadas en el arroyo del Navajo, en el Valle de Juárez. (Foto: Hérika Martínez|Norte Digital)

“El cuerpo es sagrado y es sagrado desde cualquier religión, pero también desde las cuestiones jurídicas. No se puede tocar un cuerpo, no se le puede infligir sufrimiento y mucho menos matarlo”, dice.

Feminicidio e impunidad provocan que el dolor se acreciente en las familias de las víctimas porque ellos reclaman al Gobierno el cuerpo entero, porque “ese fémur, esa rodilla… no es la totalidad”.

feminicidio e impunidad
Paula Flores, mother of 17-year-old Sagrario González who was murdered in April 1998. On February 18, 2005, state police arrested José Luis Hernández Flores, a friend of Sagrario’s brother, and charged him with homicide. Hernández told the police that he had asked Sagrario to be his girlfriend but she turned him down. Later, he and a smuggler and another man kidnapped Sagrario, attacked her and disposed of her body in Loma Blanca, a desert area in the Juárez valley. In 2006, Paula’s husband, Jesús González, committed suicide.

Deuda social por feminicidio e impunidad

Existe una deuda social muy grande, una población que está en sufrimiento social, que ha sido despreciada. Tenemos una deuda muy grande con las víctimas del feminicidio, con sus familiares que buscan a sus desaparecidas, con niños y niñas en soledad por la orfandad, insiste la investigadora.

feminicidio e impunidad
Justicia que no llega

 

Una sociedad como la nuestra demanda una Comisión de Verdad y de Justicia, que los responsables de esas atrocidades sean llevados a juicio; esas prácticas violentan preceptos internacionales y deben ser consideradas crímenes de lesa humanidad, dice.

Todos lloran

También hay un sufrimiento que tienen las víctimas potenciales, aquellas que habitan en zonas de alta vulnerabilidad y de ahí son sustraídas, agrega.

No hay acciones de prevención ni de sanación. Mientras no haya justicia las heridas no sanarán y no sanan porque la vida no se puede interrumpir. Ante esa deuda social, del retraimiento de la justicia no solo llora un pueblo, una madre, una familia… también lloran sus muertas.