El Everest es considerado la cima más alta del mundo. Es un lugar en el que el sol no alcanza a calentar, la temperatura promedio  es  de -36º grados centígrados, pudiendo llegar hasta -60. A partir de los 8 mil metros, es imposible la aclimatación. El cuerpo deja de responder, y el único artefacto capaz de mantenerte con vida es un tanque de oxígeno.

¿Qué se supone que encuentra de satisfactorio el ser humano en el sufrimiento? ¿Acaso, con cada muestra de valentía, la vida trae consigo alguna recompensa? Probablemente no, pero el derecho a vivir como te plazca es algo que nunca nadie te arrebatará.

Hombre que sufrió accidente durante avalancha en el monte Everest. Foto: Roberto Schmidt

Según una investigación realizada por médicos del Hospital General de Massachusetts, publicada en la British Medical Journal y retomada por la revista Muy Interesante, se comprobó que el principal motivo por el que 212 personas han visto correr su suerte en el Everest, ha sido por el rompimiento de los vasos sanguíneos:

(…) la mayoría de los montañeros fallecidos mostraban síntomas como la confusión, la pérdida de coordinación física e incluso pérdida de conocimiento. Todo ello apunta al edema cerebral, es decir, la ruptura de los vasos sanguíneos del cerebro debido al exceso de altura. Sorprendentemente apenas se han registrado fallecidos por avalanchas o desprendimientos del hielo, especialmente en las últimas décadas.

Entonces, ¿qué necesidad hay de encararse a la muerte?  Para este cuestionamiento hay dos clases de respuestas: ‘¡porque es extraordinario!’ y ‘no quiero hablar de ello, ¡ha sido el peor error de mi vida!’. Ninguna de las dos logra convencer.

Según la alpinista mexicana Badía Bonilla, el alpinismo es esa cosa que pone a prueba las contradicciones del ser humano. No considera que se trate de un deporte ni mucho menos de un divertimento.

“No hay marcadores ni luces ni aplausos ni premios. A veces, reconocen, se sienten incomprendidos”.

Araceli Segarra, la primera mujer española en llegar a la cima del Everest, piensa que:

“Por llegar a 8.848 metros no tienes nada que enseñarle al mundo”.

Hay quienes han llegado a considerarla como una heroína. Y aunque ella no lo vea de esa manera, el destino intervino para que ayudara a salvar la vida de Beck Weathers.

El Everest y el hombre que sobrevivió

The Survivor Behind Hollywood's New Everest Flick
Beck Weathers, el hombre que se enfrentó al Everest

Beck Weathers es una de esas personas que ha tenido el atrevimiento de acariciar el sufrimiento, para morir y después unirse a la fila de la resurrección.

Sobre el inicio de su tragedia, recuerda:

“Recuerdo vagamente haber muerto el 10 de mayo (de 1996), cuando el frío me anestesió y fui desvaneciéndome poco a poco, sin saber entonces que iba a experimentar mi primera muerte. Al día siguiente, a última hora de la tarde, cuando el sol ya descendía hacia el horizonte, regresé de la muerte y abrí los ojos”.

Beck Weathers permaneció 36 horas sepultado bajo la nieve, y de un momento a otro, despertó. Antes de eso, ya lo habían dado por muerto. Su cuerpo yacía a lado del cadáver de una alpinista japonesa. Además de ella, fallecieron 8 personas más en ese día denominado como la “mayor tragedia del Everest”.

Para todos sus compañeros fue una sorpresa casi espeluznante haberle visto de pie, tambaleándose, en uno de los campamentos base.

Haber sobrevivido tuvo sus consecuencias: perdió su brazo derecho, dedos de su mano afortunada y la nariz. Necesitó injertos de piel en algunas partes del cuerpo. Recuperó su matrimonio que también ya daba por perdido.

El actor estadounidense Josh Brolin quien interpretó a Beck Weathers en Everest (2015) se expresó de esta manera cuando le cuestionaron sobre por qué alguien puede querer pagar para que lo lleven a una expedición tan peligrosa:

Le preguntan: “¿Pudiste comprender un poco por qué lo hicieron?”

No, pero tengo la sensación de que la pregunta es importante en la mente de todos. ¿Por qué hago esto? Ellos tratan de explicarlo a su manera, como nosotros tratamos de explicar nuestro proceso de actuación a los espectadores. Nadie realmente lo sabe, todos llegamos con diferentes anécdotas y frases de cabecera. Porque, ¿qué es esto? Nadie sabe muy bien por qué busca experiencias extremas. Quizá para desafiar a la muerte y sentir que puede evitarla.

Cuando hablo con Beck y otros escaladores sobre por qué hacen lo que hacen… muchos te dicen ‘porque es extraordinario’. Algunas personas no quieren hablarlo porque para ellos significa un error, pero para otros significa que si puedes llegar hasta allá antes de morir, entonces hiciste algo más que las otras 7 mil millones de personas.

En cuanto a Beck Weathers, lo describe como una persona formidable y luchadora.

Y Beck, con respecto a sus motivaciones, durante una entrevista al diario ELPAÍS respondió:

Las motivaciones por las que quise escalar el Everest eran muy diferentes cuando empecé a escalar respecto a cuando de verdad lo escalé. Mis esfuerzos iniciales en el montañismo fueron, en primer lugar, una combinación de superar mi miedo a las alturas y el desafío que eso suponía (…) Pero cuando llegué al Everest, había superado casi todo eso y llegado a un punto donde simplemente me encantaba escalar. Me encantaba estar ahí, me encantaba la gente y la cultura, me encantaba el desafío. Por supuesto estaba intentando completar el reto de las siete cumbres, y parte de la razón por la que se escala el Everest es para completar ese desafío.

¿En qué suceso de la vida cotidiana estamos libres de peligro? Es muy probable que en ninguno. Podemos sufrir una caída desastrosa al tomarnos una ducha; asfixiarnos con algún alimento; morir atropellados al intentar cruzar una avenida; perder alguna extremidad del cuerpo tras un accidente automovilístico. La vida está llena de riesgos. De situaciones que no estamos dispuestos a afrontar.

Cada una de las personas que han intentado llegar a la cima del monte Everest, lo han hecho bajo su propio riesgo. Una decisión que no depende de nadie más.

Es un hecho que nunca sabremos la razón por la que todas esas personas deciden arriesgar su vida. O por lo menos, como dijo Beck Weathers en alguna ocasión: “Si no aprendes nada después de haber muerto es que algo mal estás haciendo”.