ATodaMadre-tumblr

Las madres: aquellas personas que nos dieron la vida, que nos cargaron en su vientre por 7, 8 o 9 meses, las que se desvelaron cuando estábamos enfermos y bla bla bla. Ya todos nos sabemos el resto. No es que desprecie los esfuerzos, sacrificios y trabajo que hizo mi madre por mí, pero en estos momentos me atormenta y me emociona un hecho completamente diferente: lo mucho que cada día me parezco más a ella. No físicamente, si no mental. Me estoy convirtiendo en mi madre.

La cosa sería fácil si mi madre fuera una persona promedio, pero no lo es. A decir verdad y en pocas palabras, mi progenitora está completamente loca. Quiero que quede bien claro que amo a esta mujer más que a cualquier persona en el mundo, pero como periodista (y como persona completamente cínica y sinvergüenza) debo decir la verdad. Su nombre es Cecilia.

1888916_588208234588589_1111400196_o
¿Acabaré siendo mi madre o lo soy ya?

Muchas de mis amigas saben que se parecen a sus madres en cuanto a personalidad se refiere porque desde pequeñas comparten gustos y aprenden a ser como ellas y con el paso del tiempo, esos gustos en común hacen los lazos madre-hija sólidos y fuertes. Mi mamá, además de estar loca, resulta que es una caja fuerte. No recuerdo nunca que me haya contado qué era lo que solía jugar con sus hermanos o qué cosas la hacían enojar. Vaya, pa’ pronto, nunca supe ni su color favorito hasta bien entrada la adolescencia, cuando el resto de mis amigos sabían este dato de sus mamitas desde que tenían uso de razón.

Lo que hace más interesante el proceso largo y lento de descubrir quién diablos es mi madre, es la forma tan inesperada y puntual en la que muchas cosas  han salido y siguen saliendo a la luz.

Comenzando a descubrir a mi madre

Durante muchos años llegué a pensar que mi madre era un ente sin sentimientos. Nunca la vi llorar hasta que tuve 14 años y fue ahí donde comenzaron las coincidencias: ella lloró de puritito enojo. Su rabia era tanta que no podía ni si quiera articular palabras. Pasado el drama me di cuenta que yo siempre lloraba cuando el enojo sobrepasaba mis límites al grado de no dejarme hablar por lo incontrolables que se volvían las lágrimas.

‘’Yo lloraba de enojo cuando mi mamá me regañaba de manera injusta, así como tú conmigo, por ejemplo. Con el tiempo aprendí a controlarlo, porque es muy humillante. A la gente le da lástima cuando te pones a llorar y en realidad estás planeando cómo asesinarlos dentro de tu cabeza’’

La piel se me puso chinita, porque eran justo las mismas palabras que les decía a  mis amigas de la secundaria cuando les daba explicaciones y quería justificar esas horribles y humillantes lágrimas. No había forma de que mi madre se enterara de mis palabras. A este tipo de casualidades le siguieron otras y siguen hasta la fecha. Siempre pienso que me voy a acostumbrar pero simplemente no se puede. A veces son tan exactas las coincidencias que me da miedo y se me hiela la sangre porque me estoy convirtiendo en mi madre.

Por qué me estoy convirtiendo en mi madre

Un listado es la forma más rápida y concreta de resumir aquellas ‘’revelaciones’’ (como las he llamado) más importantes para puntualizar con exactitud el parentesco mental con mi madre.

Convirtiéndome en mi madre: imagen de la loca de los gatos
La loca de los gatos: ¿Un clásico del amor a los animales? / Imagen: cortesía de Los Simpsons

1.- Amo a los animales. Gatos, perros y roedores son mis favoritos. En preparatoria quería desesperadamente un cuyo, pero ella no me dejaba por que ya tenía un perrito. Fingí encontrar uno ‘’solito y abandonado’’ por la calle para que me dejara adoptarlo. Inesperadamente me dio permiso. Meses después, me contó que cuando tenía unos 12 años, adoptó a una rata bebé sobreviviente de una masacre perpetrada por mi abuela. Los roedores eran de sus animales favoritos.

color azul de la película la vida de alice
Azul: un color radical / Imagen: cortesía de rtve.es

2.- A los 16 años tuve mi primer contacto con el cabello de colores. Después de rogarle durante meses, me dio permiso únicamente de hacerme unos ‘’rayitos’’. Fui a la estética y probé por primera vez el adictivo placer del decolorante capilar. El color elegido fue el azul, que era mi predilecto. Cuando llegué a mi casa, ella me vio, sonrió ampliamente y dijo con dulzura ‘’el azul siempre ha sido mi color favorito. Qué bueno que escogiste ese color’’ y se fue a su cuarto. Ya podrán imaginarse mi rostro.

 

3.- Siempre me gustó bailar. Los que se encargaron de enseñarme fueron un par de primos. Existía la leyenda de que mi madre solía bailar como nadie; yo nunca la había visto. ‘’Tu madre se amargó y ya no le gusta bailar’’ decía mi familia en bodas, bautizos y cualquier tipo de evento social en el que hubiera una pista. Fue hasta mi fiesta de 15 años que la vi bailar por primera vez. Una amiga se acercó y me dijo que yo bailaba igualito a ella; que me había enseñado muy bien.

4.- Alguna vez tuve el sueño de ser rockstar. Más específicamente quería ser la cantante de una super banda de rock. Cantaba todo el tiempo; seguramente mi papá, mi hermano y mis mascotas llegaron a odiarme. La única instrucción vocal que había recibido había sido en la primaria en el coro de mi odiada escuela católica, en el que cantábamos durante las ceremonias religiosas y los concursos de canto de Himno Nacional. Un día tras una excelente noticia laboral, mi madre nos envió correos electrónicos a casi toda la familia. Recuerdo perfectamente el remate de ese mail del año 2009:

‘’Estoy tan feliz que en el camino de regreso me la pasé cantando a todo pulmón, tal como lo hacía cuando era niña en el coro de la iglesia’’

WTF?!?! Hasta mi elección universitaria…era la suya.

 

logoseptien Sin brillos

5.- Era el año 2012 y era momento de escoger una universidad. Mis decisiones me llevaron a escoger mi actual alma mater, la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Era el día de la ya tradicional ‘’plática informativa’’ para aspirantes y fui con mi padre y mi madre. Ella sonreía de oreja a oreja mientras subíamos las extenuantes escaleras de la Septién hasta el salón donde sería la charla; en ese momento creí que la decoración le estaba gustando mucho. Semanas después, el día que recibí la llamada de aceptación, corrí a decirles a mis padres. Ella sólo sonreía y finalmente me dijo: ‘’sabía que te iban a aceptar. A mí también me aceptaron’’. Pedí explicaciones como loca y ella riéndose me contó que también quiso ser periodista y que el edificio estaba exactamente igual que como lo recordaba.

‘’No te quise decir nada porque pensé que me ibas a querer llevar la contra como siempre. Quería que el hecho de estudiar periodismo fuera  tu decisión y no estuviera influenciada en lo más mínimo por mí. Yo también fui a la plática, hice el examen, me aceptaron y fui dos semanas a clases. Después lo dejé’’.

6.- Pregunta de rutina en comidas familiares para aquellos que parecen vivir en una soltería perpétua como yo: ¿y el novio para cuándo? Fuera de molestarme, ya estaba acostumbrada, hasta que un día mientras platicaba con algunas tías abuelas, a las cuales sus lenguas estaban sufriendo los efectos del tequila, me dijeron que era exactamente igual a mi madre a mi edad. ‘’Nunca tenía novio. Nadie la soportaba. Ni ella los soportaba. Ella prefería irse a emborrachar con sus amigos, bailar toda la noche y disfrutar. Se la pasaba diciendo que quería un novio y cuando lo tenía no le duraban más de una o dos semanas por que no los aguantaba. No le gustaba que estuvieran siempre detrás de ella o como chicle por todos lados. Era un reverendo desmadre y un novio sólo le iba a quitar esa libertad que tanto amaba’’.

Al menos con esto puedo culpar de mi soledad a mi madre y distraerme del hecho de que soy insoportable. Quien me conozca podrá pensar que en realidad estoy hablando de mi misma.

La odio con todo mi amor

Todas estas coincidencias son reales, aunque no lo parezca. Estas fueron las más impactantes en mi vida y de las que tengo más memoria, pero siempre descubro cosas que me conectan más y más con esa mujer. Encontrar libros en su cuarto que yo compré por mi cuenta (ni si quiera sabía que le gusta leer), poemas y dibujos guardados en cajas cuando yo creía que esa señora no tenía ni el más mínimo toque artístico y pensaba que esos talentos eran 100% míos, el reniego a asistir a un psicólogo porque ‘’es para gente débil’’, la terca frasecita de ‘’yo puedo sola’’ que saca que quicio a mi papá, la obsesión por la limpieza y el orden, la lectura compulsiva, el orgullo insufrible, el amor por el cabello corto, la crueldad de nuestras palabras cuando estamos furiosas (antes de que llegue el llanto), las incontrolables ganas de llevarle la contra a las personas, el querer demostrar que tenemos la razón y querer comernos al mundo son sólo una pequeña parte de las cosas que tengo en común con mi madre.

Hoy en día, con 22 años, ya tengo una idea más formal de quién es Cecilia y sin embargo aún puedo decir que no la conozco completamente y estoy segura que seguiré descubriendo quien es esa mujercita hasta el último de sus días. Ella es como un baúl de recuerdos al que le vas sacando cosas poco a poco y es tan grande, que piensas que nunca vas a terminar de desempolvar todas esas fotos, cartas, boletos de cine y pedacitos de vida. Y eso lo hace completamente fascinante.

Evidentemente, hay cosas que odio de ella. En realidad, también la odio. La odio con toda mi alma y me odio a mí misma cuando me descubro tomando esas mismas actitudes o costumbres que tanto aborrezco. Esos momentos son tan horribles y frustrantes que me llevan a la desesperación. ‘’Que asco, me estoy convirtiendo en mi madre. No quiero ser como ella’’.

Aunque hay días en los que la veo llegar del trabajo, cansada, harta y fastidiada pero con una galleta gigante en forma de corazón para mi. A veces llega con camisetas de mis bandas favoritas aunque ella las odie y odie que me las ponga casi diario o hay días en que llego de la escuela y encuentro una colcha nueva con estampado de flores en mi cama con una notita sobre ella que dice: ‘”Para que no te ponga triste que aún no puedas poner las florecitas en Facebook”.

No es una mala persona. Hasta me cae bien. Nunca he entendido cómo es que a una persona tan chiquita (ella mide 1.55 mts) le quepa tanto amor. Jamás he conocido a una persona más tenaz y persistente. No hay madre más consentidora ni cumplidora de caprichos. Trabajar duro por lo que quieres es su Padre Nuestro. Cecilia siempre dice que quiere que me convierta en mejor persona que ella pero no creo poder porque ella es la mejor persona de este planeta. Me estoy convirtiendo en mi madre y sólo espero no decepcionarla.