Futbol. Siempre ha sido tan polémico como la religión y la política, sólo que para algunos tiene menos importancia. Jorge Valdano, ex futbolista y entrenador argentino, lo dijo:

El futbol es lo más importante de lo menos importante.

Pero para su compatriota, Jorge Luis Borges, el futbol no era lo más importante de lo menos importante. Era estupidez pura. “El futbol es popular porque la estupidez es popular”. “La idea que haya uno que gane y que el otro pierda me parece esencialmente desagradable. Hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible”, dijo el autor de El Aleph y Fervor de Buenos Aires.

Redes sociales y futbol

En ciertas coyunturas, como las liguillas en México, los mundiales o algunos partidos entre equipos con una rivalidad marcada, las redes sociales empoderan a algunos de sus usuarios, quienes se vuelcan contra el balompié: un deporte para cabezas huecas, superficial, enajenante.

El futbol ocupa un lugar desmesurado en nuestras conversaciones, nuestras expectativas, nuestro imaginario: eso que solemos llamar nuestra cultura.” Ida y vuelta, Martín Caparrós, Juan Villoro.

En esta vorágine resulta muy sencillo compartir una imagen con un pequeño texto que demuestre inconformidad, sobre todo si la sentencia está sustentada algún “intelectual”, escritor o “figura culta reconocida”. Me ocurrió en una semifinal reciente del futbol mexicano (entre Pumas y América; no sigo ninguno). Una imagen de Borges con una de las citas de arriba apareció en mi timeline.

Pero: ¿En verdad esa persona que compartió la imagen sabe quién es Borges? Tal vez no.  Tal vez no sepa que justo el día en que la selección Argentina debutó en contra de Hungría en el mundial de Argentina 1978, al escritor de “La biblioteca de Babel” se le ocurrió dar una conferencia sobre la inmortalidad a la misma hora del encuentro. No, no lo sabe, puro esnob.

Las frases de Borges en contra del balompié siempre me han calado. No sólo porque lo considere el mejor escritor sudamericano, sino porque soy aficionado al futbol y no encuentro nada más banal que tachar de ignorantes a quienes se apasionan por un deporte. El mismo Valdano lo dijo: El futbol fue abandonado por los intelectuales.

Escribir de futbol es una de las muchas reparaciones que permite la literatura. Cada cierto tiempo, algún crítico se pregunta por qué no hay grandes novelas de futbol en un planeta que contiene el aliento para ver un Mundial. Dios es redondo, Juan Villoro.

Cuando este deporte fue traído a Sudamérica por los  ingleses, a principios del siglo XX, era una práctica de ricos; cuando se hizo popular fue de pobres, y hoy es de ignaros. Un deporte, muchos prejuicios. La palabra “ignorante” en la frase de Borges que aquel usuario compartió me causó tal enojo que corrí a mi repisa y recolecté los libros que tengo ahí sobre futbol. Un digno arrebato de cualquier niño berrinchudo. Mientras los hojeaba pensaba en las miles de historias que hay entorno a una pelota, y al mismo tiempo calmaba mi coraje.

Escritores pamboleros

Albert Camus, novelista, ensayista, filósofo y periodista francés, ha sido uno de los grandes intelectuales que abiertamente defendieron el futbol; pero no solo eso, también pisó la hierba fungiendo como guardameta. Y aún después de haber ganado el Premio Nobel, el autor de El extranjero afirmó que preferiría ser futbolista antes de escritor.

Estaba en lo de Camus, cuando de pronto apareció frente a mí un libro con pasta naranja: El fútbol a sol y sombra, del escritor uruguayo Eduardo Galeano. Uno de los grandes escritores que durante su vida intentó reivindicar el fútbol así, con acento, para que lea más fuerte, aunque se escuche igual.

Como todos los uruguayos quise ser jugador de fútbol. Yo jugaba muy bien, era una  maravilla, pero sólo de noche, mientras dormía: durante el día era el peor pata de  palo que se ha visto en los campitos de mi país, escribió Galeano.

En la mayoría de los casos los escritores que escriben del bien llamado “deporte más bello del mundo” han intentado practicarlo sin conseguir buenos resultados,  para beneficio nuestro. Gracias a esa circunstancia tenemos textos que pueden defendernos de los “intelectuales de Facebook” que piensan que el futbol es para ignorantes.

escritores que escriben sobre futbol

Caparrós, Villoro, Galeano, escritores del futbol. Foto: El Mexiqueño.

Males de los memes: se lee una frase de Borges y  se es borgiano. Se mira un partido de pambol y se es “inculto”.Sí, Borges fue y seguirá siendo un genio de la literatura mundial. Jamás reprocharía su obra, pero sí su repudio hacía el soccer; sí sus afirmaciones sobre la relación entre la popularidad del futbol y la popularidad de la ignorancia.

El fútbol es un deporte colectivo y, muchas veces, un espectáculo falsamente colectivo: en sus mejores días el colectivo sirve de fondo y red para que brille el héroe. Boquita, Martín Caparrós.

Así que la próxima vez que algún esnob comparta una imagen en contra del deporte que apasionó a Camus no te enganches: ve a una librería y ármate un libro relacionado con el futbol, sirve que te alejas de las redes sociales que solo provocan textos como éste.

El futbol depende del tiempo, los noventa minutos del partido y los que regala o inventa el árbitro, la duración de la temporada, los mundiales, la Champions. Fechas, cronologías, momentos que ordenan nuestras vidas.

También los libros se terminan, con la diferencia de que no se sabe si habrá otro. Balón dividido,  Juan Villoro.