Atravesada por el satanismo de los Rolling Stones, la historia del rock se llena de controversia antes de su institucionalización como banda en el año de 1962, además de guardar una historia de satanismo y rock que casi termina con su ascendente carrera en la década prodigiosa.

La historia por la que se les acusó en la cúspide de su éxito tuvo lugar en el año de 1969 cuando realizaban una actuación en el Festival de Altamont, que, en un principio, iba a ser un acto de agradecimiento a sus seguidores, quienes en pocos años los habían encumbrado, al grado de estar, ya por aquel entonces, a la altura de un Chuck Berry o un Elvis Presley.

Chuck Berry.
Chuck Berry.

Aquella mañana comenzó como un caos en la que cientos de jóvenes de diferentes estados de Norteamérica comenzaron a movilizarse hacia California, colapsando aeropuertos y carreteras, ya que el festival se había planeado en otro punto de dicho estado, locación prohibida por el alcalde, al grado de que los Stones tuvieron que echar mano de su abogado para que les consiguiera un buen lugar donde su gran bandada de fans pudieran arribar.

Momentos antes de que comenzara la mañana de ese trágico día, el abogado de los Stones logró el permiso de un espacio en el área de Altamont, la cual era un terreno baldío, casi una monserga en las que los ingenieros de audio tuvieron que amoldarse al espacio terregoso que los rodeaba, dejando como resultado un escenario tambaleante en el que una serie de bandas de la época desfilaron.

 

Ecos de Carlos Santana, Jefferson Airplane, The Flying Burrito Brothers, Nash and Young fueron los primeros en hacer historia en la escena de los festivales, bandas y solistas que se enfrentaron al infierno de los Hell Angels, grupo motorizado de jóvenes encargado de la seguridad del Festival, gracias a quienes acabó en desgracia.

Con un perfil muy similar al de ku kux klan este grupo de enfermos encargados de la seguridad del festival, terminaron asesinando a Meredith Hunter, quien tan sólo contaba con 18 años; Hunter se involucró en un altercado con uno de los Hell Angels, al grado de sacar un revólver para defenderse del acoso que éste comenzaba a ejercer sobre él.

¿El resultado? Meredith Hunter fue apuñalado 5 veces, al tiempo que lo patearon hasta que perdiera conciencia y la vida misma; la rola que sonaba en aquel momento era “Under my thumb”, muy “ad hoc” para el momento, además de sangrienta y cruelmente irónica.

Como el lugar estaba hasta el full, los Stones no se percataron del momento en que Alan Passaro asesinó a Meredith; sin embargo Richards ya había amenazado con cancelar el festival, gracias a que ya se había dado cuenta de los modos que los Hell Angels tenían para contener a los fans.

¿La paga de los Hell? La carga de cervezas de un camión expendedor –ya eso hablaba un mucho de lo que podría esperarse en materia de seguridad y de organización–.

El satanismo de los Rolling Stones

Satanismo Rolling Stones.
Satanismo Rolling Stones.

Aunque “Gimme Shelter” fue la canción en la que Meredith yacia en el suelo sin vida, seguramente quienes sepan de la tragedia ocurrida durante el Festival de Altmont, no podrán evitar saciar su sed de morbo y ese satanismo de los Rolling Stones a ecos de “Simpatía por el diablo”; pareciera imposible que entre esa multitud tan cercana a la banda, jamás dejaran de tocar.

“Uh, uh, uh…please to meet you, don´t you guess my name?”. ¿Habría alguna canción que pudiera definir mejor el satanismo de los Rolling Stones? ¡Seguro no! además de que podría enmarcar muy bien el cierre de aquella noche, truculento, sangriento, lúgubre: satánico.

¿Quién podría concebir tanta crueldad en una sola escena?. Inclusive un fan de hueso duro de roer, cuestionaría la actitud de los Stones ante la repentina muerte de uno de sus seguidores en el mismo suelo; sin embargo, el show continuó y el cuerpo de Meredith sólo fue cargado en una camilla hacia un destino panteonero, a un fin que nadie desearía ni a su peor enemigo.

¿Qué corte de satanismo de los Rolling Stones los mantuvo en ese trance?. Cualquiera diría que las drogas de las que todo mundo sabe que le entraban con entusiasmo singular, aunque ¿habría un toque de satanismo? Ya habían dejado morir en el abismo del olvido y de un supuesto suicidio a uno de sus jóvenes fundadores: Brian Jones.

Chicos malos, chicos malos, siempre con problemas con la ley, imagen que les armara su primer manager Andrew Loog Oldham, quien con tan sólo 16 años, ayudó en la creación de una de las más grandes leyendas del rock, entorno a las cuales hizo girar historias de alcoholismo, drogas, adicciones y claro, satanismo.

¿Final? Quizá jamás llegue, pues a la fecha la bandada de abuelos del rock continua ofreciendo conciertos alrededor del mundo, en los que dichas historias han pasado a ser parte mítica del halo que los rodea y por el que alguna vez ganaran por siempre el título de “Majestades Satánicas”.

Jamás nadie se salvó de su satánico encanto, ni siquiera la osada y punketoza Patti Smith, quien al verlos por vez primera, declaró que 5 minutos de sus imágenes lujuriosas le bastaron para mojar su ropa íntima. Así el azote de los Stones.

Aunque el resultado del disco “Their satanic majesties request” fue un gran fracaso del satanismo de los Rolling Stones en aquella época, sirvió desde entonces para relacionarlos con todo el rollo del diablo, los conjuros y hasta con historias en las que un supuesto cambio de sangre practicado por cada uno de sus integrantes se practicaba con cierta constancia hasta sus días. Ustedes ¿lo creen posible?