El Faro de Oriente es un modelo cultural disfrazado de escuela de artes y oficios, inaugurado en el año 2000 por el entonces Instituto de Cultura del Distrito Federal. A partir de ahí, nacieron cuatro Faros, entre ellos Indios Verdes y Aragón, ubicados en la delegación Gustavo A. Madero. Esta es la historia de las cinco demarcaciones más violentas de la Ciudad de México, con mayor presupuesto económico para este 2017 y que serán recordadas como las que ignoraron la cultura y a los jóvenes, también.

Una película se proyectaba en la plaza de La Aguilita, dentro del barrio de La Merced. Era ¡Qué viva México!, del cineasta Serguéi Eisenstein y entre sus espectadores había cargadores, pepenadores e indigentes. De fondo, una banda de jazz. “La gente reaccionó de una forma inmediata a lo que veía y escuchaba”, relata Claudia Ocampo, profesora del taller Videodocumental, en el Faro Aragón, quien presenció dicha escena.   

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Delitos de alto impacto por delegación, octubre 2017.

El barrio de La Merced pertenece a la delegación Cuauhtémoc, la cual registró -de enero a octubre de 2017-, el mayor número de delitos por cada 100 mil habitantes, con 459.5, de acuerdo al informe de estadísticas delictivas de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México.

La delegación Gustavo A. Madero, donde se encuentra el Faro Aragón, registró en el mismo periodo 1,940 averiguaciones previas, con el 12.3% en delitos de alto impacto (homicidio doloso, violación, secuestro, robo a transeúnte, a casa habitación, a pasajero dentro del metro, entre otros), un porcentaje que se acerca a lo que ocurre en delegaciones como Venustiano Carranza(14.5%), pero no en Iztapalapa,  con el 20.8%, el mayor índice de este tipo de delitos en la ciudad.

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La Merced es una de las zonas más violentas de la CDMX / Imagen: Cortesía terceravia.mx

De 3 a 6 de la tarde, atraparía personas. Las mamás dejaron a los niños dentro de la biblioteca, ellas esperan afuera. Hay maestros que no leen y les piden a sus alumnos que lean libros. ¿Cómo ganar lectores?, se preguntó la bibliotecaria. Abrió las computadoras en Word, Power Point, Excel. Comerían la vista a más de uno. Pero de 6 a 7 dejarían de hacerlo, porque sería el espacio para la lectura.

“Paramos el curso de computación a las 6…”, dice Martha Julia Cruz, de la biblioteca “Alejandro Aura”, dentro del Faro de Oriente, en la delegación Iztapalapa. “Son ganchos que tenemos que ir formando porque si tú le dices a la gente ‘Tenemos una presentación de un libro’, nunca vienen… Si los niños no ven a los papás o a la familia que lea, pues es difícil. Se educa más con el ejemplo que con la palabra”.

Las delegaciones con más averiguaciones previas durante 2016 fueron Cuauhtémoc, con 27, 838, Iztapalapa con 27, 263 y Gustavo A. Madero con 17, 766, las dos últimas con el mayor porcentaje de delitos de alto impacto, con 21.4% y 22.8%, respectivamente.

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Estas delegaciones contaron con el presupuesto asignado más alto para el 2017, aprobado por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. A la delegación Iztapalapa se le concedió 4,164 millones de pesos, a Gustavo A. Madero 3,571 millones y a la delegación Cuauhtémoc 2,832 millones. Dentro de los 15 programas sociales y culturales que suman las tres demarcaciones, ninguna plantea programas con un presupuesto definido para fomentar la lectura o el cine, por ejemplo.

Arte y cultura México: De lecturas a películas

Leer libros y ver películas quizá sean, junto a la televisión, las narrativas que más consumimos desde la infancia, aunque éstas últimas aparezcan antes de saber leer y escribir. Con estas narrativas nos educamos, nos relacionamos e incluso basamos ciertas aspiraciones. Es innegable que amplían la forma de ver la vida, con la creación de consciencia e incluso empatía.

En México, existe la ley de Fomento para la Lectura y el Libro, así como la Ley de Fomento al Cine Mexicano en el Distrito Federal. En una solicitud de información pública a las delegaciones con mayor índice de delincuencia durante 2016 y con mayor presupuesto para 2017 (Iztapalapa, Gustavo A. Madero, Cuauhtémoc, Venustiano Carranza y Benito Juárez), se les solicitó, en preguntas independientes, cuáles eran las acciones específicas para el fomento a la lectura y la promoción del cine mexicano.

Sólo respondieron la delegación Venustiano Carranza y Cuauhtémoc. La primera señaló: “Se implementarán funciones de cine en los espacios del Centro Cultural Carranza y Casa de Cultura Enrique Ramírez y Ramírez de manera cotidiana”. Sobre el fomento a la lectura resaltan que la Secretaría de Cultura entrega cajas de libros y revistas a las 24 bibliotecas de la delegación. Así como la promoción de la plataforma de préstamo electrónico de libros DigitaLee, iniciativa propia de la Secretaría de Cultura del gobierno federal.

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Cortesía Twitter @TodosporJalisco

La delegación Cuauhtémoc respondió que realizan exhibición de películas, documentales y cortometrajes, a través del ciclo cultural “Cine Debate” en Casas de Cultura, Centros Culturales. Así como promueven espacios públicos de la delegación para producciones cinematográficas nacionales. Sobre el fomento a la lectura, mencionan que llevan a cabo presentaciones de libros y revistas literarias, así como recitales literarios. No detallan dónde.

“El cine es una expresión artística y como tal cumple una función social. Comunica, une, cuestiona, siembra ideas en la sociedad. Crea cultura”, comenta el crítico de cine Alejandro Alemán, quien afirma la importancia de que el Estado apoye la producción cinematográfica, ya que una de sus funciones debe ser la promoción de la cultura.

De pronto, las calles de la ciudad se llenaron de promocionales “Lee 20 minutos al día”. Esta campaña del Consejo de la Comunicación Voz de la Empresas, donde actores, cantantes, deportistas y escritores aparecen en fotografías acompañados de una frase. Puede ser “Lo que importa está en tu cabeza”, aun cuando ellos aparezcan retocados en las imágenes.

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Cortesía leermx.com

Nunca se dice el por qué leer 20 y no 10 o 30 minutos. Asimismo, no existe ni un solo promocional de “DigitaLee”, la campaña de la Dirección General de Bibliotecas de la Secretaría de Cultura. Esta ofrece un préstamo electrónico de libros, la mayoría novedades que no circulan con precios económicos y aquí, son gratuitos.

Las calles también tienen jóvenes que roban, asaltan, venden drogas y secuestran. Creyeron en esto porque quizá nunca se les presentó la oportunidad de hacer algo distinto. Si hubo alguien que los guió para decirles que sus armas ser la violencia verbal y física, se necesita un guía que se acerque y les diga que eso no los llevará a nada, porque siempre dependerán de eso y no de un mundo de posibilidades. Afuera alguien lo intenta. Se llaman Faros.

Red de Faros: Historias de sueños y apatía

Hacia La Paz, la Avenida Zaragoza está inundada de vulcanizadoras. Una detrás de otra. Las torres de llantas descansan junto a mecánicos en la calle. Algunos platican entre ellos, otros sólo observan la avenida, con el cuerpo bañado en grasa, debajo de las lonas que tapan el sofocante sol que quema todo el cuerpo.

Ni las rejas verde pistacho que encierran árboles a lo largo de una cuadra completa, entre las estaciones del Metro Peñón Viejo y Acatitla, indicarían que existe otro ambiente en la colonia Fuentes de Zaragoza. Este rectángulo perteneciente a la delegación Iztapalapa, inquieta por la cantidad de basura en las calles y aparente abandono. Esa es la fachada de El Faro de Oriente.

A comparación de otras Fábricas de Artes y Oficios (Faros), como el Faro Aragón y Faro Indios Verdes, donde desde el exterior se percibe otra atmósfera, no sucede así con el trayecto para llegar a ellos. En los tres se debe caminar, por lo menos, 500 metros de la estación más cercana del Metro, o bien tomar otro camión para llegar. Pensar que los Faros se instalaron en los lugares más remotos, es considerar que si no existieran éstos sitios, las zonas brillarían por la ausencia de un espacio donde se reciba la cultura.

Las Fábricas de Artes y Oficios se plantearon como una oferta de promoción cultural para una población marginada. En una entrevista sobre la inauguración de El Faro de Oriente, en el año 2000, el entonces director de Desarrollo Cultural del Instituto de Cultura del Distrito Federal, Eduardo Vázquez –actual Secretario de Cultura de la CDMX y considerado creador de los Faros, junto al poeta Alejandro Aura- señala al diario La Jornada que el objetivo del Faro es “ofrecerles a los jóvenes una posibilidad de formación, ocupación y de expresión al mismo tiempo”. Los Faros buscan llevar la cultura y la educación a una sociedad que no ha tenido la oportunidad de acercarse a ella.

Una encuesta realizada por OCCMundial en 2016, señala que 8 de cada 10 mexicanos no se inscribieron a una universidad, ya que el 42% no pudo pagar una licenciatura.

Cómo la cultura cambia la vida de una persona

A Sergio Jiménez le gusta el rap pero dice que no puede encasillarse en un solo género. Sergio es ingeniero musical por El Faro de Oriente, aunque remarca que él no estudió música profesionalmente. Llegó al Faro desde el año 2000 y no ha parado de desarrollarse. “Yo al menos estuve haciendo cosas malas, y aquí llegue a hacer mis cosas: serigrafía, producción musical. Cambió mi forma de ser y pensar. La cultura sí cambia a la gente”, considera.

Claudia Amador piensa por qué la actitud de sus alumnos del taller de “Video documental”, en el Faro Aragón, sea distinta a la de sus estudiantes de una universidad privada. “No sé”, responde tras meditar unos segundos. “Me da muchísimo gusto ver su procesos, son personas muy comprometidas, generosas en su forma de aprender: son amables, cosa que no encuentras en las universidades privadas…”, comenta sobre los alumnos del Faro.

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Cortesía terrorteve.blogspot.com

Reyna es coordinadora de comunicación y difusión del Faro Indios Verdes. Está sentada en una banquita con una pierna debajo de otra y la misma comodidad que refleja, la transmite con el entusiasmo al hablar de seres humanos. “Gente que deseo ser artista y no pudo ir a una escuela, ahora puede ser artista. Ellos vienen y aquí cumplen sus sueños”.

Han vinculado las obras de algunos alumnos con el Museo Franz Mayer y el Centro Cultural España. Alumnos artistas que son personas reconocidas por el sueño buscado. “Es muy satisfactorio ver los resultados. Quizá no son enormes, pero el hecho de que integremos nuevas personas y te den las gracias, que te digan ‘Gracias a ti mi vida es diferente’, eso nos llena de mucha satisfacción”.

La vida real afuera de El Faro de Oriente

El Faro de Oriente parte de su clima, distinguible al entrar al acceso principal, donde se respira aire fresco, y se deja de lado los 100 metros que lo separan de la entrada, sin techo, para creer que es una nave insertada en otro planeta.

De los perros callejeros que resguardan el acceso principal y descansan cómodamente en el piso; a los niños que gritan y saltan por querer pintar; las mujeres que bailan Danza Afro; las chicas y chicos que hacen serigrafía; los adultos mayores que, en una sala con una pantalla de casi 60 pulgadas, ven la película El coronel no tiene quién le escriba, de Arturo Ripstein.

“Yo era delincuente”, dice el señor Julio César, debajo de un sombrero de pesca que le tapa el calor que arde en el estacionamiento de El Faro de Oriente. “Ahora trabajo, hago de todo. Recojo pet, hago trabajos de albañilería, plomería. Todo esto de aquí lo ordeno…”, dice al señalar hacia la basura y tablas que rodean uno de los rincones del estacionamiento. Junto a él, reposan dos bolsas de color negro.

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Cortesía pueblaonline.com.mx

“De los que están aquí (en el Faro), nadie me dice ‘¿te doy para un refresco?’ Y yo lo hago porque me gusta trabajar… Ve a ellos, hacen como que están jugando y ya están vendiendo droga”, añade refiriéndose a un grupo de adolescentes que platican en una banqueta, justo afuera del Faro. “Con trabajo, dale trabajo a la banda. Hacen esto porque es fácil y es lo que hay”, comenta sobre si la violencia se podría combatir con cultura. “Están jóvenes y sienten que no va a pasar nada pero todo en esta vida se paga”.

De acuerdo a la asambleísta Abril Yannette Trujillo Vázquez, una de cada 5 escuelas en Iztapalapa tiene al menos un estudiante narcomenudista.

“El adolescente camina por el techo, como si gozara de cualquier libertad y desapareciera toda ansiedad por caminar sobre 10 metros de altura”.

De pronto, uno de los adolescentes, delgado y con playera blanca de tirantes y shorts azules, ha subido hasta lo más alto del edificio de cartonería –junto al estacionamiento-, el cual rondará los 10 metros de altura. No camina, permanece parado y mueve su cabeza como si buscara algo que perdió. Otro de los adolescentes, junto a un policía del Faro, lo ven desde abajo, a la altura de la tierra. Los adolescentes se ríen. El policía no.

“Hasta que llegue la policía, lloren, los metan al tambo y ahí están las familias. ¿Qué culpa tienen las familias?”, dice Julio César. Entra un grupo de adolescentes al estacionamiento; unos con playeras de tirantes, otros sin playera y entre ellos, un niño de aproximadamente 7 años. Todos voltean hacia el adolescente con playera blanca de tirantes y shorts azules. Entre sorpresa y risa, se ven entre sí. El adolescente camina por el techo, como si gozara de cualquier libertad y desapareciera toda ansiedad por caminar sobre 10 metros de altura.  Demuestra que puede hacer cualquier cosa.

“Me acuerdo del maestro Jorge Ayala Blanco, que daba clases de cine en un reclusorio…”, comparte Claudia Amador. “Les ponía Canoa, Las Poquianchis… Ayala es un hombre muy provocador. Era muy divertido ver sus propuestas cinematográficas que no eran muy ortodoxas. Se planteó un cineclub con temas que podían integrar y exhibirlas en una sala de proyección del reclusorio”.

“El cine abre unas ventanas hacia dentro de tu vida, en tu corazón…” o hacia afuera, te pone en contacto con otras partes del mundo, con otro tipo gente, otras culturas, y te hace reflexionar sobre tu vida misma”

Sergio Jiménez cree que El Faro de Oriente podría manejarse de mejor forma, porque es posible y en algún momento fue así. “Antes había un personaje que salía a invitar a la banda… Les decía ‘¡Intégrense. Si les gusta, entren, si no, sálganse!’. Ahora a la administración les vale, si entras a un taller, está bien”.

Había conciertos y propagandas de éstos en las calles. “Hay gente nueva que viene y que vivía aquí y que no sabía que existía, creían que era una escuela. ¡¿Cómo la gente que vive aquí no sabe ni qué es esto?!”, exclama. Sergio lo atribuye a que la administración actual, comandada por el subdirector, José Luis Galicia Esperón, ve mucha gente en los talleres y prefiere limitar el espacio. Señala que ahora, si vas a un concierto en El Faro de Oriente, está casi vacío, sin patrocinadores, los cuales no les daban dinero pero les llevaban material.

Pienso en las palabras de Claudia Amador sobre la felicidad y el cine. Para ella, si el cine no te hace más feliz, te abre la posibilidad de ver que la vida es mucho más grande, con más opciones para vivir. “El cine abre unas ventanas hacia dentro de tu vida, en tu corazón… o hacia afuera, te pone en contacto con otras partes del mundo, con otro tipo gente, otras culturas, y te hace reflexionar sobre tu vida misma, el sentido que tiene vivir la vida que tienes, pensar las cosas que piensas”.

Veo la imagen del adolescente que sube a uno de los edificios más altos, mientras los demás lo miran. ¿Quiénes les han reducido a éstos adolescentes la posibilidad de ver la vida de muchas formas? ¿Cómo es posible que, justo afuera de El Faro de Oriente, aparezca esa otra realidad, que vive en el mismo planeta y es ignorada por el espacio que precisamente presume combatir la marginación? ¿Dónde está José Luis Galicia Esperón, subdirector del Faro de Oriente y Eduardo Vázquez, creador del Faro? ¿En sus oficinas? ¿En restaurantes? ¿En su casa? ¿Por qué llamarlo subdirector y no director? Quizá para no responsabilizarse tanto. O al menos nunca vi a José Luis Galicia Esperón en los pasillos. Menos supe dónde estaba su oficina.

El dilema de los Faros: sobrecupo y desinterés

¿No funciona el trabajo de las Fábricas de Artes y Oficios? De los cinco Faros, dos pertenecen a la delegación Gustavo A. Madero (Faro Aragón e Indios Verdes) y uno a Iztapalapa (Faro de Oriente), delegaciones que mantienen los índices más altos de delincuencia desde 2012, de acuerdo a las estadísticas delictivas que contabiliza la PGJCDMX.

Pese a que la creación del Faro Indios Verdes se remonte a 2010 y la de Faro Aragón a 2016, no debería ser excusa, menos con el Faro de Oriente, el primero en ser creado en el año 2000. Sin embargo, ¿dónde quedan las declaraciones de Sergio, que nunca estudió música y ahora es ingeniero musical? ¿O Reyna, quien señala que las personas van al Faro Indios Verdes a cumplir sus sueños?

Al resaltar los logros, también se deben ver las deficiencias del modelo. Y es que los Faros llegan a tener un sobrecupo de alumnos en sus talleres, comparado con el desinterés por asistir a ellos. Los propios miembros del Faro reprochan que las personas no asistan, ya que la promoción es suficiente y la gente no se interesa.

Por ejemplo, acerquemos a los adolescentes que juegan afuera de El Faro de Oriente pero, según Julio César, venden droga. ¿Cómo decirles que se sumen a algunos de los talleres cuando están saturados?

 

 

La secretaria María Elvira Castellanos, del Faro de Oriente, indica que cada vez hay más alumnado y cuando es la inscripción a los talleres, la fila es enorme. Cerca del estacionamiento del Faro, hay un comedor gratuito donde también va mucha gente, entre ellos jóvenes. “Vienen los chicos, y dices: ‘¿Por qué no se arriman aquí, a ver si les gusta algo y empiecen?”, comenta. “O ya se acostumbraron a no hacer nada y se les hace fácil”.

Sergio Jiménez señala la mala estructura de los talleres que no consideran a quienes quedan fuera. “Lo malo del sobrecupo es que mucha gente se apunta, pasa una semana y ya deja de venir. Si eran 20, quedan 10. Es algo que dices: ‘Mejor hubieras dejado a otro que en verdad iba a aprovechar el taller”.

¿Es esa es la vía para acercar a quienes se quedaron fuera? Si se les considerara en una lista de espera, quizá sucedería otra cosa. Ante la pregunta de si es una medida que realicen en los Faros, llamándoles por teléfono a los que se interesaron por tomar el taller, ninguno de los tres (Oriente, Aragón e Indios Verdes) tiene planteado algo semejante.

¿Para qué tomarlos en cuenta, si a un sector ni siquiera le interesa la cultura? Belén asiste al taller de Creación Sonora y lleva a su hijo al taller de Teatro, en el Faro de Oriente. Considera tanto la falta de acceso como el desinterés de la gente, aunque está más convencida de la última. “La gente no quiere leer un libro, o hacer cosas que sean recreativas, que les sirvan de otra cosa, que no sean la televisión, los videojuegos, los celulares, la gente está súper perdida en sus celulares…Son las dos cosas, pero más que nada es el querer venir a estos lugares, porque implica tiempo, riesgos, gastos de tus pasajes, pero en sí la convicción de la gente por querer venir y querer superarse”.

La bibliotecaria Martha Julia Cruz argumenta que no es una cuestión del Faro, sino de las personas, ya que la gente que vive cerca no lo visita.  “Vienen más visitantes de municipios como Neza, Texcoco, Chimalhuacán que los propios vecinos”, comenta. “Es el interés de la gente, tiene la difusión necesaria. Estamos por las redes, en todas las áreas salimos a las calles, tenemos una actividad: ‘El Faro en las calles’, para que la gente de otros lugares nos conozca, sale todo el Faro y llevamos actividades a esos lugares”.

Sin embargo, en ningún lado vi el anuncio de ‘El faro en las calles’. Ni en las instalaciones del Faro de Oriente, ni en su página web. Lo único es un programa de radio que lleva el mismo nombre y que subió RadioFaro a internet, de 2013 a 2014, el cual tiene un contenido basado en la irreverencia y el comentario de temas populares.

“Vivimos en una zona donde la gente prefiere ir a trabajar para tener dinero y comer el día siguiente, que ir a un evento cultural y mañana no tener qué comer”, plantea Reyna, del Faro Indios Verdes.

Acercar el cine desde la vida de la persona

La imagen del adolescente arriba de un edificio de 10 metros de altura, no sólo impresiona a sus amigos, sino que sería digna del argumento de cualquier película. Pienso que para acercar el cine, uno primero se debe identificar con él. Antes de considerar que se pueden crear historias, hay que verlas y sentir que nos hablan a nosotros.

¿Cómo una niña a la cual asesinan a su familia y hermano pequeño, aprende a utilizar un arma para vengarse como sucede en El perfecto asesino(1994), de Luc Besson? Porque el cine es capaz de mostrar historias atrevidas y de paso, decir que la violencia no lleva a nada.

El Faro de OrienteO está el ejemplo de Goodfellas(1990), de Martin Scorsese, quien no tiene reparo alguno en mostrar desde la primera escena también a un niño protagonista que desea ser parte de la mafia italiana: “Que yo recuerde, desde que tuve uso de razón, quise ser un gánster”, inicia la película para mostrar una historia de crímenes y vicios con consecuencias devastadoras. Por su “importancia cultural”, la película se resguarda en el Registro Nacional de Cine, de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

El crítico de cine Alejandro Alemán considera que hay una relación cine-violencia en la misma medida que hay una relación entre la vida humana y la violencia, ya que el cine es reflejo, no causa. “No creo que debamos pensar en películas ‘pro violencia’ y ‘anti violencia’. Si me preguntas no se me viene a la mente ningún título, o para el caso, todo el cine de superhéroes es pro violencia. No veo el caso de hacer esa clasificación. Tampoco creo que las películas violentas hagan a la gente violenta”

En ninguno de los talleres sobre cine (de cualquier Faro) se plantea el consumo o la proyección de películas. Entre los talleres con mayor demanda en el Faro Oriente aparecen los de cine, “Videodocumental” y “Producción de cine, tv y animación”, junto a los de literatura en nivel avanzado, como “Narrativa II” y “Poesía II”.

Violencia CDMX: ¿algo propio de Iztapalapa?

Iztapalapa fue la delegación con más homicidios dolosos en 2016, de acuerdo a las estadísticas delictivas de la Procuraduría General de la Justicia del Distrito Federal.

“La violencia no es sólo en Iztapalapa, sino ya está en las colonias más reconocidas”, dice Martha Julia Cruz. “Si nos dedicamos a hablar de Iztapalapa, sería en gran parte que tiene un gran índice de madres solteras que salen a trabajar para llevar el sustento y a veces a esos niños los cuidan las tablets, la televisión, las computadoras. Todo ese estrés va generando un clima de violencia, puede ser física o emocional”.

Algunos de sus habitantes reconocen la situación de la demarcación. “En sí, la delegación es complicada y fastidiosa”, dice Belén. “Hemos visto que en muchos lados hay delincuencia pero esta zona en especial sí es mucho conflicto”.

“Es Iztapalapa y la neta sí es violento, puede estar tranquilo como puede haber problemas”, dice Sergio Jiménez.

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Cortesía Vía eluniversal.com.mx

La secretaría María Elvira Castellanos cambió su horario de trabajo en El Faro de Oriente. Salía a las 9 de la noche. “Estaba de 3 a 9 y yo ya no quería salir de aquí. Ahora estoy de 1 a 7, ahora que se oscurece tarde puedo correr más tarde”, añade que muchos hablan sobre lo peligroso del puente de Zaragoza, el cual ella prefiere no cruzar, o del tianguis del miércoles.

“El miércoles pasado mataron a una persona por aquí”, cuenta. “Mi compañerito vive cerca y dice que cuando oyeron los disparos eran las diez y media, en la mañana. Cuando se asomaron ya estaba la persona tirada ahí. Y era el día del tianguis. Sí está pesadito”.

Las delegaciones más peligrosas de la CDMX

Los Faros no cuentan con apoyo de las delegaciones a las que pertenecen. De acuerdo a una página del Faro de Oriente, alojada en el sitio web de la UAM Azcapotzalco, se indica una colaboración entre la Delegación Iztapalapa y el Instituto de Cultura (actualmente Secretaria de Cultura de la Ciudad de México).

Para Sergio Jiménez sería esencial que existiera un verdadero apoyo de parte de la delegación. “Siempre falta material, difusión, apoyo de las mismas autoridades”, declara. “¿Cómo quieres convocar a la gente si no hay difusión? Una convocatoria para la gente que no ve las redes. Un cartel, una propaganda,  no está de más. Pero ya no lo hacen, porque no hay presupuesto, ideas o no lo quieren hacer”, añade que en ocasiones llega gente de la delegación al Faro de Oriente. “Yo no sé a qué vienen, dizque a supervisar, sólo están haciéndose güeyes afuera. ¡Pinten banquetas, reparen calles!”.

En una solicitud de información pública sobre los programas sociales, la Delegación Iztapalapa respondió en base a una lista de 10 programas: Poder Cruzar Seguro, Poder es Calidad de Vida, Poder con la Discapacidad, Poder Alimentario, Poder Graduarte, Poder Estudiar, Poder de la Diversidad, Poder Ganar, Poder Alcanzar la Meta, Poder Infantil. En ninguno señala el presupuesto destinado.

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Cortesía circuitouniversitario.wordpress.com

Reyna, coordinadora de Comunicación y Difusión del Faro Indios Verdes, desconoce cuál es el esfuerzo de las delegaciones. “Pues si nos vamos por la onda política, nosotros apostamos por la cultura como agenda de transformación social”, comenta. “La mayoría se va por colores, si hacemos eso a un lado, podemos hacer algo por estas zonas”, remarca que el apoyo de la delegación o de los partidos políticos siempre va condicionado y eso no le interesa al Faro. Por eso dejaron de poner el ring de lucha libre. Entonces los vecinos preguntaron y el Faro les explicó que la delegación Gustavo A. Madero se los había negado.

En una solicitud de información pública sobre los programas sociales y culturales, la Delegación Gustavo A. Madero respondió con una lista –con 9 hojas y la información de cabeza-, 62 acciones a realizar, dentro de ellas el desarrollo económico, como la “Promoción de inversión privada”, con un presupuesto de $256, 000. La más cercana a un programa social-cultural es “Apoyo a la educación”, con $112, 828, 794.

En el mismo sentido, la delegación Benito Juárez respondió con 46 acciones a realizar, muchas de ellas referidas a obras públicas, como Mantenimiento de Imagen Urbana con un presupuesto de $311, 211, 140.

Las más cercanas para un desarrollo social y cultural de los jóvenes son “Promoción de actividades culturales”, sin señalar cuáles, posee un presupuesto de $8, 956, 126, así como “Apoyo a la juventud” que tiene $1, 500, 000.

La delegación Cuauhtémoc que desecha su cultura

Caminar por la zona del Centro de la Ciudad de México, de la calle Hidalgo a República de Brasil es encontrar librerías y tiendas de películas, una detrás de otra. Es en el Centro donde quizás he comprado la mayoría de los libros y películas que tengo, a un precio muy bajo, desde $10, ya sea en las librerías de viejo de Donceles o las tiendas de películas de la calle Dolores o Eje Central. El Centro de la ciudad también es el lugar donde más se pueda encontrar piratería. De Tepito hasta el Zócalo, es posible comprar películas desde 5 pesos.

Sin mencionar que en esta zona hay incontables centros culturales como el Palacio de Bellas Artes, el Museo del Estanquillo, la Biblioteca México, la Biblioteca Vasconcelos, el Centro Cultural Xavier Villaurrutia, entre muchos más.

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Cortesía José Alejandro Adamuz

¿De qué sirve que toda esta cultura al acceso de las personas, en libros, películas y museos? Los únicos programas sociales de la delegación Cuauhtémoc, de acuerdo a una solicitud de información pública son los siguientes: “Adulto Mayor”, con un presupuesto de $31, 692, 000; “El Corazón de México Educa”, con $3,000,000; “Becas Escolares”, con $30,300,000; “Integración a Personas con Discapacidad”, con $12, 954, 000; “Primero las Jefas de Familia”, con $3,180,000 y “Pintura impermeabilizante, tinacos, calentadores solares”, con $6, 200, 000, para un total que suma 86,826, 000.

Lo anterior también sucede con la delegación Venustiano Carranza, que en el mismo tenor de la solicitud de información pública, respondió que los programas sociales son: “Apoyo a Jefas de Familia”, con un presupuesto de $ 9, 450, 000; “Servicios Complementarios de Apoyo a Personas con Discapacidad”, con $3, 650, 000, “Servicios Complementarios de Apoyo Social a Adultos Mayores”, con $6, 250, 000 millones de pesos.

Si hablamos de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, en la solicitud de información pública los programas oficiales para promover la lectura son las ferias del libro realizadas cada año (Auditorio Nacional y Zócalo). Resaltan el acceso gratuito, pero evidentemente al entrar, se comprará algo. Es raro encontrar la mayoría de libros a un precio barato. Quizá en el Remate de Libros del Auditorio Nacional, pero difícilmente en la Feria del Libro del Zócalo. Lo cierto es que ningún precio de estas ferias del libro se equipara al de las librerías de viejo.

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Cortesía fil.com.mx

“Las ferias de libro han sido rebasadas desde hace mucho. En la actualidad solo sirven como plataformas para satisfacer egos y ritos de pleitesía entre colegas. Es parte del lavado de dinero y conciencia de los gobiernos en turno”, opina Gerardo Piña, doctor en Literatura Inglesa.

En el mismo documento de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, añadió que apoya 280 Libro Clubes distribuidos en las 16 delegaciones de la Ciudad de México, a través de capacitación (diplomados y talleres; tertulias literarias, charlas con autores del Sistema Nacional de Creadores y participación en homenajes y Ferias del Libro). Durante el periodo de 2016-2017 el presupuesto asignado es de $3,850.000.00.

Las delegaciones ignoran a los jóvenes

Tal pareciera que para las delegaciones con mayor delincuencia en la Ciudad de México: Iztapalapa, Gustavo A. Madero, Cuauhtémoc, Venustiano Carranza y Benito Juárez, es más importante el apoyo a los adultos mayores, los niños, las madres de familia y las personas con discapacidad, que los jóvenes, quienes al ser marginados, ven en la violencia y delincuencia una vida en qué creer.

Es claro el total desinterés para este sector de la población, tan importante como los anteriores. En México, de acuerdo a CONAPO, hay 13 millones de personas mayores de 60 años. Según el Gobierno Federal, hasta 2016 había 37, 504, 392 de jóvenes de 12 a 29 años de edad, mientras que en el Distrito Federal hay 483 mil 45 personas con discapacidad, de acuerdo a cifras de 2013 del Instituto para la Integración al Desarrollo de las Personas con Discapacidad del DF

Ahora, resulta poco sensato que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal asignara el mayor presupuesto económico a las delegaciones más violentas del último año. Principalmente, por la forma en que lo han distribuido para problemáticas sociales que, por ignorancia, han hecho a un lado y, sin embargo, determinan más el día a día de las calles de la Ciudad de México, las cuales podrían inicar su combate a través de naves de cultura, libros o películas que les muestren que hay otra vida en qué creer.