La  problemática actual del periodismo, sus tendencias y perspectivas,  sus rumbos futuros, tienen que observarse en tres principales vertientes.

  1. La vertiente tecnológica que contempla los inconmensurables avances de la revolución tecnológica que día a día  nacen y caducan a una velocidad inimaginable hace 20 años.
  2. La vertiente histórico-social: el periodismo como proceso de información y comunicación masiva, como una forma de relación entre los distintos grupos sociales en tiempos y espacios determinados históricamente. Y,
  3. Las interacciones y los choques entre las dos vertientes que han dado nacimiento a nuevas visiones sobre el proceso comunicativo y acusan, ya, consecuencias en el lenguaje, la conducta y formas de vida humana -para bien y para mal- de alcances aún insospechados.

Hoy, el mundo del periodismo está consternado y los gremios se preguntan si el llamado Cuarto Poder desaparecerá entre las garras de la WEB o, por el contrario,  ésta potenciará su influencia hasta hacerse irreversible y de un gran beneficio para el mundo de las comunicaciones

Y así, mientras los periodistas de mediados del siglo XX se truenan los dedos creyéndose o sabiéndose desahuciados, los periodistas jóvenes apuestan a la velocidad de los iphone para descargar sus aplicaciones y enviar sus primicias al medio en una interminable carrera contra el tiempo; crear su propia página o usar las plataformas digitales para la realización de innumerables tareas periodísticas.

Fake news amenaza para la ética periodística
Gif cortesía/ extrasleepy

Por su parte grandes grupos y estratos de la sociedad en todo el mundo se solazan en un mar de informaciones, unas falsas (fake news) y otras verdaderas que han transformado el lenguaje y las relaciones humanas en una moderna Torre de Babel.

Lo anterior representa sin duda un severo rompimiento de los esquemas  de la actividad periodística  clásica –escrita- y sus relaciones con la sociedad, con los poderes estatales, políticos y económicos y al interior de los propios medios.

Todos los esquemas planteados en materia de comunicación periodística parecen disolverse frente al fantasma real de la automatización de las noticias, la piratería de los contenidos, la dificultad cada vez más patente para proteger a las fuentes informativas, los hackeos, la vigilancia de los gobiernos  y las organizaciones criminales sobre los  medios informativos y los usuarios digitales.

Si a lo anterior se le suma la voraz competencia entre los capitales invertidos en el mercado de la información y el control de sus contenidos, así como el uso cada vez más frecuente de la red para cometer ilícitos, actos abominables de difamación y escarnio, desahogos y frustraciones que pueden permanecer impunes, entonces los desarrollos digitales que debieran servir para tener mejor informadas a las audiencias, se convierte en una  pesadilla cotidiana.

Por su parte, el crimen organizado se ha convertido en fuente de noticias espeluznantes tanto para los diarios impresos como los digitales. Muchas de ellas,   ocupan ya, más de la mitad de sus espacios para informar sobre  hechos delictivos, relegando la información relevante para el desarrollo humano a pequeñas notas de páginas interiores.

Tal es la incertidumbre, que algunas corrientes de periodistas se están planteado regresar a las formas clásicas de hacer periodismo. Y, todo ello no tendría ningún problema de no ser por la despiadada competencia que bajo las economías globales se da en todas las actividades  mercantiles incluida la periodística. Desde luego que hoy, ningún periódico y reporteros que laboren bajo los esquemas  que hicieron famoso al cuarto poder de mediados del siglo XX, podría competir con los tiburones informativos y las agencias noticiosas que cubren todos los espacios informativos habidos y por haber.

Aún con todo esto en contra, se abre paso  el periodismo crítico que navega  a contracorriente en un proceloso mar plagado de tiburones, porque dependen de los fondeos de lectores que si bien abogan por noticias veraces y oportunas no están dispuestos a pagar aunque sean cantidades simbólicas para que eso sea posible.

Las sociedades modernas, se debaten entre dos formas principales de hacer periodismo uno que pretende recuperar su capacidad para ser un contrapoder de periodismo crítico, sea por la vía escrita, sea por la digital. Y otro, que permanece imbricado a la pesada maquinaria estatal llamado periodismo oficialista, porque depende de los recursos públicos para subsistir, sea en forma legal a través de la venta de inserciones pagadas por el gobierno o por particulares, sea de manera ilícita a través del famoso embute o chayote, el cual dicho sea de paso es muy difícil  de probar en un tribunal pero es fama pública que se practica en México, desde hace muchas décadas.

Por otra parte, resulta lamentable que el periodismo de investigación crítico que empezaba a emerger con fuerza a finales del siglo XX  y comienzos del XXI como una opción de auténtico periodismo de contrapoder, hoy sea, junto con sus periodistas y reporteros el más amenazado por los gobiernos y por el crimen organizado.

Otro riesgo del periodismo moderno que se conduce por el rumbo digital, es su condición efímera: Lo que hace un rato era noticia ahorita ya no lo es. Lo que ayer era verdad hoy es mentira o viceversa. Pero, aun siendo verdadera o falsa la información digital, no queda escrita. Por eso, no tan solo el periodismo está amenazado de muerte sino también la memoria de los pueblos si los sucesos no quedan plasmados en el papel.

Cuando comenzó a digitalizarse la información, se pensó que esta era una forma más segura y duradera  que el papel de conservar los archivos. Hoy no se está tan seguro sobre todo si los lectores de archivos, los servidores y almacenes de información como la “nube”, se convierten en instrumentos de control, espionaje y fuga de información como ya ha sucedido en diversas partes del mundo.

Por ello, el periodismo irá hacia donde vayan las relaciones sociales, independientemente de si es escrito o digitalizado. Y, su positivo o negativo uso, dependerá de lo positivo o negativo de esas relaciones. Si éstas avanzan y se humanizan, el periodismo avanzará y se humanizará, tanto el clásico, como el cibernético; si se estancan, su labor se estancará; y si se siguen deteriorando y corrompiendo, el periodismo sufrirá la misma suerte.

Por hoy, lo que se observa como una opción real de auténtica información con todos sus bemoles, es el periodismo de investigación-crítico, sea escrito o digital, porque hace uso de la tecnología como herramienta eficaz para comunicarse rápidamente con sus lectores y no tiene que depender de dádivas o relaciones de chantaje gubernamental o privado, aunque si padece la gran desventaja económica, que requiere para subsistir, pero también es verdad que este periodismo aún a contrapelo de los monopolios se ha desarrollado en las sociedades modernas porque con ese espíritu nació el periodismo en la historia y existen fuertes corrientes en México y el mundo que día a día trabajan para que este no perezca. En México podemos hablar hoy de  Animal Político y Aristegui Noticias solo por mencionar los más emblemáticos y profesionales en México, aunque no se descarta la existencia de otros.

 

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“Moral y política”
Lic. Francisco Javier Acuña Arias
Doctorando en la Universidad de La Laguna
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