¿Y qué fue de Dogma 95? ¿Dónde terminó aquella vieja/nueva ruptura con las formas del cine comercial?   ¿Cuándo fue que el séptimo arte se convirtió en maquila de superhéroes infantiloides?

Vayamos por partes

Ruptura: Acción y efecto de romper o romperse. Así es como la Real Academia Española (RAE) define ésta palabra, sin embargo puede tener otros significados como la separación sentimental entre dos personas o un cambio trascendental. Quedémonos con ésta última idea de ruptura.

Las rupturas se pueden dar en diferentes contextos y magnitudes. Sin ir muy lejos, la sociedad mexicana atraviesa un periodo de ruptura que ha derivado en cambios de hábitos informativos, conducta, pensamiento, entre otras actitudes que van encaminadas a buscar una nueva forma de hacer las cosas y salir de ese modelo de repetición que necesita ser renovado. Algo similar pasa en las artes, específicamente en el cine.

Hollywood: ¿una industria en decadencia?

El cine se ha manejado como una industria basada en la masificación de contenidos que en pocas ocasiones tienen aportes artísticos. Esto no quiere decir que todo lo masificado tenga poca calidad, al contrario. Hollywood le ha dado a la humanidad joyas como Ciudadano Kane de Orson Welles o Casablanca de Michael Curtiz, obras que han trascendido y están al alcance de las nuevas generaciones. Sin embargo, siempre llega un momento en que las fórmulas se repiten y las películas empiezan a parecer iguales, con los mismos actores, las mismas estructuras narrativas y estilísticas porque lo importante es recuperar la inversión económica y alimentar a la industria.

Si bien la industria responde a lo que el público pide, siempre estarán quienes la cuestionen y propongan nuevas formas de hacer cine, quienes den paso a la ruptura. A menos que alguien diga lo contrario, han pasado 21 años desde que el cine presenció su último intento de cambio gracias a Dogma 95, corriente que como todos los movimientos y vanguardias surgen en consecuencia del contexto social donde se gestan.

La inesperada ruptura o Dogma 95

El Dogma danés de 1995 fue inaugurado oficialmente el 20 de marzo del mismo año por el cineasta Lars von Trier quien aprovechó la celebración del centenario de la primera proyección cinematográfica de los hermanos Lumière para dar lectura al Manifiesto de Dogma 95, redactado por él y el también cineasta Thomas Vinterberg, que funcionó como un “voto de castidad” para quien decidiera participar en ésta nueva propuesta y dejar de lado a la industria estadounidense.

La comuna, trailer del más reciente film de Thomas Vinterberg

Para que una película fuera considerada parte de Dogma debía cumplir con las siguientes características: el rodaje debía realizarse en exteriores, el sonido no debía ser producido a parte y no podía agregarse música a menos que estuviera dentro de la escena, filmarse con cámara en mano, la película debía ser a color sin iluminación especial, sin trucos ni filtros, no acción superficial (armas, situaciones violentas sin justificación, etc.), sin cambios temporales o geográficos, no se aceptaban películas de género, debía estar filmada en 35 mm. y el director no debía aparecer en los créditos.

Manifiesto Dogma 95

Dogma 95, un manifiesto que cambió el cine / Imagen: captura de pantalla.

Este último punto del decálogo obedece a la necesidad de ir en contra del cine individualista que se había popularizado y en el que sólo se reconocía a las grandes personalidades. La cinta debía ser reconocida por sí misma, por lo que contaba y todas las personas que habían colaborado para su realización debían tener el mismo valor. Así como en su momento la Nueva Ola Francesa comenzó a abogar por el director para dejar de lado el Star System, Dogma buscaba romper nuevamente con esa idea.

Lars Von Trier, el hombre detrás de Dogma 95

Lars Von Trier, la cara más visible (y polémica) de Dogma 95 / Imagen: celeb-true.com

Para Dogma 95 el dramatismo ya no tenía lugar en el cine, le resultaba falso hacer una reinterpretación de las emociones. Tal como lo leyó von Trier durante el anuncio del manifiesto:

“Hacer que la vida interior de los personajes justifique el argumento es demasiado complicado, y definitivamente no es un arte auténtico. (…) El resultado es estéril. Una ilusión del patetismo así como la ilusión del amor”.

Los ojos del mundo se volcaron por primera vez al cine danés. El primer Dogma fue La celebración de Thomas Vinterberg y el segundo Los idiotas de Lars von Trier, ambas llegaron a competir en 1998 por la Palma de Oro en Cannes sin obtener reconocimiento alguno, sin embargo, el mundo ya sabía que en Dinamarca se estaba haciendo algo nuevo en cuanto a producción cinematográfica. Es así como el Manifiesto empezó a tener repercusión en lugares como Francia, Estados Unidos y Latinoamérica, incluido México. El único Dogma latinoamericano reconocido fue Fuckland (Dogma #7) realizado por el argentino José Luis Márques en 1999 que cuenta la historia de un argentino que visita las Islas Malvinas para intentar recuperarlas ya que están bajo control inglés. Su plan consiste en embarazar mujeres inglesas para que tengan hijos argentinos que luego decidan reincorporar las islas a Argentina.

En total, se realizaron cerca de 300 cintas con la idea de seguir el Manifiesto pero no todas cumplían con lo establecido en el decálogo al pie de la letra. Es así como en 2002 deciden que Dogma 95 debía llegar a su fin con la siguiente declaración:

“El manifiesto Dogma 95 se ha convertido en una fórmula genérica, lo cual nunca fue nuestra intención. Como consecuencia de ello detenemos nuestra mediación e interpretación de cómo hacer films Dogma y cerramos el Secretariado”.

Las contradicciones de Dogma 95

Dogma cayó en una contradicción, todos querían hacerlo y se estaba industrializando. Si bien no es equiparable con una Nueva Ola Francesa o un Neorrealismo Italiano dada su trascendencia histórica, Dogma 95 llegó en un momento donde parecía no haber otra cosa que Hollywood y sus grandes personalidades noventeras. Aquel movimiento le devolvió la esperanza a muchos que era posible hacer cine de calidad, en especial a quienes no tenían el respaldo de una gran productora cinematográfica. Fue un breve respiro para la industria.

Han pasado 21 años y seguimos viendo las mismas fórmulas con nuevas caras y nombres. Los nuevos cineastas deben luchar contra las distribuidoras para exhibir sus trabajos. Quizá entre esas cintas que no llegan a los grandes complejos haya alguna con una nueva propuesta visual o narrativa y tal vez sólo sea cuestión de tiempo para que llegue ese nuevo respiro, esa nueva ruptura.