La información no sólo se expande por internet de manera intangible. Con el fin del intercambiar archivos en el único espacio realmente público: la calle, el movimiento Dead Drop está expandiéndose por todo el mundo.

Esta iniciativa la inició hace seis años el alemán Aram Bartholl, quien se dedicó a instalar miles de USB por el mundo; comenzó colocando las cinco primeras en Nueva York y después expandió su proyecto por ciudades de todo el mundo. La información física nunca había estado tan expandida por todos lados.

Dead Drops

Dead Drops

Bartholl animó a que otros escondieran sus memorias y para ello colgó una serie de instrucciones en su web, en las que además se pide que avisen sobre la localización de las mismas.

Sin necesidad de internet, persona a persona y de manera anónima comparte música, libros, fotos, documentos, videos, noticias, cualquier tipo de información que pueda ser introducida en una USB.

La expresión dead drop forma parte del método secreto de los espías: permite que dos personas involucradas en una misma misión puedan intercambiar información utilizando un lugar secreto, sin necesidad de reunirse personalmente.

Los dead drops se instalan en las paredes.

Los dead drops se instalan en las paredes.

Ese fue el concepto que inspiró a Bartholl en octubre de 2010, cuando decidió “instalar” su primer USB, camuflado en los ladrillos de una pared neoyorkina.

El riesgo, admite Bartholl, es que, al descargar el contenido del USB en nuestra computadora, acabemos contagiando nuestro sistema con algún virus malicioso.

El proyecto está teniendo una gran aceptación, ya que se contabilizan más de mil 600 memorias escondidas con un volumen total de casi 12 mil gigas de información. Bartholl anuncia los nuevos dispositivos escondidos a través de su cuenta de Twitter y actualiza el listado de ciudades en su web.

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En México existen 4 Dead Drops: 2 en la Ciudad de México; la memoria #1106 camo-deaddropb se encuentra en la calle Magnolia #12 en la Magdalena Contreras y la memoria #889 Bondage Fairies está en la calle Hambrugo esquina con Génova de la Zona Rosa.

Una en Veracruz, la USB #1509 Kiwix Drop está instalada en la Biblioteca San Ignacio de la Llave en Poza Rica y otra más en San Luis Potosí, la #1230 Epona_II en el Parque Morales.

Según el propio artista, esta iniciativa no vulneraría la ley de propiedad intelectual y su único riesgo sería que algún usuario comparta códigos maliciosos a través de sus memorias.

El riesgo, admite Bartholl, es que, al descargar el contenido del USB en nuestra computadora, acabemos contagiando nuestro sistema con algún virus malicioso.

“Es parte del concepto y parte del juego. En general, todo el mundo es responsable de la seguridad de sus ordenadores y sistemas”.

Advierte en el apartado de “preguntas frecuentes” de su sitio web. “¿Es internet un lugar seguro? Las memorias USB con código malicioso son un problema general”, agrega.

9c160-chiavetta10-1Otro de los riesgos que se mencionanen la página web del proyecto, son las probabilidades de “vandalismo físico” de los USB. En cuyo caso, aconsejan, lo mejor es “instalar un nuevo dispositivo en una ubicación diferente”.

Por último, existe  el riesgo de que llueva, por lo que es mejor “buscar lugares menos expuestos a las inclemencias del tiempo, como muros protegidos por tejados o similares”.