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Una madre distraída implica serias repercusiones en la vida de cualquier hijo. Hay de distracciones a distracciones pero corrí con suerte de que la mía, a pesar de vivir en una nube, jamás se olvidó de mi hora de salida o de que no había comido en todo el día. Hay de distracciones a distracciones, una cosa es ser indiferente y otra cosa es ser distraído, diferencias abismales los separan.

Mi madre no recuerda dónde dejó las cosas o los momentos en los que pedía los permisos de salidas con tiempo y nunca a última hora, cambia conversaciones y olvida fragmentos. Mi madre olvida pagar las cuentas a tiempo, deja prendida la radio todo el día o pierde los estados de cuenta del banco. Se distrae en su mundo interno que nadie sabe cómo funciona. Sin embargo, jamás me ha faltado nada.

Mi madre despistada en una imagen de niña

Mi mamá despistada también fue niña

La madre despistada que siempre fue así

Mi madre siempre fue así; pasaba los días de su niñez en el patio de mi casa, entre árboles y flores, comiendo frutos caídos y silbando suave, soñando con ser un mirlo. Ese sueño de infancia ha acompañado a la mujer de tez cálida y semblante de tempano que es hoy. Mi madre puede gritar como un ogro enloquecido y horas antes mantener conversaciones con mirlos a las seis de la mañana.

Tengo una colección de intercambios musicales entre ella y los mirlos primaveras que visitaban nuestro patio, madrugadores por excelencia, madrugadores al igual que la mía madre. Desde la cocina, imitando el silbido del ave, conversando con esas voces anónimas escondidas entre hojas de naranjos como preludio al regaño que nos esperaba porque ya se nos había hecho tarde.

Mi madre también se convierte en géiser. Al igual que estos, es un fenómeno extraño de fríos y calores, de magma y agua, explosión y calma. Nunca se sabe con ella. Un sí puede tener más intenciones de no y un no puede ser un sí seguro disfrazado de negativa. Sus explosiones causaron terror entre mis amigos por largo tiempo pero como raro fenómeno natural, terminó agradando a todo el que la conocía. Mi madre es de esas madres que todos quieren.

Imagen de mi madre despistada

Mi madre despistada en fase divertida

Hay una definición que me regaló Google sobre el ser distraído: persona que hace pasar el tiempo de manera agradable. Mi madre, sinónimo de distraída, ha sido eso a lo largo de mi vida. Sus distracciones podrán haberme impactado con peleas terribles entre ella y yo por quién tenía o no la razón. Frustraciones constantes, porque, al ser la mamá, gozó de la ventaja de que ya sea sí o no siempre tenía la razón.

Pero esas distracciones también dejaron huella de las formas más hermosas en mi memoria. Como cuando la accidental radio siempre encendida en la cocina embargaba con violines, pianos y alientos toda la casa cual poesía entre los silencios de la ausencia de personas que escucharan; como cada mañana rumbo a la escuela, cuando apreciar un amanecer era necesario para seguir el camino o la enseñanza de  voltear al cielo cada que la luna brillaba fuera de lo normal. Crecer con una madre distraída te hace apreciar los detalles escondidos de la cotidianidad.

Ventajas y desventajas de una madre distraída

La distracción de mi madre también me preparó para cualquier acontecimiento. Crecer con una madre distraída es abrazar el desastre, el caos, y estar preparada para solucionar cualquier cosa. Ella, siempre lista con la reacción perfecta dependiendo la emergencia. La distracción no puede existir sin un backup: emociones y acciones adecuadas para encontrar soluciones inmediatas que nos saquen del pantano. Hay que ser distraído de manera responsable.

Madre distraía de paseo

Mi madre distraída paseando feliz con sus hermanas

La distracción es contagiosa, por eso mi madre siempre me comparte sus remedios, el más importante: una libreta donde anota cada pensamiento, tarea, cita y acontecimiento importante que no debe de olvidar. La hoja en blanco le llegó con el amor a mi padre pero lo que comenzó siendo un diario de amores, se transformó en eterno acompañante que le permite una vida ordenada y funcional.

Otra parte fundamental de los seres distraídos es el humor. Mi madre me enseñó a reírme del mundo y de mi misma con sus imitaciones de personas que amenizaban y creaban carcajadas entre los comensales satisfechos de las sobremesas. El humor en este caso, no es reírse de las desgracias y ser indiferentes sino aceptar nuestra humanidad y con ella los errores que podemos cometer. Reírnos es perdonar al pasado, adentrarnos en un estado de relajación como antesala de mejorar lo que fuimos y enmendar amigablemente nuestros errores.

La madre distraída y su marido

Madre distraída, padre enfocado

La distracción de mi madre la ha llevado a mantener largas conversaciones con extraños. Su atención es desviada constantemente por personajes callejeros que terminan volviéndose cercanos. Mi madre puede saber en dónde vive la señora de la esquina que vende vegetales, cuántos hijos tiene, cuánto gana, si tiene marido o si la abandonaron. Sus distracciones se convierten en interés por los personajes diarios que la rodean y la convierten en detective encubierto de psicóloga a cambio de llegar tarde a algún lugar o que sus acompañantes pasen media hora o más esperando en el coche.

Los hijos son los hijos

Sin embargo, las distracciones de mi madre pausan cuando se trata de mí o de mi hermano, no hay cosa que la distraiga de las tareas o citas que tenemos pendientes, de los horarios establecidos que debemos respetar o de comer cada elemento en nuestro plato. Este ser distraído se transforma en una maestra del tiempo y control que nos recuerda cuando estamos haciendo las cosas mal. Mi madre podrá aceptar sus distracciones pero no las nuestras.

Madre distraída con sus hijos

La madre distraída no se distrae de sus hijos

En fin, lo que más atesoro de las distracciones de mi madre es que me enseñaron a apreciarla como es: un ser lleno de contrastes que la convierten en algo hermoso, en la dualidad que todos llevamos dentro. En recordar que al igual que yo, es un ser humano, con éxitos y fracasos.

Es real que el amor de madre vuelve a cualquier mujer una superheroína, invencible ante nuestros ojos hasta que crecemos y nos damos cuenta que esos superhéroes pasan más tiempo siendo mundanos que fuera de este mundo. Esas mamás, seres que no sabes de dónde sacan tanto tiempo para tanto truco que soluciona vidas, en realidad, no tienen ni idea de lo que están haciendo, pero triunfan porque día a día no dejan de intentarlo.

Madre distraída, hija feliz

Mi madre distraída y yo