En 2004 George Bush buscaba la reelección para ocupar la presidencia de Estados. Los sucesos del 11 de septiembre, cuando dos aviones se estrellaron en la Torres Gemelas de Nueva York, mantenían a la opinión pública de ese país en vilo. El mismo Bush, ya desatada su cruzada en Irak y Afganistán bajo la consigna de la “Guerra contra el terrorismo”, era criticado en el ambiente internacional; sin embargo, en su país mantenía el apoyo de su partido y de la mayoría de los votantes. El miedo estaba instaurado en la médula de los estadunidenses y Bush ganó el segundo periodo por una mayoría absoluta frente al demócrata John Kerry.

Conspiración y Poder (Truth, 2015), de James Vanderbilt, guionista de Zodiac, White House Down y The Amazing Spider-Man, narra la historia de un equipo de periodistas encabezado por la productora de noticias del programa 60 Minutos de CBS, Mary Mapes (Cate Blanchett), y su socio, el presentador Dan Rather (Robert Redford), quienes investigan una historia que podría influir en la opinión pública durante las elecciones: George Bush habría utilizado una serie de influencias durante su servicio militar para evitar ir a Guerra de Vietnam. Periodismo y poder.

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Conspiración y poder / Imagen: Sinopcine.com

Por principio de cuenta, resulta imposible no vincular la ficción y el estado del periodismo que ofrece Conspiración y Poder frente a la posibilidad que existe, al menos en México, de realizar periodismo de investigación a profundidad; es decir, de que los medios apuesten de manera abierta y con todos los recursos para investigar una historia que podría poner en jaque una elección. En el filme, el equipo de 60 Minutos se traslada en avión por varios estados para grabar a las fuentes; habla con especialistas independientes; indaga; hace periodismo.

Periodismo bajo sospecha

Pero la investigación de 60 Minutos cojea: los documentos que finalmente podrían dejar en claro la evasión de Bush no son originales y la fuente, un ex militar enfermo, miente a los periodistas sobre el origen de los papeles. Encarrilada por el éxtasis de la investigación, por la primicia y por sus propias ideas políticas (liberales), Mary Mapes y su equipo deciden transmitir el programa, confiando en las declaraciones de otro ex militar sobre su conocimiento de los documentos. Pero internet, representado como una figura abstracta — “los blogueros”— y la oposición de Kerry se encargan de desmentir la veracidad de los documentos, alegando que fueron producidos en Word.

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Conspiración y poder / Imagen: Sinopcine.com
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Conspiración y poder / Imagen: Sinopcine.com

Entonces la historia vira y se centra en la caída de Mapes, de Dan Rather y de todo el equipo. Los directivos de CBS deciden disculparse públicamente por no poder comprobar la veracidad de los documentos, en los que se ha centrado para ese momento todo el reportaje. Se instaura entonces una investigación interna y el equipo es juzgado por una suerte de jurado de especialistas y abogados, para finalmente ser de despedido y soterrado.

La objetividad, ese santo grial

Las técnicas usadas por Mapes y su equipo en Conspiración y Poder son del todo válidas y representan una suerte de odisea en la búsqueda por la verdad. Se cotejan los documentos, se habla con múltiples fuentes, se habla con la Casa Blanca… Pero, al final, la integridad de la investigación recae en los documentos. ¿Cómo comprobar el origen? ¿Son verdaderos? ¿Dónde están los originales? Para ello les piden a cuatro expertos su opinión, pero al menos dos tienen serias dudas. Luego viene el desmentido de la fuente. ¿Cómo se actúa en un momento así? ¿Cómo se comprueba? La pregunta asalta al espectador y la duda se cierne. ¿Mapes se dejó llevar, como la acusan, por su ideología liberal, sobreponiéndola a la ética periodística? ¿Es posible la objetividad?

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Conspiración y poder / Imagen: Sinopcine.com

De ninguna manera: los directivos de CBS y de cualquier medio entienden que la objetividad es un horizonte no tangible, que se busca pero que no puede ser total. No en periodismo y quizá en ningún área del conocimiento social. El punto, atinado para los directivos y editores, es que el equipo de Mapes dejó huecos en la investigación, y que, efectivamente, pecó al no hacer más sólido el apartado de los documentos. Mapes y su equipo debieron investigar aún más sobre ello, y agotar la posibilidad de las fuentes, de los testimonios que pudieran evitar las dudas. Ese fue su error, y la empresa, CBS, actuó acorde a estas debilidades de origen.

Conspiración y poder; periodismo y cine

Al igual que Spotlight (2015), Conspiración y Poder entra en el universo de las grandes investigaciones periodísticas llevadas al cine cuyo antecedente es Todos los hombres del presidente (1976), cinta sobre la investigación de los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein, del Washington Post, que investigaron el caso Watergate que finalmente llevó a la dimisión del entonces presidente Richard Nixon. Pero existe una gran diferencia: en Conspiración y Poder los periodistas tienen los pelos de la burra en las manos. Y Mapes y su equipo se quedan en el camino. La investigación de 60 Minutos no es sólida y provoca un revuelo en CBS para que Bush gane por mucho el segundo periodo. ¿Qué faltó? Desde mi punto de vista: mayor rigor.

Empero, Conspiración y Poder es un retrato de las vicisitudes del periodista que en busca de la verdad enfrenta sus propios demonios, los de su propio medio y los de una opinión pública a la que interpela, a veces, sin suerte.

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