Desde los inicios del siglo XX, la comunidad LGBTTTI  ha sido uno de los grupos sociales más afectados en tema de discriminación

Una época complicada para la comunidad.

En pleno siglo XXI, la discriminación y violencia son los principales riesgos  a los que, diariamente, se enfrentan los miembros de la comunidad gay. Se supone que vivimos en una sociedad “civilizada”, con ideas más liberales, más humanas, con los ideales claros del respeto y amor, pero parece que esto no es suficiente. Aún no se respetan sus derechos humanos, de la misma manera en que se hace con los heterosexuales.

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Fotografía: Nathalie Fuerte.

Según datos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), México ocupa el  segundo lugar en la lista de países con más casos de violencia contra la comunidad gay. En el último año y medio se registraron 770 casos de agresión contra personas de la comunidad en América Latina.

No cabe duda que el panorama actual es preocupante, pero todavía existe esperanza por la lucha de los derechos de la comunidad gay.

La danza todo lo puede, todo lo cura.

La cultura y las artes han contribuido a la inclusión de personas de la comunidad gay. Un ejemplo de ello es la danza. Por medio de puestas en escena, los bailarines han rebasado fronteras. Los temas hablan sobre relaciones entre personas del mismo sexo, discriminación y violencia de género.

En México, existen compañías de danza dedicadas a apoyar a la comunidad a través de danza contemporánea y Vogue. Éstas son conformadas por bailarines LGBTTTI o personas que luchan por la defensa de sus derechos humanos.

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Ensayos de la compañía de danza La Cebra. / Cortesía: Canal 22.

La primera se fundó en México bajo la dirección de José Rivera Moya: La Cebra Danza Gay. Desde 1996 celebra el orgullo de la comunidad gay por medio de shows fuera de lo común. A través de la danza contemporánea buscan crear conciencia para hacer a un lado los problemas que amenazan a la comunidad.

Éste es un claro ejemplo que la cultura puede ayudarnos a transformar a nuestra sociedad. Sólo basta con dejar la puerta abierta de nuestra mente y permitirnos que las artes nos enamoren. La danza y las artes, pueden cambiar nuestra manera de pensar, de actuar, de sentir y de vivir.