Nada de sexo. Guarden sus perlas sagradas chicas católicas porque son un regalo de Dios para su pareja. Tal es el espíritu de la enseñanza religiosa (católica) sobre el sexo en México. Asistir a los colegios católicos femeninos significa aprender que es mejor el anal para no perder la virginidad y mantener la pureza hasta el matrimonio. Porque, fuera de éste el sexo es malo. Muy malo. Y hablar de aborto: mucho más. Es lo que monjas y profesores enseñaban en al aula, mientras un compañerito masturbaba a una chica debajo de la mesa, un profesor embarazaba a su alumna, dos monjas alardeaban sobre su cuasi eterna virginidad y dos pares de labios femeninos se besaban en el tercer piso.

Es lo que Mariana M, Luisa, Martha y Vainilla recuerdan de su educación en escuelas adscritas a la religión católica, una que tiene un déficit de devotos y militantes en México, según los datos oficiales. En 2010, el Inegi reportó que de los 112 millones de habitantes del país, casi 93 millones se declararon católicos. El Vaticano difirió entonces: eran 99 millones 635 mil, según sus cálculos. Lo cierto es que los números del Inegi indican que en cien años, de 1910 a 2010, el porcentaje de católicos disminuyó casi 17%. En 2016 son católicos ocho de cada diez mexicanos.

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Milo Manara

 

Martha y las monjas

Como los padres de Martha. Estudiante universitaria, nacida en el norte del país, Martha tiene el cabello rizado; apenas llega a la altura de su boca. El tono norteño que sale de sus gruesos labios la delata, a pesar de haber llegado a la Ciudad de México hace más de dos décadas. A Iztapalapa, donde, a falta de una “mejor opción”, sus papás la inscribieron en el Colegio José Morelos y Pavón, de los Franciscanos. Ahí estudió secundaria y preparatoria. Religión, claro, como materia.

“Había una monja que nos contaba sus historias sexuales, sobre por qué la obligaron a ser monja. A esta maestra le gustaba mucho fajar a los alumnos, literalmente, porque teníamos que estar bien fajaditos y con el cabello bien corto. Cuando no queríamos tomar clase, nos invitaba a su cubículo. No se llamaba a sí misma piruja, pero decía que fue de casquetes cortos hasta que su familia se enteró que salía con un hombre casado (le gustaban los hombres como Emiliano Zapata: grandes, fuertes, con mostacho, nos dijo). Entonces la internaron.”

—¿Cuál era la postura de la escuela frente al sexo?

—Llamábamos “De valores” a la clase de religión. Lo único que nos enseñaron, más bien que nos proyectaron, fue una película, Punto y aparte. Es una caricatura en la que una chica se embaraza por error, revierte el tiempo porque aborta y se arrepiente. La respuesta: abstinencia. Aprendí sobre el sexo de un texto de primaria, de ciencias de la salud, y de internet. Investigaba. Fui algo precoz, la verdad. Me interesaban esos temas, y como siempre fue muy irreverente las monjas me ponían en jaque, pero les contaba a mis amigas qué pasaba.

—¿Y qué ocurría con temas como el aborto?

—Hace unos 10 años, cuando Vicente Fox era presidente, cuando el tema comenzó a cobrar mayor relevancia, las monjas enloquecieron. Fue cuando conocimos la pastilla del día después, y varias asociaciones civiles y religiosas empezaron a comprar espectaculares para impedir la legalización del aborto. Teníamos un compañero que tenía una hermana en sexto de primaria. Él nos contó cómo llegaban las monjas a decirles: “Ustedes no pueden hablar del aborto, tienen que entender que es malo. Tener sexo es malo.” Luego, una vez en casa su hermana dijo que el aborto era malo. La mamá le preguntó por qué sabía qué era el aborto y porque decía que era malo, y la niña dijo que en la escuela se los decían. La madre arremetió: “Nadie debe obligarte a pensar algo que no entiendes…”

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Eleuteri Serpieri

 

Martha dice que piensa en la religión y el sexo como represión, homofobia, doble moral y pedofilia. Y recuerda una historia cercana de una amiga que estudiaba en el Colegio Lestonac, también religioso y conocido como Lesbionac, me dice sobre el sexo en escuelas católicas:

“Ella, hasta la fecha, es muy reprimida. Una vez en los baños de la escuela tuvo un roce: fue acosada por unas chicas. Le dijeron que le iba a gustar.”

El despertar de Luisa

 

“Fue en quinto de primaria cuando nos hablaron de sexo. Con una película de ositos en la que la niña osita se hace mujer, y los ositos papás tienen relaciones, una semillita. Luego fueron los de Saba o Kotex y nos dieron una conferencia. Los niños nos decían que íbamos a usar pañales. Y nosotras lo creíamos. Pensábamos: `No mames, voy a usar pañal, no puedo retroceder en mi vida tanto´.

Luisa estudió el kinder, la primaria y la secundaria en una sucursal de la Universidad Motolinia Del Pedregal, en la colonia del Valle, fundada por Las Misioneras de Jesús Sacerdote. La postura de la escuela sobre el sexo era de abstinencia total, dice Luisa, de pelo largo, negro. Es delgada y la sonrisa nunca desaparece de su boca. Y agrega:

“Llevaba una materia de moral con una maestra, no monja, que había estudiado filosofía y teología. Era española. Nos decía: `Bendito sea el sexo porque sin él no estuviéramos aquí. Y es necesario, pero si pueden mejor espérense´”.

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Gerda Wegener

 

“En el Motolinia de pronto te enterabas que Bibiana y Carla se besaron en el tercer piso. Historias así, de chicas lesbianas, que no podías comprobar, pero veías a la morra con el pelo casi a rape y pensabas: `¡Pues sí!´. Por otro lado, si te veían besándote con alguien en las rejas de la escuela te corrían, te decían: `Vete para allá pinche escuincle calenturiento a besar en otro lugar que no ensucie la imagen de la escuela. Y había un tema, el aborto, para el que no había lugar, que no se podía discutir. Porque para la escuela no era como en un embarazo, sino que se trataba de quitarle la vida a una persona, y la vida sólo la quita dios. Es pecado´”.

A Luisa le viene a la mente un recuerdo que no quiere pasar por alto: “Un grupo de chicas: `Las plásticas´. Ellas sí que eran precoces. Decían: `Anal para no perder la virginidad´. ¡WTF! Cosas que se dan en este tipo de círculos de doble moral”.

Vainilla, otra de las chicas católicas

 

“¿No conoces a los Hermanos Maristas? ¡Oh, santo Cristo!”, me dice Vainilla cuando le preguntó dónde estudió. Y me suelta de sopetón: Los Maristas son una congregación de hombres que fue fundada en 1817 por el sacerdote Marcelino Champagnat en Francia. Sus ideas están basadas en el lema “Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús”. Los Maristas creen en el “educar con el amor”, y se dicen “buenos cristianos y virtuosos ciudadanos”. Vainilla puntualiza:

“Yo estuve en el Instituto México, en el Estado de México, que es una escuela de tradición. Por ahí han pasado familias enteras. Todos se conocen, es muy chiquito”.

A Vainilla le enseñaron sobre sexo en la primaria, con el libro de la Secretaria de Educación Pública (SEP).

“Nos pusieron una película de unos marcianitos que se agarraban sus partes. Fue la bomba. Las mamás se pusieron locas. Cómo era posible que en una escuela de Maristas nos enseñaran esas cosas. No volvimos a tocar el tema hasta la secundaria. Nuestros libros de religión nos decían que hacer el amor era parte un vínculo sagrado: el matrimonio. Nos preparaban para que llegara el momento de tener una pareja estable para formar una familia. O sea: sexo es familia, no otra cosa”.

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Apollonia Saintclair

 

—¿Te la creías?

—No. Yo soy muy desapegada de la religión. Estaba ahí por tradición, por mi familia. Nunca he sido parte de la tradición Marista. Actualmente mi entorno está lleno de gente que profesa eso de “Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús”, pero yo no, quedé fuera. Y desde entonces había quien se salía de la línea. Tenía compañeros que se metían debajo de las escaleras para tener sexo oral. Los cachaban, y aparte de la suspensión por actos inmorales, se convertían en el meollo. Eras la puta, la zorra, fuera de los valores de la familia. Quedabas señalada por todos.

—¿Cómo te explicaban el sexo los Maristas?

—En la preparatoria la maestra de religión nos decía que debíamos guardar nuestras perlas sagradas porque eran un regalo de Dios para nuestra pareja. Una vez, una chica se embarazó de un maestro y fue el escándalo. Quedaron fuera los dos. Yo me mantuve a la raya con los Maristas. Si son tus enemigos manténlos cerca porque nunca sabes con qué mamada te van a salir.

Vainilla dice que no tuvo relaciones sexuales hasta que llegó a la universidad, ya fuera de la educación Marista.

“Todo cambió cuando llegué a la ciudad. Venía de la tradición. Lo veo ahora con mis amigos. Para la gente que está en Toluca yo soy una loca total. De verdad. Normalmente es más fácil hablar de sexo con los hombres, y para mis amigos de allá estoy fuera de la cancha, soy un estigma. Yo ya no juego en Toluca”.

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Mariana M y el sexo

 

“En la clase de matemáticas nos reuníamos en equipo y los niños se manoseaban abajo del pupitre. Había un güey que masturbaba a una morra mientras el profesor daba la clase”. Sentada en una cafetería, Mariana M. recuerda sus días de clases en el Colegio Cultura y Patria, de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, al norte de la ciudad. “Fui allí porque para mi mamá no había escuelas con un buen nivel en la zona”. Durante los nueve años que Mariana estuvo ahí una cosa estuvo clara: “Existía esta pequeña regla de que el sexo es malo”.

“Mira —me dice—, puedo hablar de mí, de lo que soy, y de alguna gente que estudió conmigo.  No tuve demasiados problemas porque en mi casa no había un ambiente tan cerrado. Cuando tenía 12 o 13 años podía sentarme con mi hermana a ver La Naranja Mecánica. O con mi hermano, que me pedía que le sirviera sus cubas. Esas cosas evitaron que la escuela penetrara en mí, pero no del todo. Para mí ser bonita era malo, sólo la gente tonta lo era. Pensaba que si eras una niña bonita no ibas a pensar, sólo te van a querer para ciertas cosas.”

“Otra cosa que me creo conflictos fue ver que estoy güeyes tenían un chingo de varo y según tenían votos de pobreza. O cuando me enteré de cosas como la pederastia fue un choque. No había congruencia. Las monjas, aparte, eran culeras. Hacen votos para ser buen pedo, pero cuando te podían chingar lo hacían. Como a mi hermana, que siempre le cargaban todo. Y todo eso no tenía sentido, ya no creía nada.”

—¿El sexo sigue siendo tabú para escuelas como Cultura y Patria?

Para las monjas sí. De las cosas que más me preguntaba cuando iba a misa es cómo se la pueden pasar todo el día rezando, qué pasa con su impulso sexual, somos humanos, ¡es imposible! O qué pasa cuando un padre amanece con una erección… Es muy complicado ahora, en el siglo XXI, que la iglesia tenga credibilidad.

—¿Cómo te enseñaron sobre sexo en tu colegio religioso?

“Como pecado. No fornicaras, no desearas la mujer de tu prójimo. Y yo no salí promiscua, pero sí una maldita drogadicta”.

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Thomas Saliot