Antes de la Central de Abastos, en Iztapalapa existía un lugar que era el principal proveedor de la Ciudad de México. Este sitio se le conocía como “Las Chinampas”, una especie de islotes flotantes artificiales sobre los cuales se acumulaba tierra del fondo del lago, las raíces de los ahuejotes que les rodeaban se entretejían, haciéndolas más firmes. Como siempre estaban húmedas, permitía que se cultivará la zanahoria, el betabel, la lechuga, la alcachofa, el poro, la cebolla, la calabaza chica, el chile y el cilantro. Todos estos productos eran transportados por los chinamperos de Iztapalapa  en chalupas hacia Jamaica o al famosísimo mercado de La Merced.Ahora Central de Abastos

Iztapalapa entre las chinampas

Enrique Hernández, ex chinampero de 80 años, recuerda el recorrido que hacía con su padre para llevar las verduras a la Merced y la importancia que tenían las chinampas para el pueblo de Iztapalapa.

“En las chalupas íbamos al canal del Moral para incorporarnos a Río Churubusco y dirigirnos al canal de Tezontle. A las tres de la mañana llegábamos a una compuerta que nos permitía pasar al canal de La Viga, ahí se veían otras canoas llenas de pura verdura. Cuando les permitían pasar, todas las canoas se formaban. Para pasar el puente de la Viga y Chabacano, donde había medio metro de agua de altura, teníamos que acostarnos en la cabeza de la chalupa, con nuestras manos nos jalábamos por las vigas. De ahí pasábamos a Jamaica, en dirección a Anillo de Circunvalación. Pasábamos en canoa a un lado del Mercado Sonora. Recuerdo que rodeábamos una estatua de los Indios Verdes. Cuando llegábamos a la Merced, ya eran las 12 de la noche, no alcanzábamos el tranvía que nos dejaba en la Parroquia de San Lucas. Entonces nos regresábamos caminando por la Calzada La Viga. De toda esa verdura se mantenía el pueblo”.

En los años 60, se empezó a correr un rumor de que las chinampas desaparecerían. El señor José Cano Hernández, de 83 años, recuerda una conversación en donde su abuelo paterno, José Cano, le decía a su abuelo materno Rafael Hernández: “Compadre, ¿ya sabe usted que van a quitar las Chinampas?”. Y este le contestó: “¡Ay, compadre, qué te afliges! ¡Nos vamos a morir y no lo vamos a ver!”.

Eso no generó que los chinamperos se alertaran, cuando el miércoles 26 de noviembre diarios como El Nacional o El Avance llevaban como nota la reunión entre el Director general del Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos, Jesús Robles Martínez, con el presidente Díaz Ordaz acerca de un proyecto de estudio, con un valor de 1.500 millones de pesos, para la creación de una Central de Abastos que sustituiría al Mercado de la Merced. El proyecto le  correspondería al Departamento del Distrito Federal y el financiamiento por parte del banco se les haría directamente a los comerciantes de la Merced.

De chinampas a Central de Abastos

El martes 21 de abril de 1970, el gobierno Federal publica un decreto en el Diario Oficial de la Federación que declara como utilidad pública la construcción y establecimiento de una Central de Abastos para la Ciudad de México, con un área de 3.279, 717.00 metros cuadrados. Con esto, se expropiaron para su realización varios predios ubicados en la delegación Iztapalapa, ligados a las carreteras que abastecen de productos alimenticios de la ciudad en los que destacan el Anillo Periférico en su tramo Oriente, la Calzada Ignacio Zaragoza, la Av. Río Churubusco y la Calzada Del Moral, aprobada por la Dirección General de Obras Públicas del Departamento del Distrito Federal.

Decreto del Diario Oficial de la Federación, en donde viene cuantos metros cuadros serán expropiados para la construcción de la Central de Abastos

Enrique Hernández menciona que un día después de la publicación, le mandaron al presidente ejidal una notificación de que todos los propietarios de las chinampas se reunieran en el Río Churubusco. El ex chinampero relata:

“A la una de la tarde llegaron los licenciados con la noticia de que nuestras tierras iban a ser expropiadas. Todos nos opusimos. De ahí llegamos un acuerdo de que teníamos que defender y ahí ellos nos dijeron que estábamos en nuestro derecho para defendernos. En la delegación se convocó una junta en donde se nombraron a los representantes para una mesa directiva. Así comenzó la lucha. La verdad, da pena decirlo pero muchas personas decidieron que ya no querían sus terrenos que preferían dárselos al gobierno. Nosotros luchamos, no cobrando el dinero y continuamos sembrando”.

Una nota del periódico El Nacional, de 1970, señala que la Central de Abastos sería construida en la próxima administración -o sea la de Octavio Sentíes González-, y recibiría un crédito de 60 millones de pesos por parte del Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos. Ese crédito pagaría 54 millones de pesos por concepto de indemnización a los propietarios de 396 predios que resultaron afectados. 4.5 millones de pesos se invertirían en terminar el proyecto de la central y los 1.5 millones de pesos que restaban se irían a la promoción de los locales o bodegas.

El primer paso que harían para su construcción sería poner en marcha las obras de urbanización externa, que comprenderían: el equipamiento del Rio Churubusco en la parte frontal del terreno que ocupara la Central de Abastos; la construcción de un recolector en la calle Canal de Tezontle, que drenaría la Central y el sureste de la ciudad; el entubamiento y la construcción de una avenida sobre el tramo de Río Churubusco. Al igual que la Calzada del Moral se entubaría y ampliaría.

Planes para entubar el río Churubusco para la construcción de la Central de Abastos
Inician los trabajos de entubamiento del río Churubusco. Cortesia de Mauro Ortega

Las obras se habrían previsto que iniciarían en un plazo de 24 a 30 meses pero el día 30 de junio de 1970, el periódico Avance daba como nota que ya habían iniciado las obras de la Central de Abastos del D.F en los terrenos que miden 3 millones de metros cuadrados.

Al papá de José Cano Hernández fue el primero que le pagaron. José Cano Hernández fue a preguntarle al directivo de su barrio, el Señor Casimiro Domínguez –en cada barrio habían directivos-, sobre cómo estaba lo de las chinampas, ya que él no podía intervenir en las tierras de su padre. Casimiro le aseguró que sería su padre el primero que le pagarían. Posteriormente, el padre de José Cano le dio una chinampa, que se la compraron en 20 pesos el metro.

Enrique Hernández aseguró que “también en Iztacalco se expropiaron unas chinampas que se las dieron a un precio de a cinco pesos el metro. A ese precio nos querían vender las nuestras pero nos opusimos y nos las pusieron a 20 pesos. Tampoco quisimos. En ese momento se hizo un desacuerdo entre los vecinos y la mesa directiva. Lo que hizo que nos fragmentáramos en muchos grupos y al ver que estaban  ofreciendo veinte pesos, luego se creó una confusión porque los que no querían trabajar en sus tierras, habían dicho que cobraron 40 mil pesos. No era cierto, y otros grupos se fueron por el precio de 20 pesos. Ahí se fue debilitando la lucha”.

Expropiación de terreno en Iztacalco para la construcción de la Central de Abastos
Chalupa en la delegación Iztacalco. Cortesía MXCity

En 1972, el diario El Nacional informó que, en su administración, el licenciado Octavio Sentíes le comunicaba al Presidente de la República, Luis Echeverría acerca del avance de la Central de Abastos, en donde le aseguraba que estaba siendo afinada en su programa técnico con el objeto de que se iniciará la construcción en el terreno que comprendía de 300 hectáreas. El regente Octavio Sentíes visitó los centros de abastecimiento de Rangis, en París y el de Holbec Herza de Alemania Federal para ver los métodos que se aplicaron para su construcción y así emplearlos en la Central de Abastos.

Los pagos continuaron. La delegada reunió a las personas que quisieran  ir a cobrar. Enrique Hernández conoció a personas que asistieron. Asegura que los llamó para cerciorarse si tenían escrituras o no. Muchos de los que tenían escrituras se las quitaron y se quedaron con la promesa de que les iba pagar.

El miércoles 6 de agosto de 1975, el periódico El Nacional anunció que 70 millones de pesos se habían entregado por una zona expropiada en Iztapalapa. La delegada de Iztapalapa, la profesora Marta Andrade del Rosal informó que, a la fecha, se había pagado un millón, 726 mil 249 metros cuadrados de los 3 millones 279 mil 717 metros cuadrados que componían la zona expropiada.

Aseguró que habían pagado todos los días y que mil campesinos habían sido liquidados en sus indemnizaciones, a 651 se les pagó a 25 pesos el metro cuadrado, mientras que a 223 se les liquidó a 40 pesos. También señaló que había 161 expedientes incompletos de documentos, 290 en proceso de dibujo, 15 con problemas legales y 85 por medirse, que representan el 33.37 por ciento del total de los campesinos afectados, de los cuales eran los 50 millones de pesos que aún faltaban de repartirse.

Infografía pago a los chinamperos por la expropiación de las chinampas

Enrique Hernández y el grupo al que pertenecía fueron exigirle a la delegada que no estuviera vendiendo al pueblo y las chinampas. Luego la cuestionaron de por qué estaba haciendo eso y cómo el pueblo iba  mantenerse, si de eso vivían. Ella les dijo que no se preocuparan, porque ahí habría trabajo. Lo único que ellos querían era seguir trabajando sus tierras. Pero algunos del grupo negociaron con ella  y  les  pagaron. Ahí el problema se hizo más grande. Les decían que dejaran de luchar, que se conformaran con esos veinte pesos y si no lo hacían, los meterían presos.

Nuevamente, el Diario Oficial de la Federación, el día martes 27 de julio de 1976  anunciaba que el Distrito Federal podría disponer de una superficie de 451-76-26-05 hectáreas de la Calzada Ignacio Zaragoza, destinando dicho predio para satisfacer las diversas necesidades directas o indirectas; inherentes al establecimiento de la Central de Abastos, de las instalaciones y equipos que faciliten la operación del sistema mencionado en un esquema de regulación nacional del mercado de abastos y de sus servicios complementarios.Decreto del Diario Oficial de la Federación en donde indica que se utilizarán terrenos de Zaragoza para la construcción de la Central de Abastos

Alejandro Salazar, chinampero de la época, le explicó a la Revista Proceso que los terrenos de la chinampería no eran buenos para construcciones pesadas, porque eran muy blancos y agregó: “Eso yo creo lo vio el gobierno de Luis Echeverría porque luego que expropió otros terrenos por la calzada Ignacio Zaragoza para la Central de Abastos y hasta comenzaron a construirla allá. Todo eso se desperdició: ya había edificios, drenaje, agua y otras cosas. Tenemos copia de un documento donde el secretario de Obras públicas y Asentamientos Humanos, Pedro Ramírez Vázquez, le pide al regente Hank González le sean reembolsados a esa Secretaría 20 millones de pesos por obras para la central de abastos en los terrenos de Zaragoza”.

El lunes 23 de marzo de 1981, ya como regente, Carlos Hank González anunciaba el inicio de la construcción de la nueva Central de Abastos con una inversión de 8 mil 607 millones de pesos. Mencionó que se edificaría sobre una superficie de 700 hectáreas en el predio denominado “Chinamperías” entre las avenidas de Las Torres, Rojo Gómez, Eje 6 Sur y Avenida Río Churubusco.

Por otro lado, el director general de crédito de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, explicaba que el gobierno de la República ponía a disposición de los locatarios y bodegueros un financiamiento, con una tasa de 17 por cierto para los créditos que tomarán los comerciantes para la construcción de sus locales. La Central de Abastos fue construida mediante el convenio con la Banca Mexicana Somex que firmaron Hank González y Mario Ramón Beteta. Este fideicomiso quedó integrado para administra los recursos económicos destinados a esta finalidad.

Edificación de la Central de Abastos
Edificación de la Central de Abastos. Cortesia FICEDA

Diez días antes de que Carlos Hank González diera la conferencia de prensa sobre el inicio de la construcción, Daniel Campos relata que “Llegaron los paracaidistas a las 4 de mañana, el viernes 13 de marzo de 1981. Luego entraron los granaderos”. Enrique Hernández mencionó a la Revista Proceso que “la caballería, las tropas y las maquinas arrancaron todas las plantaciones.”

Al igual que otros chinamperos, Enrique Hernández relata que llevó su caso a juicio. “Durante la expropiación nos habíamos amparado. El presidente Echeverría y el Congreso ya habían designado que este sería el pulmón verde para la Ciudad de México. La verdad, no sé qué pasó. Porque con Hank González y López Portillo hicieron el trámite para que entrará la caballería y granaderos entraron a partir nuestras alcachofas o muchas de nuestras plantas las atropellaron. Ya muchos no pudimos hacer nada porque los encarcelaron. A una familia del callejón junto Ilmeno Cano y Agustín Cano  los metieron presos porque se opusieron”.

Alejandro Salazar, a quien le quitaron 11, 759 metros cuadrados, afirmó a la Revista Proceso:

“Últimamente, cuando fuimos desalojados, existía un amparo que todavía no se resolvía y no les importó. Eso, el miedo porque varios de nuestros compañeros fueron a dar a la cárcel por querer sembrar en sus terrenos ya expropiados. Desde 1970, cuando se nos comunicó por primera vez que nuestros terrenos serían expropiados, la mayoría de nosotros nunca lo aceptó y desde entonces hicimos muchas gestiones ante el gobierno: presentamos juicios de amparo, fuimos al Tribunal de lo Contencioso, tratamos de entrevistarnos con los regentes Alfonso Corona del Rosal, Octavio Sentíes y con Carlos Hank González y nadie nos recibió”.

En plena expropiación, les ofrecieron un lote de 120 pesos metro, el cual lo rechazaron  y los que se enteraron, lo agarraron. Después los vendieron

Central de Abastos expropiación de la chinampas
Nietos de los chinamperos repartieron volantes en el centro de Iztapalapa para evitar otra expropiación.

Se inaugura la Central de Abastos

El 15 de noviembre de 1982 se inaugura la Central de Abastos, sin terminar. Aunque la creación de la Central traería a los consumidores bajos precios en los alimentos, seis meses después resintieron un alza, que rebasó el 200%. Los mismos bodegueros  de  la Merced consideraron la construcción como un fructífero negocio para las autoridades, ya que los locales que en su mayoría estaban en obra negra, se vendieron con meses de anticipación a un pequeño grupo de funcionario y líderes que pudieron pagar los 67, 000 pesos metro cuadrado de contado. O a organismos oficiales, como la Conasupo, el Banrural y el Banco de México.

A pesar de que el terreno fuera asiento del ex lago de Texcoco, el encargado de la obra, el arquitecto Abraham Zabludovsky  no temía a futuros hundimientos y por esa razón escogió como estacionamiento las azoteas de las naves. Por su parte, el presidente López Portillo anunció que por decreto presidencial la nueva central  llevaría el nombre de Carlos Hank González porque “con su inteligencia, imaginación, trabajo y capacidad de negociación, fue una rica personalidad puesta al servicio de la comunidad”.

Consecuencias de la construcción de la Central de Abastos

Un año y siete meses de haber sido inaugurada se debía 55, 000 millones de pesos a la banca privada internacional –el crédito que se les había concedido fue de 22,000 millones pero con la devaluación del peso se duplicó la cifra-; la cantidad de 6,285 pesos fueron a Banca Mexicana Somex y  3,000 millones más a diversos bancos nacionales. Lo que temía el arquitecto Zabludovsky se hizo realidad, ya que en algunas naves se comenzaba a filtrarse el agua.  Había bodegas sin funcionar y en su gran mayoría locales vacíos, con giros diferentes a los registrados.

Inauguración de la Central de Abastos
Imágenes de la inaguración de la Central de Abastos. Cortesia de La Razón.

Los adultos, como el abuelo de Daniel Campos, se fueron enfermando cuando le quitaron sus tierras. A pesar de que le pagaron, aún iba a las juntas.  Otros se vieron afectados por los nuevos trabajos que consiguieron para seguir teniendo ingresos, como José Cano Hernández  quien se convirtió en cargador, con el tiempo empezó a tener problemas en las piernas porque los bultos pesaban 76 kilos.

Enrique Hernández comenta: “Muchos se quedaron en no cobrar y no cobraron. Yo presenté mis escrituras, no me quisieron cobrar. A mí y a otros nos mandaron a citar para que fuéramos a cobrar. Ahí en la delegación había una fila de veinte personas pero salía alguien de la misma delegación que nos decía ‘No vino el pagador’ y que regresáramos al otro día. Nos pusieron muchas trabas y ahí se quedaron los cheques”. Mientras que los líderes más potentes como Raúl y Pedro Guillen, les pusieron unas gasolineras y Casimiro Domínguez le dieron mucho dinero y terrenos.

En 1984, investigaciones realizadas por la Secretaria de Asentamientos Humanos y Obras Públicas (SAHOP) en donde consultaron documentos de la Secretaría de Programación y Presupuesto, de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología, de los Registros Públicos de la Propiedad y del Comercio Federal que demostraban que Hank González y sus colaboradores certificaron y registraron terrenos a su nombre, varios de ellos propiedad de la nación.

También adquirieron, vendieron y modificaron inmuebles. Con las acciones y omisiones de su inmobiliaria Servimet pudieron normalizar sus responsabilidades de carácter oficial, penal y civil. De esta manera negociaron más de 461,000 m2 de terrenos complementarios de la Central de Abastos, entre ellas viviendas, establecimientos de servicios públicos, fuentes de trabajo y áreas verdes y posteriormente solicitó la autorización para enajenarlas en favor de terceras personas.