-Aprenderás a hacer los bordados de Tenango –le dijo su abuela a Mena mientras ataba sus largas trenzas detrás de la espalda y la sentó junto a ella. Le dio unos hilos a deshebrar en dos para comenzar a rellenar la figura de un ave de dos cabezas. Y contarás con estos dibujos tu boda, el bautizo de tus hijos, el carnaval, día de muertos, o lo que quieras de tu vida.

Aunque los ojos de Mena estaban imposibilitados por una nubosidad que tiempo atrás había llegado con los frentes fríos, arraigándose en sus pupilas aún cuando el viento se marchó, ella divisaba desde su dormitorio que fungía como cocina y sala de bordar, los montes de la Sierra Otomí- Tepehua.

Años más tarde, cuando su abuela murió, Mena descubriría a través de uno de los chamanes asentados de su pueblo San Nicolás, que las figuras que bordaba con su abuela eran ofrenda a los dioses. Ellos, tal como Mena afirmaba, curaban a los enfermos y mandaban agua para las cosechas.

Bordadora en Tenango de Doria, Hidalgo.

La tradición de bordar

Los bordados de Tenango se realizan en telas de algodón o manta, tienen la forma de  “pájaros, armadillos, gallos, flores, animales fantásticos y figuras humanas”. Son inspirados en pinturas rupestres “grabadas por sus antepasados en las cuevas de San Nicolás”, de acuerdo con el escrito Pobreza, migración y desempleo otomí-tepehua de Pablo Vargas, investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad México (UACM).

En su origen se producían sólo manteles. Berenice Granados, académica de la Universidad Autónoma De Hidalgo (UAEH), escribió en la reseña del libro Los tenangos: mitos y ritos bordados, que “narran la localización del pueblo, su distribución espacial, vida agrícola (cosecha y siembra), flora y fauna, fiestas, rituales, espacios y actos de devoción”. Sin embargo, actualmente se crean accesorios, ropa, zapatos, fundas de almohada, cortinas y cuadros. El detalle es que particulares los venden precios divorciados del pago que ofrecen a los artesanos.

En Hidalgo se elabora un bordado otomí que lleva el nombre de un pueblo: Tenango. El ingreso obtenido por la venta “ayuda  la economía del hogar” mencionó Aurora Chavero, quien siendo pequeña aprendió el trabajo artesanal y ahora da a conocer su trabajo en Jake Arte de Bordar.

Para contactar con Jake el arte de bordar, da clíck aquí.

“La denominación de origen o indicación geográfica es la vía más adecuada a fin de defender los diseños únicos de artesanos”, declaró el maestro Carlos Lima al diario El Independiente. Igual añadió que los bordados de Tenango requieren un “consejo regulador de artesanos y no de personas de la función pública”, como el caso de la marca HIDARTE, propuesta por la Secretaría de Desarrollo Social.

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEGI), durante 2010, en Tenango Hidalgo  79.4% de la población vivía en pobreza y 23.8% en condiciones de pobreza extrema. Esto explica la “marginación” y “emigración” de un lugar donde se asientan indígenas que “han sufrido los impactos de una globalización diferenciadamente destructurante”, como describe el trabajo de Pablo Vargas.

El diágnostico Localidades de muy alta marginación en Hidalgo, retos del desarrollo regional, hecho por María Quezada, académica de la UAEH, evidencia la falta de infraestructura y educación formal. También El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) presentó tanto el rezago de acceso a la salud, seguridad social, alimentación, como de calidad de vivienda  durante el periodo 2010-2015.

bordados de tenango rezago social
Carencias sociales en Hidalgo. Para más información clíck en la imagen.

En entrevista con El Mexiqueño, Carlos Lima expresó que con el objetivo de que  los artesanos ofrezcan justamente los bordados de Tenango en un contexto mísero, es necesario consolidar un marco jurídico de protección.

Por otra parte Raúl Guerrero historiador y periodista hidalguense considera que:

“Lamentablemente se lucra sin resguardar el sentido cultural. Diseñar artículos con los bordados de Tenango  es  equivalente a tener a la Virgen de Guadalupe en una cortina o playera”.

La ayuda gubernamental

El sector público a través del Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (FONART) y de las Casas de Artesanías Estatales, entre ellas la Casa de Artesanías Hidalgo (HIDARTE) , utiliza un sistema de explotación de esta industria. Adquiere la mano de obra barata en comunidades de gente necesitada, después negocia a precios elevados en las urbes del país así como en el extranjero.

Los trabajadores del FONART asisten dos veces al año, llevan  una tabla con precios. A los llamados de marzo y noviembre acuden alrededor 200 artesanos, “aguantan hasta tres horas bajo el sol”. “Compran muy barato, por ejemplo un mantel de cuatro metros lo adquieren en $1,200, esos en sus tiendas son caros, incluso hay algunos de $10,000”, dijo Aurora Chavero.

Los habitantes  cansados de esperar señales de las  instancias, solicitaron al ayuntamiento de Tenango un sitio dónde promocionarse. Hasta la fecha no han recibido apoyo, y debido a la falta de un punto de comercialización se les “echa a perder el trabajo”, puesto que se encuentran en una región muy húmeda.

El coordinador de proyectos productivos de FONART, Edgardo Moreno Granillo, expuso en entrevista que de los 150 mil artesanos en México, sólo ayudan a 40 mil: 26% del total. La asistencia consiste en “capacitarlos con el propósito de que ofrezcan calidad”. El resto  que se queda fuera, son las personas a quienes no compran sus obras porque no pasan los estándares solicitados.

Las reglas de operación del FONART destinan un “techo presupuestal anual de $15,000 por artesano en una región”. Pero como no contemplan a la comunidad entera, hay menesteres  no  beneficiados de ningún modo: no les compran y no reciben dinero. Otros medios de atención son el  programa Salud Visual, con el que 12 mil  personas reciben lentes, y las ferias donde enseñan el “contacto de negocios”, aunque los únicos clientes sean las instituciones.

Las ganancias obtenidas por el FONART, señaló Edgardo Moreno, se “reinvierten” en “movilidad” y “capacitación” que permite a los  artesanos buscar un “precio correlacionado de forma óptima en el mercado y eviten el regateo”.

El maestro Lima expresó que ante estas circunstancias “se requiere un equipo de personas capacitadas que conozcan las comunidades y sus particularidades. Se cimentaría una política de Estado, que incluya las artesanías en la economía nacional.

Video cortesía Adrían Iván Díaz Yánez

Coyotaje en los bordados de Tenango

El coyotaje e intermediarismo son obstáculos que enfrentan los artesanos pues “ venden en pequeñas cantidades, principalmente los días de plaza en las cabeceras municipales o bien son sujetos de expoliación por las instituciones encargadas de promover el desarrollo cultural”, según la investigación de Pablo Vargas.

Vargas detalla  que  existen métodos de control, como adquirir   bordados de Tenango estableciendo  precios fijos y bajos, prácticamente sin  reconocer  mano de obra; acaparar tela e hilos; y brindar material para encargos especiales, con el fin de agregar un valor solo por lavarlos y plancharlos.

Para evitar el coyotaje es preferible comprar con artesanos. Estos son algunos puntos de venta:

La Jornada publicó una nota que planteaba la posibilidad de inscribir una firma de los bordados de Tenango para  “contrarrestar el plagio que sufren sistemáticamente” debido al interés de extranjeros que incrementa la demanda de productos originarios y que no reconocen el legado cultural mexicano ni el valor del autor.

En un artículo difundido por Fomento Cultural Banamex, acerca de la propiedad intelectual y el arte popular, la antropóloga Marta Turok, indicó que hay una Sociedad de Productores, sin embargo “tiene 26 socias, siendo que hay 6 mil bordadoras en el municipio de Tenango”.

 Video cortesía de Adrían Díaz Yánez

Cosificación de la cultura

Existen empresas  que implementan bordados de originarios de comunidades. SomeoneSomewhere, es una  marca mexicana que “se creó con el fin de conectar a los artesanos de México con un mercado más grande”, ofreciendo diseño con detalles elaborados de artesanías de comunidades indígenas, declaró Ximena Reyeros, director de marketing y manager de la firma.

Hacen de las artesanías prendas decorativas. “Difundir las artesanías significa un mercado mayor”. declaró Ximena. “Retribuimos económicamente, pero igual con talleres de finanzas y administración personales”. SomeoneSomewhere elige las comunidades dependiendo de “la técnica que usen, la cantidad de artesanos que la elaboren, la posibilidad de organización y la comunicación” en 130 zonas.

A pesar de la existencia de las tiendas de FONART o Casas de las Artesanías, concursos o marcas s que toman la bandera de ayudar a indígenas y fomentar la cultura, con programas y destinación de recursos , cierto es que ser artesano en México es sinónimo de rezago económico. La ayuda otorgada en Hidalgo es una simulación como el trabajo del FONART, si realmente apoyaran, no habría comunidades tan pobres como las hay en la Sierra Otomí- Tepehua, y se valoraría el trabajo artesanal, sin regatear a las bordadoras.

Tanto la historia como la tradición serían apreciadas. Se entenderían los bordados de Tenango como discursos, evidencia de pensamientos, sentimientos y testimonio de la existencia de un pueblo en la que la gente se muere hambre, a causa de la carencia de políticas económicas y sociales diseñadas para el desarrollo de zonas míseras, que el Gobierno confunde con caridad.