Amor moderno en la Ciudad de México. La música sale de las calles que conecta Madero con 5 de Mayo, en el corazón de la ciudad. Es una canción de Los Panchos en voz de un trío que ya no está en sus mejores años. Pero no importa, porque aunque la voz es apagada hay más de 20 personas que escuchan la  canción “Siete notas de amor”. Hay varias parejas con la mirada perdida, pero que aprovechan para decirse cosas al oído y darse las manos.      

Es una escena que no se ve todos los días porque es un hecho que las parejas de ahora ya no aman como las de antes: los novios y esposos de hoy ya no escuchan a un trío en decadencia, ya no se dan las manos ni se dicen cosas al oído. Hoy, existen los divorcios exprés y las custodias compartidas: de acuerdo con el Instituto de Estadística y Geografía (Inegi), el divorcio en México ha ido en aumento en los últimos años.

En 1980 por cada 100 matrimonios había 4 divorcios; en 1990 y 2000, la cifra aumentó a poco más de 7 divorcios, para 2010 el número de divorcios por cada 100 matrimonios fue de 15 y al 2013 se registraron casi 19 divorcios por cada 100 matrimonios.

Amor moderno… amor en tiempos de WhatsApp

Eso en el matrimonio, pero hablamos de lo que, según algunos, es la mejor etapa del amor: el enamoramiento. En cada sobremesa de las comidas familiares, las aventuras de mi abuela llenan la casa de nostalgia y el veredicto siempre es el mismo, el cortejo ya no es como antes: Whatsapp sustituyó las escapadas al cine, las palabras cursis y las serenatas, ahora hay gifs, emojis y selfies (por si olvidamos la cara de nuestro enamorado). Antes de preguntar nuestros intereses, preguntamos nuestro número de celular.

¿Qué es lo que ha cambiado? Mi limitada experiencia en el amor junto con el instinto me indican que la forma de amar ha cambiado porque los tiempos lo han hecho. La tecnología ha terminado por determinar nuestra vida amorosa; el mundo va demasiado rápido como para detenernos en nuestros sentimientos o los hemos olvidado; los jóvenes, y no quiero sonar como una abuela moralista, se consideran a sí mismos como pansexuales; la práctica ha matado nuestra dimensión emocional, sin embargo, todos estos factores me llevan al siguiente cuestionamiento: el amor es complicado, sí, como siempre pero en la actualidad ¿lo es de otra manera?

El amor según los expertos… desde Platón hasta mis tías

Las versiones que yo tengo del amor, la mayoría, son las de mi familia y vaya que son complicadas. Está la de mi abuela Luz María viuda desde hace 24 años y que extraña a su esposo más que por amor, por costumbre. Extraña oler su ropa, ver sus lentes en la mesita de noche y escuchar su tos en el baño. La de mi mamá, casada con un hombre por 24 años con el que montó un exitoso negocio, pero que fuera de éste ni los buenos días se decían. La de mi tío Cuco, que el día que cumplió 25 años decidió presentar a su novio ante la familia junto con la noticia de que cambiaría de sexo.

Luz María, viuda que huele camisas de su ex marido. Crédito: Adriana Cobos

Para no exhibir mi vida familiar, recurrí a los clásicos y me encontré con una versión sobre el amor que no puede fallar: la de Platón. De acuerdo con el filósofo griego, el amor es hijo de la pobreza y de la abundancia. En la obra El banquete, los invitados en esa cena coinciden en que en el sentimiento hay necesidad y plenitud.

¿No será mejor decir que en el amor hay, sin duda, sufrimiento y dicha? Sí. Todas las historias de mi familia así lo confirman, siempre habrá una parte que va a sufrir más que la otra: la abuela Luz María se quedó sola y huele camisas de un muerto para recordar cómo es que era amar, mi mamá aguantó 24 años a un hombre a quien no amaba porque creyó que sola no podría sostener el negocio familiar y el tío Cuco, seguramente, pasó por golpes y desperdicio antes de decirle a la familia quien realmente es.

Tras entender la versión de Platón sobre el amor, mi primer hallazgo fue que éste es algo inherente a los seres humanos. El amor es intuición y un motivo insuperable para vivir, quien diga lo contrario, miente. Mi segundo hallazgo fue que si no se padece, no es amor. Recordé las novelas de Jane Austen leídas en la adolescencia, las musas de los poetas que eran una construcción imaginaria y aquella idea de que la distancia y la espera ayudan a la idealización del ser amado.

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La respuesta y Octavio Paz

No tan rápido, mi idea sobre el amor y cómo lo demostramos cambió tras un sondeo a amigos, a un psicólogo y a la fuente que nunca falla, las tías.

Pese al discurso que aún existe sobre la chica recatada que lucha para mantener un equilibrio entre la seducción y el recato, o el del caballero galante y la dama desdeñosa, llegué a la conclusión de que el amor no se padece, se disfruta. Ante esto, me quedo con la versión de Octavio Paz sobre este sentimiento descrita en La llama doble:

El amor es atracción involuntaria hacia una persona y voluntaria aceptación de esa atracción.

El amor, según Paz, es una de las respuestas que el hombre ha inventado para mirar de frente a la muerte.

“Por el amor le robamos al tiempo que nos mata unas cuantas horas que transformamos a veces en paraíso y otras en infierno. De ambas maneras el tiempo se distiende y deja de ser una medida”,

El problema no es que ya no amemos como antes, ya que el sentimiento existe tengamos 15 o 50 años. La cuestión es que hemos cambiado la forma de demostrarlo, y con eso hay que tener cuidado para evitar que el sentimiento se convierta en uno con falta de solidez, calidez y superficial.

Hay que darse tiempo para apreciar una canción que raya en lo cursi, mandar flores, respetarse o simplemente apreciar a las cualidades de la persona que tenemos a lado y reconocer que, como decía Paz, posesión y entrega, son actos recíprocos.