Las filas de la literatura tienen bajas constantes; los escritores suicidas representan nuestra realidad y su muerte es nuestra derrota. Hay militantes que intentaron terminar con sus vidas para darle —sin quererlo, tal vez, supongamos— un sentido distinto a su arte: inmortalizarse en su propia obra. La extinción de sus vidas es un acto paradójico —conflictivo— para quienes creen que el suicidio es el final de los finales pero para estos autores atormentados es realmente el primer paso para edificar una vida eterna. La construcción de un mito, casi bíblico, donde se crea la primera piedra al culto de su personalidad.

“La muerte es lo sublime al alcance de cualquiera”, escribió Emil Cioran en El ocaso del pensamiento; Ernesto Sabato confesó alguna vez que el suicidio lo acarició en dos ocasiones, por ello su arte es “trágico”; según Josep Casals, Otto Weininger escribrió “Me mato para no matar a otro” antes de suicidarse, y Schopenhauer aseguraba que matarse no era “renunciar en modo alguno a la voluntad de vivir, sino tan sólo a la vida”. ¿Es el suicidio la única decisión certera para tomar total control sobre nuestra propia existencia?

A continuación una breve lista de los cuatro escritores suicidas que convirtieron su muerte en un mito:

Yukio Mishima: ‘caer es la esencia de una flor’

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Retrato de Yukio Mishima en su biblioteca (Imagen: garuyo.com)

La vida de Yukio Mishima (1925-1970) consistió en la construcción de un hermoso cuerpo, un carácter extravagante y nacionalista, casi fascista, y una obra artística que plasma su soledad. Para él, la belleza estuvo siempre enlazada con la muerte. En una entrevista, el escritor cuenta que los samurái, antes de cometer su suicidio ritual, maquillan sus rostros para que la bella gracia de sus gestos trascienda su horrible muerte. La vida de Mishima trascendió más allá de toda sangre, de toda obra.

Mishima construyó su mito dentro de los escritores suicidas mucho antes de morir. En Confesiones de una máscara, el escritor cuenta que su primer enamoramiento fue al ver una pintura de la muerte de San Sebastián. El gesto pacífico y bello que el soldado mártir conservó aun durante su agonizante muerte marcó a Mishima de por vida, estableciendo en él la relación muerte-belleza. Este vínculo fue el que Yukio Mishima buscó alcanzar al decidir terminar consigo mismo.

La auto inmolación

El suicidio ritual de Yukio Mishima fue motivado, a diferencia de muchos escritores suicidas, por una cuestión política e ideológica. Quería devolverle al Emperador el poder político que perdió después de la Segunda Guerra Mundial. Mishima secuestró con la ayuda de su propio ejército paramilitar al general en jefe de las Fuerzas de Autodefensa Japonesas. Durante el asalto, el escritor se dirigió a los soldados del cuartel con un discurso patriota que lograse inspirar a los militares a dar un golpe de Estado. Al fallar en su cometido, Yukio Mishima regresó a la oficina del comandante y le pidió a su lugarteniente, Masakatsu Morita, iniciar con el suicidio ritual. Fue entonces cuando el escritor penetró su vientre con un pequeño sable, el harakiri seppuku, y fue finalmente decapitado por su ayudante Morita quien también realizó el ritual con apoyo de otros miembros rebeldes.

Previo a su ritual, Yukio Mishima dejó a la posteridad, como se acostumbra mayormente en la cultura japonesa, un jisei no ku, o poema de despedida, que versa:

El último poema escrito por el autor japonés y miembro de los escritores suicidas, Yukio Mishima
Poema de despedida de Yukio Mishima

Yukio Mishima retrató su deseo de devolverle a Japón su honor y poderío por medio de su trágica muerte. Un acto premeditado por años que mostró la angustia de un escritor que, como un samurái sin amo, vagabundo, terminó con su vida por la dignidad de un pueblo perdido. El final de su vida fue, como él mismo lo escribió, la caída de una flor.

Alfonsina Storni: en el mar

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Retrato de Alfonsina Storni (Foto: Biblioteca virtual Miguel de Cervantes)

¿Es clave para escritores suicidas dejar pistas a lo largo de su obra para anunciar su deceso? Días previos a su suicidio, la argentina Alfonsina Storni (1892-1938) ya anunciaba su despedida en sus poemas. La versión más divulgada de su muerte está en la canción Alfonsina y el Mar de Félix Luna; los románticos aseguran que caminó poco a poco hasta ser ahogada por los bruscos abrazos salados del mar.

Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…

Es cierto que Alfonsina Storni sufría de depresión: le habían diagnosticado cáncer y, para combatir la enfermedad, le habían amputado un seno. A pesar del intento por vencer la enfermedad, aquella mutilación había provocado en Storni una batalla interna por su identidad como mujer. Los últimos años de la poetisa consistieron en continuos abismos e intensos dolores que sólo podían ser tranquilizados por fuertes dosis diarias de morfina. Sin embargo, su muerte fue menos delicada que la de andar lentamente hacia las olas del mar; biógrafos de la escritora aseguran que se ahogó luego de haberse lanzado a las aguas desde un espigón.

Descubre más sobre la muerte de la muerte de Alfonsina Storni, una de las escritoras suicidas más emblemáticas
Si quieres saber más sobre la muerte de Alfonsina Storni, da click en la imagen

El suicidio de Alfonsina Storni fue un escape al dolor físico que la atormentaba. Creemos que morir ahogado es el método más doloroso de perder la vida. Sin embargo, puede no ser una tortura tan significativa. El cerebro experimenta una sensación corporal placentera cuando se somete a la asfixia. El mar fue la liberación de Alfonsina y, sus poemas, un dolor placentero.

Ernest Hemingway: uno de los escritores suicidas más reconocidos

Ernest Hemingway, el Nobel de Literatura y escritor suicida, sosteniendo una escopeta como todo un badass
Ernest Hemingway siendo Ernest Hemingway. (Foto: Reddit)

Ernest Hemingway (1899-1961) era amo de cuarenta gatos en Finca Vigía, en La Habana, pero entre los mininos había uno violento que atacaba a los demás. Había que matar a ese salvaje felino antes de que él asesinase a otros. Los sirvientes de Hemingway ofrecieron ser los ejecutores, sin embargo, el escritor les contestó: “A los míos los mato yo”. Acto seguido acabó con la vida de su gato con un disparo escopeta. Debido al ruido, los sirvientes subieron apresurados a la torre donde se llevó a cabo el sacrificio; Hemingway estaba llorando junto al cadáver pulverizado de su mascota.

Reportes médicos indican que Ernest Hemingway había sido diagnosticado de hemocromatosis a inicios de 1961, enfermedad hereditaria que también padeció su padre, quien de igual forma se había suicidado. El deterioro físico de Hemingway era progresivo e inminente: su adicción al alcohol también lo había afectado de forma grave. Hemingway también sufría de paranoia: aseguraba que la FBI lo estaba investigando por su estrecha relación a Cuba. Cercanos a él creían que ésas eran declaraciones delirantes, ya que en esos años al Premio Nobel de Literatura lo embargaba un evidente trastorno mental, lo que lo llevaría de pertenecer al gremio de los escritores suicidas

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Si quieres saber más sobre el rol del FBI en el suicidio de Hemingway, da click en la imagen.

“A los míos los mato yo” pareció ser un principio que Ernest Hemingway lograría cumplir hasta el día de su muerte. No darle la oportunidad a la enfermedad, al tiempo, de acabar con él. Años después, en Idaho, Estados Unidos, Hemingway cometería suicidio de la misma forma que mató a aquel gato violento. La muerte implacable hecho con las propias manos de un escritor implacable.

Yasunari Kawabata: el otro Nobel

Uno de los escritores suicidas, Yasunari Kawabata, fue también Premio Nobel de Literatura
Retrato de Yasunari Kawabata (Foto: Pinterest)

Antes de quitarse la vida, Yasunari Kawabata (1899-1972) nunca dejó una nota de despedida antes de irse. Al contrario de su cercano amigo y presunto amante, Yukio Mishima, nunca discutió en sus obras la posibilidad de morir por mano propia. Debido a esto, su suicidio sigue siendo discutido e incluso puesto en duda.

Kawabata había quedado huérfano cuando tenía cuatro años de edad; sus abuelos lo adoptaron, pero ambos ya habían muerto cuando él había cumplido 15. Después vivió poco tiempo con su familia materna cuando decidió mudarse a una casa de huéspedes. La vida de Yasunari Kawabata consistió en largos viajes en tren. Los personajes de sus novelas siempre han estado dispuestos a moverse por largos kilómetros, acompañados sólo de su soledad y una larga espera.

Lo bello y lo triste pdf es uno de las obras más reconocidas del Premio Nobel de Literatura y escritor suicida, Yasunari Kawabata
Si quieres conocer una de las obras más importantes Yasunari Kawabata, da click en la imagen.

Yasunari Kawabata murió asfixiado por haber inhalado gas. Como nunca dejó vestigios que evidenciaran algún plan para acabar con su vida, familiares y amigos no descartan la posibilidad de que su muerte haya sido accidental, y no premeditada como muchos creen. Kawabata padecía de párkinson y vivía en constante depresión; dos años previos a su presunto suicidio, su amante y amigo Yukio Mishima ya se había hecho el harakiri. Kawabata habría perdido a un gran compañero intelectual y literario.

Por estos motivos se cree que Yasunari Kawabata decidió tomar acción para terminar con la depresión que lo embargaba. De haber sido ciertas las razones, él —como los personajes de sus novelas, solitarios, impacientes— decidió emprender un viaje largo para llegar, al cruzar el túnel, al lugar que tanto anheló visitar.